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Aurora Bernárdez

El libro de Aurora (2017) da a conocer, tardíamente, la poesía y los relatos de la argentina Aurora Bernárdez (1920-2014), una figura de capital importancia para la cultura hispánica, tanto por la excelencia de sus traducciones, como por su labor como albacea literaria del que fue su marido, Julio Cortázar. Sus versos reflexionan sobre su gran pasión, la literatura, y sobre las grandes incertidumbres de la vida.

LA TAREA DE ESCRIBIR

Llenarás las palabras de ti mismo,
llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.

Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.

¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?

«La tarea de escribir y otros poemas», en El libro de Aurora, 2017.

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Josefina Plá

La obra de la poeta canaria Josefina Plá (1909-1999) se desarrolla fundamentalmente en Asunción. En sus primeros versos, es visible la huella del posmodernismo. En su poesía posterior, hay notas existenciales (El polvo enamorado, 1968) y patrióticas (Los treinta mil ausentes, 1985).

POESÍA

Vivir la otra que soy que no fui que habría sido
Vivir la que sería Morir la que aún no soy
Dormir todos los fui despertar otro voy
Sangrar todas las tardes que nunca me han herido

Abrazarme la sombra cortar la raíz del grito
Sembrar pechos en hijos que nunca me tuvieron
Desgranarme las lágrimas en cascarones hueros
y quebrarme las manos al plantar cada hito

Eso es la poesía corazón hecho harapo
para enjugar el llanto de los remordimientos
por pecados que nunca se vieron cometidos

Eso es la poesía paloma vuelta sapo

… Mientras se espera en sueños que una puerta se abra
morir estrangulada por la propia palabra…

Cambiar sueños por sombras, 1984.

Olavo Bilac

La poesía del brasileño Olavo Bilac (1865-1918), de afiliación parnasiana, destaca por el rigor constructivo y la perfección métrica. Consideró el oficio de la poesía semejante al del orfebre obsesionado por obtener la forma más bella y pura.

PROFESIÓN DE FE

Le poète est ciseleur,
Le ciseleur est poète.
Victor Hugo

No quiero el Zeus Capitolino,
Hercúleo y bello,
Tallar en el mármol divino,
Con el martillo.

Que otro –¡no yo!– la piedra corte
Para, brutal,
De Atenea erguir altivo porte
Descomunal.

Más que esa forma extraordinaria
Que ojos asombra,
Me atrae un leve relicario
De fino artista.

Copio al orfebre cuando escribo:
Su amor envidio
Con que él en oro, alto relieve
De una flor hace.

Lo imito. Y, pues, ni de Carrara
La piedra hiero:
Blanco cristal, la piedra rara,
Ónix prefiero.

Por eso corre, por servirme,
Sobre el papel
La pluma, como en plata firme
Corre el cincel.

Corre; traza, adorna la imagen,
La idea viste:
Ciñendo al cuerpo amplio ropaje
Azul celeste.

Gira, pule, retoca, lima
La frase; al fin,
La rima verso de oro engasta,
Como un rubí.

Quiero la estrofa, cristalina,
Forjada al modo
De orfebre, que de taller salga
Sin un defecto:

Que la labor del verso, acaso,
De tan sutil,
Pueda hacer recordar a un vaso
De Becerril.

Y horas sin cuento paso, mudo,
Mirando atento,
Ver trabajar, lejos de todo,
Al pensamiento.

Porque escribir –tanta pericia,
Tanta requiere,
Que a oficio tal… no hay noticia
Que otro semeje.

Así procedo. ¡Y mi pluma
Sigue esta norma,
Sirviéndote, Diosa serena,
Serena Forma!

¡La ola vil, Diosa, que crece
De un torvo mar,
Deja aumentar; y espuma y barro
Deja pasar!

Blasfemo, en grito horrendo y sordo
Ímpetu, el bando
Venga de Bárbaros creciendo,
Vociferando…

Deja: que venga y pase aullando.
–¡Bando feroz!
¡Nada cambie el color del rostro,
Tono de voz!

Míralos sólo, armada y pronta,
Radiante y bella:
Y, escudo al brazo, afronta la ira
De esa tormenta!

Éste que al frente viene, y todo
Posee arrogante
De un Vándalo o de un Visigodo,
Cruel y audaz;

Éste, que, entre los más, su masa
Levanta férrea,
Y expele, en chorro, amargo insulto
Que a ti te enloda;

Se esfuerza en vano, y a la lucha
Se arroja; en vano
Blandiendo alta la maza bruta
En bruta mano.

¡No morirás, Diosa sublime!
En trono egregio
Asistirás intacta al crimen
Del sacrilegio.

Y, si murieras por ventura,
Que muera yo
Contigo, ¡y que esa noche oscura
A ambos envuelva!

¡Ah! ver por tierra, profanada,
Partida el ara;
¡Arte inmortal pisoteado,
Prostituido!…

¡Ver derribar del trono eterno,
Lo Bello, oír
Caer la Acrópolis sonando,
El Partenón!…

¡Sin sacerdote, ida la Creencia
Sentir, y el susto
Ver, y entrando, el exterminio,
Al templo augusto!

¡Ver esta lengua, que cultivo,
Sin oropeles,
Reseca al hálito nocivo
De los infieles!…

¡No! ¡Muera todo cuanto quiero,
Quede yo solo!
¡Y que no encuentre un solo amparo
En mi camino!

Que mi dolor ni a un amigo
Piedad inspire…
Pero, ¡ah! quedar solo contigo,
Contigo solo!

¡Vive! yo viviré sirviendo
Tu culto, oscuro,
A tus custodias esculpiendo
Del más puro oro.

Celebraré a tu oficio
En el altar:
¡Mas si es pequeño el sacrificio,
Me iré también!

¡Caiga también, sin esperanza,
Aunque tranquilo,
Aún al caer, blando la lanza,
Por el Estilo!

Poesías, 1888. Traducción de Rodolfo Alonso.

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