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Gorrión sobre un ciruelo, de Matsumura Keibun

Ryokan (Japón, 1758-1831), también conocido como Daigu Ryokan, fue un monje budista, que vivió como un ermitaño mendicante, disfrutando de la naturaleza y de la compañía humana. Escribió, con hermosa caligrafía, versos en diferentes estilos, en chino y en japonés. Su poesía es sencilla y espontánea.

¿QUIÉN DICE QUE MIS POEMAS SON POEMAS?…

¿Quién dice que mis poemas son poemas?
Mis poemas no son poemas.
Cuando entiendas que mis poemas no son poemas,
podremos empezar a hablar de poesía.

Traducción de Carlos A. Castrillón.

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Jean Moréas, seudónimo de Ioannis Papadiamantopoulos (Atenas, 1956 – París, 1910), fue un poeta simbolista griego de expresión francesa. Definió al simbolismo como un movimiento «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Poco después, abandonaría sus filas para retornar a la métrica y estilo clásicos.

TÚ QUE SOBRE MIS DÍAS DE TRISTEZA Y DE PRUEBA…

¡Tú que sobre mis días de tristeza y de prueba
aun, sola, brillas como
un cenit estrellado que, en la noche de un río,
parte sus flechas de oro;

amable poesía, rodéame el espíritu
de un sutil elemento,
que me convierta en agua, en sarmiento y en hoja,
en tempestad y en fuego;

que, sin las inquietudes que atormentan al hombre,
suba hacia el cielo, verde
cual un roble divino, que me consuma igual
que una llama esplendente!

Las estancias, 1905, libro tercero, estancia XII. Traducción de Juan Ramón Jiménez.

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Juan de Iriarte y Cisneros (1702-1771), tío del poeta y dramaturgo Tomás de Iriarte, fue lexicógrafo, helenista y latinista. Escribió una gramática latina en verso castellano y destacó como poeta latino. Famosos son sus epigramas, en especial aquel que dio una definición del género y que escribió en latín y en español.

EPIGRAMMATIS DOTES

Sese ostendat Apem, si vult Epigramma placere:
Insit ei brevitas, mel, et acumen Apis.

A la Abeja semejante,
Para que cause placer,
El Epigrama ha de ser:
Pequeño, dulce y punzante.

Obras sueltas de don Juan de Iriarte, 1774.

De los vendedores másticos de la playa, de Elmer René Rojas

En la poesía de Ana María Rodas (Guatemala, 1937), se plantean nuevas visiones del erotismo, desde una perspectiva claramente feminista. Hay, además, una decidida defensa de la libertad, la pasión, la lujuria y la justicia; también, una rotunda condena de la guerra y la violencia.

POETA

No hay palabras
la prisión es demasiado grande
y estoy sola.
Siempre lo estuve. Nunca
hubo palabras.

El fin de los mitos y los sueños, 1984.

Mi hijo Jaime, de Miguel Pou Becerra

El gran poeta de la transición del Romanticismo al Modernismo en Puerto Rico es José de Diego y Martínez (1866-1918). Concibió la poesía como medio de expresión de su vida afectiva, al mismo tiempo que como arma para combatir la opresión de su patria. Es uno de los padres del independentismo puertorriqueño.

ÚLTIMA CUERDA

Yo traje del fondo del mundo una lira curvada,
una lira curvada en un arco de flecha,
brillante, flexible, como hecha
de una hoja acerada
que puso en la lira su atávico instinto,
porque es del acero de la misma espada
que mi padre llevaba en el cinto.

Tuvo en su vario registro la nota apolínea
del himno sonoro,
que elevó a la belleza femínea
el cántico trémulo y fúlgido de una cuerda de oro;

el rígido timbre del duro diamante,
la cuerda fulmínea
del súbito apóstrofe potente y tonante;

el trino de un ave saltando en la línea
de una cuerda de plata radiosa,
que cantó la inocencia virgínea
de una fuente, un lucero, una rosa.

El son de campana,
el zumbo profundo del rum-rum de una cuerda broncínea,
que lloró con el viejo Profeta
la maldad humana,
¡anteviendo al Arcángel doliente de la honda corneta
en el último trágico día sin luz ni mañana!

Una cuerda de oscuro zafiro
en que azules memorias dormían su noche secreta,
y una cuerda de claro rubí, que el suspiro
daba al cielo en el lánguido giro
de las esperanzas y las ilusiones que perdió el poeta…

Y en el largo clamor penetrante de túrgida octava,
en el grito que rompe los vientos, como una saeta,
la cuerda más brava…

¡La cuerda que tiene alaridos de clarín guerrero,
hecha de una tripa del santo Cordero
que gime en la roca de mi Patria esclava!

Siete cuerdas que, a los golpes de mi mano,
percutían a la vez en el acero,
con murmullos de Océano:
en cadencias multiformes
exhalaban el sollozo del abismo,
los estrépitos enormes
de un oculto cataclismo
y el misterio de unas alas, de una onda, de un poema,
porque a veces, en el fondo de su música polífona,
el rugir de un anatema
terminaba en el susurro de una antífona.

Así fue… Mas hoy contemplo, como en brusca epifonema,
que los ecos de mi lira, como pájaros sin nido,
se extinguieron en el aire enrarecido
del ambiente de tormento que nos quema…
¡Cada cuerda emitió ya su última nota
seca y rota
de estallido!…
Y una solo vibra y trema,
y su nota es un balido…
¡¡Un balido del Cordero de mi Patria, en la suprema
rebeldía de su pecho desgarrado y dolorido!!

Esa cuerda está en mi mano,
y la pulso y la conservo,
y estará en mi ronca lira hasta la muerte,
como el bien más soberano,
que pudiera la fortuna dar al siervo…
¡Una cuerda larga y fuerte!
¡¡Una cuerda larga y fuerte para el cuello del tirano!!

Cantos de rebeldía, 1916.

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