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Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura chilena

Ludwig Zeller

Los poemas y los collages del chileno Ludwig Zeller (1927) son una muestra más de la larga y fértil supervivencia del surrealismo en las letras y en las artes plásticas de América Latina. Su obra supone una revalorización del sueño como fuente de conocimiento.

DOBLADO EN DOS SOBRE LA MESA ESCUCHO

Doblado en dos sobre la mesa escucho, cómo suben
Y bajan las poleas. Tantos años perdidos sobre ese polvo
Seco que ensordece. A veces en la noche me pregunto
A mí mismo por los muros salobres y empiezo a sollozar.

¿Para qué tanta angustia, tanta estrella girando
Hecha una brasa en los cielos de ayer? Me recuesto
En la plancha, dura como un madero de difunto.
¡No hay respuestas! Si pudiera tan solo hacer al fin un nudo
Con palabras capaces de dar cauce al alarido, ese recuerdo
De los seres ciegos, que no logro olvidar.

Pero ahora por fin, siento extendido el cuerpo
En un río de marfil tibio que sonríe, ondula y se pregunta
Por las líneas del techo, los clavos y el porqué.
Jamás mi mesa
Ya será una mesa, ahora entiendo, bajo la tersa piel
Fluye la sangre. ¿Escuchas? Recorrer estos límites
Es encontrar a Dios, llegar hasta ese borde del desierto
Que encabrita a los vientos. Ha empezado a llover.

Imágenes en el ojo llameante, 1999.

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Ulises Varsovia

La poesía de Ulises Varsovia (Chile, 1949) muestra cierta preferencia por el poema breve o de extensión media, el verso libre y los tonos neorrománticos, desde el melancólico, en los poemas que rememoran desde la distancia su Valparaíso natal, hasta el rabioso con que denuncia las injusticias.

AUTOCANCIÓN

Las palabras
caen
del espíritu al papel
como una íntima voz
que deviniera libre,
de pronto, y gritara.

No puedo nada contra ello, Claire,
ellas se abren paso en mi interior,
ellas huyen de su prisión
y traducen mis más secretos sueños.

En el alto otoño,
mientras la muerte cercena
vegetales existencias,
se yerguen las palabras
desde el silencio
y delatan mi interior inaccesible.

Una canción canta entonces en mí
como un esclavo devenido libre
que acusara a su señor y le humillara.

Sobre el papel, entonces,
con plena conciencia, despiadadas,
cantan ellas mis más ocultos sueños,
yacen ante mí
cual niños quejumbrosos
erigidos brutalmente.

El otoño en San Gall, 1992.

Osvaldo Ulloa

Todavía te busco y no te encuentro, detalle XX, de Javier Azurdia

Osvaldo Ulloa (Chile, 1954-2008), discípulo aventajado de Ernesto Cardenal, es autor de breves poemas, de lenguaje sencillo y natural, en torno a la trascendencia del amor. Conjuga la tradición clásica del epigrama con referentes e imágenes muy contemporáneos.

NO TENÍA QUÉ COMER…

No tenía qué comer
pero te tenía a ti, poesía
no tenía donde dormir
pero te tenía a ti, poesía
no tenía qué ponerme
pero te tenía a ti, poesía
y cuando me empezó a ir bien
cuando empecé a comer bien
cuando tuve una blanda cama
cuando fueron varias mis camisas
cuando ella empezó a amarme de veras
entonces tú creyendo que era feliz
te fuiste lejos
dejándome ciego sordo mudo.

Poemas de amor, 1996.

Gonzalo Millán

Poesía visual de Gonzalo Millán, aparecida en la revista El espíritu del valle, 1998

La poesía de Gonzalo Millán (Chile, 1947-2006) está presidida por la “mutación permanente de contenidos y formas” con el fin de acceder al conocimiento y al misterio de la existencia.

EL VIEJO PONEY

”¿Por qué eres tan breve?”
Die Kürze, F. Hölderlin

El poema breve ha sido nuestro
caballito de batalla. El viejo
poney hoy yace reventado
por el uso y el abuso
de sus obsesos y obesos jinetes.

Lo cabalgaron epigramáticos
caballeros de todas las layas;
Ezra hasta marearse girando
en el secular carrusel chino;
Bertoldo, el didascálico bávaro
partió en él montado al exilio.

Después medio mundo
lo ha cabalgado y hecho galopar
sin reposo, pienso ni abrevadero.

Desmóntalo antes que se te muera;
que pazca libre y expire en paz
en una cancha de fútbol suburbana
resoplando briznas polvorientas
cerca de unas carpas de gitanos.

Y cuando el infeliz penco muera,
disequémoslo, relleno de aserrín
para que se retraten en plazas
niños ecuestres y viejos poetas
mirando la cámara sobre sus lomos,
con ojos de vidrio triste y verde.

Virus, 1984.