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Poéticas – Literatura hispanoamericana

Ulises Varsovia

La poesía de Ulises Varsovia (Chile, 1949) muestra cierta preferencia por el poema breve o de extensión media, el verso libre y los tonos neorrománticos, desde el melancólico, en los poemas que rememoran desde la distancia su Valparaíso natal, hasta el rabioso con que denuncia las injusticias.

AUTOCANCIÓN

Las palabras
caen
del espíritu al papel
como una íntima voz
que deviniera libre,
de pronto, y gritara.

No puedo nada contra ello, Claire,
ellas se abren paso en mi interior,
ellas huyen de su prisión
y traducen mis más secretos sueños.

En el alto otoño,
mientras la muerte cercena
vegetales existencias,
se yerguen las palabras
desde el silencio
y delatan mi interior inaccesible.

Una canción canta entonces en mí
como un esclavo devenido libre
que acusara a su señor y le humillara.

Sobre el papel, entonces,
con plena conciencia, despiadadas,
cantan ellas mis más ocultos sueños,
yacen ante mí
cual niños quejumbrosos
erigidos brutalmente.

El otoño en San Gall, 1992.

Cecilia Casanova

Cecilia Casanova (Santiago de Chile, 1926-2014) es autora de poemas brevísimos, trasparentes, intensos, “sin efectos especiales”. Su poesía muestra una sensibilidad frágil y lúcida a la vez; invita al lector a detenerse, a descubrir lo inmenso en lo cotidiano.

TALLER

A un poema
lo mata la palabrería
como a un cisne
la contaminación.

Poemas del vago y del simpático, 2010.

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Adolfo Berro

Se suele adscribir al romanticismo la obra de Adolfo Berro (1819-1941), poeta uruguayo fallecido en plena juventud. Sin seguir ningún sistema literario, persiguió la “moralidad en el fondo y fin”, así como  la “sencillez y elegancia en las formas”.

A MI LIRA

Cándida lira, que con tierno anhelo
del alma templas el cruel dolor:
calla, pues vuela tu fugaz consuelo
cual hoja leve que huracán alzó.

¿Qué importa, dime, que en el pecho mío
bálsamo vierta tu apacible son,
si eternos viven en el mundo impío
los fieros males que lloró mi voz?

¿No ves al negro en cautiverio aciago
inerme presa de señor brutal?
¿No ves cual abre a seductor halago
su incauto seno la infeliz beldad?

¿No ves lanzada del materno lecho,
cual tierna rosa a la corriente audaz,
párvula al mundo, que en ajeno techo
amor, en vano, buscará y solaz?

En lid nefanda la sangrienta diestra
el pecho rasga del hermano ¡oh Dios!
Y casta esposa los joyeles muestra
que a las vencidas arrancó su amor.

Tal vez en medio a la hermanal pelea
vate profano pulsará el laúd,
y tinto en sangre, que caliente humea,
dirá al terrible triunfador: «¡Salud!»

»Vencidos huyen por el llano y sierra
esos que osaron tu poder burlar:
amo te aclame la postrada tierra,
ardan inciensos en el patrio altar.»

Tú sola sabes, solitaria lira,
herir las auras con doliente son,
mas no apagar del vencedor la ira
huellas dejando de piedad y amor.

¿Qué importa, dime, que del pecho mío
templen tus ecos el cruel dolor,
si eternos viven en el mundo impío
los fieros males que lloró mi voz?

Junio de 1840. Poesías, 1842.

Juan Bañuelos

Para Juan Bañuelos (México, 1932-2017), uno de los poetas más destacados del grupo literario «La Espiga Amotinada», de fuerte impronta política, “la poesía respira del pulmón de la historia, la política, la fábula, la noticia, el humor y, sobre todo, del poder de interpretar lo sagrado del hombre”. Sus imágenes parecen, en opinión de Juan Gelman, “recién sacadas de la tierra”.

PROFECÍA INMEDIATA

Me salgo de esta hoja.
No sirve ya el papel.
No sirve el llanto.

Vengo de dar un doble puñetazo
En la mesa del hambre y de la usura.
Vengo de atar el miedo a un rayo desbocado,
De recoger la nieve que desciende.
De convertir mi alma en una seca piel.
Vengo de dibujar el blanco
De una bala en mi frente,
De llevar la mañana a los ojos nublados,
De sacar a la calle al luto y a la fiebre.

No sirve ya el papel.
No sirve el llanto.
Escribo en las paredes.

Escribo en las paredes, 1965.

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José Mármol

El escritor argentino José Mármol (1817-1871) es el autor de Amalia, la novela política más importante del romanticismo hispanoamericano. De su poesía, destacan el largo poema narrativo Cantos del peregrino, de temática antirrosista, y las composiciones líricas reunidas en Armonías. En su obra se perciben huellas de Byron, Espronceda y Zorrilla.

CANTO DEL POETA

I

En mi barca de poeta
con mi Lira y mi querida,
surco alegre de la vida
el inmenso y turbio mar.

Y, la vela desplegada,
y en el mástil mi corona,
si por mí ninguno abona,
yo por mí sabré abonar.

Vuela, vuela,
mi barquilla,
no hay orilla
que tocar;
que en tu rumbo
tan incierto,
es tu puerto
todo el mar.

II

Si me encuentro algún pirata
y a mi rumbo presto vira,
yo me río, y en mi Lira
suena un canto sin afán.

Que al puñal que me amenaza
la alma mía no se inquieta,
pues si matan al poeta,
la Canción no matarán.

Vuela, y todo
desafía,
barca mía,
sin temer;
que lo humano
no se avanza
donde alcanza
tu poder.

III

Cuando recio brama el viento
y la ruda mar se empina,
mi cabeza se reclina
en los hombros de mi bien.

Y, al arrullo de las ondas,
yo me aduermo en su regazo,
mientras forma con su brazo
la corona de mi sien.

Corre, barco,
descuidado,
que a tu lado
va el amor;
que este niño
allí se encanta
donde canta
el trovador.

IV

Si altas naves al hallarme
alzan fuerte su bandera,
“Id con Dios, que es más velera
mi barquilla”, digo yo;

“de oro y seda son las vuestras,
mis banderas son de flores;
sois más ricas en honores
pero no más libres, no.”

Vuela, vuela,
barca activa,
con altiva
vanidad;
Que en tu humilde
popa airosa
va la hermosa
libertad.

V

Cuando en medio de las olas
se deshaga mi barquilla,
mi corona irá a la orilla
mientras yo a la Eternidad.

Y banderas y altas naves
cuando ya nadie recuerde,
mi corona siempre verde
vivirá en la humanidad.

Sigue, sigue,
barca bella,
yo tu estrella
sé alumbrar.
Yo, que si eres
sumergida,
nueva vida
te he de dar.

VI

En mi barca de poeta
con mi Lira y mi querida,
surco alegre de la vida
el inmenso y turbio mar.

Vuela, vuela,
mi barquilla,

que en tu rumbo no hay orilla,
y es tu puerto todo el mar.

Armonías, 1851.