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Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura chilena

Daniel de la Vega

Paisaje, de Sergio Montecino

Junto a otros acentos, destacan, en la poesía del chileno Daniel de la Vega (1892-1971), el nostálgico, en los poemas que evocan la infancia y la vida de provincias, y el trágico, resultado de su visión romántica y angustiada de la vida.

¡OH, MUJER! ESTOS VERSOS TUMULTUOSOS Y OBSCUROS…

¡Oh, mujer! Estos versos tumultuosos y obscuros
que arrojo por la vida desesperadamente;
estos versos revueltos, espontáneos y duros
que lee –mansamente, sin inquietud– la gente;
estos versos llameantes, estos versos sombríos,
estos versos que tienen entrañas armoniosas,
son desesperaciones, son aullidos míos
ante el enigma eterno que hay en todas las cosas…

Yo tengo una inquietud que se retuerce loca
cuando interrogo al cielo buscando claridad,
con palabras de llamas que me queman la boca,
y quieren escapar hacia la eternidad!

De «Apuntes líricos», X, en Los momentos, 1918.

Armando Uribe

Sin título, de Eugenio Dittborn

Armando Uribe Arce (Chile, 1933) es autor de breves poemas en torno al dolor, la persistencia de la muerte, el asombro ante la divinidad… La indignación o la ironía marcan el tono de sus versos.

¿QUIÉN RECIBE AL POETA EN ESTE MUNDO?…

¿Quién recibe al poeta en este mundo?
Viven como ratones perseguidos
por gatos perseguidos
por perros perseguidos por su cola.

No hay lugar, 1970.

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Juvencio Valle

La blusa amarilla, de Augusto Eguiluz

La poetización del sur de Chile, de sus bosques paradisíacos, es una constante en la obra lírica de Juvencio Valle (1900-1999). También lo es la influencia de los clásicos españoles del Siglo de Oro, en especial de Fray Luis de León.

EMOCIÓN AZUL

Esta emoción azul ¿será mi verso?
Asoma como un brote en mi palabra,
aromada de ensueño y de ilusiones,
candorosa y azul como las salvias.

Bendito verso azul que me levanta,
aquí lo llevo en el altar de mi alma:
ya frondoso y erguido como un árbol,
ya fragante y azul como las malvas.

Perfumado jazmín que en mí florece,
licor de exaltación que así me embarga;
cuando quiero volar por los caminos
como un ala sutil nace en el alba.

La flauta del hombre pan, 1929.

Pedro Prado

En la orilla, de Benito Rebolledo Correa

Pedro Prado (1886-1952), poeta posmodernista chileno, fundador del grupo de Los Diez, artistas unidos por el afán de “cultivar el arte con una libertad natural”, introdujo en su país el verso libre. También cultivó con maestría el poema en prosa y el soneto.

MI CANTO

No sé lo que voy a decir. Ignoro lo que voy a cantar.

Mi voz aún está en el fondo de mí mismo.

Sonrío como una madre que siente a su hijo agitarse en las entrañas.

Al igual de ella, yo no sé si mi canto será rudo como un hombre o tierno como una mujer.

No lo sé; pero estoy cierto de que vive y se nutre silenciosamente.

No lo sé; pero sonrío imaginando su belleza.

Cuando él nazca, yo también estaré entre la vida y la muerte.

Y cuando él pueda valerse por sí solo y lleguen mis amigos, yo lo presentaré orgulloso y embelesado.

Y él cantará con su voz pura y juvenil.

Mis amigos sonreirán indiferentes y yo no diré nada, nada…

Sólo sufriré, porque sus palabras, como aves perseguidas, buscarán mis oídos con insistencia.

Sólo sufriré, porque mi canto no tiene cabellos que poder acariciar, ni ojos que poder besar, ni cuerpo que proteger entre mis brazos tristes y paternales.

Los pájaros errantes, 1915.

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Humberto Díaz Casanueva

Vagabundo, de Enrique Zañartu

La poesía de Humberto Díaz Casanueva (Chile, 1906-1992), cercana al surrealismo, se caracteriza por la indagación en la condición humana, a través de un lenguaje hermético, con atrevidas imágenes y tono dramático.

FROTÁNDOME LIJA LEO UN MENSAJE HERIDO

(FRAGMENTO)

Yo no quiero escribir
Poemas
Sino salmodias
Emblemas
Tactos purificantes de
Signos
Rebosantes de silencio
Yo quiero escribir
Oralmente
Me pongo la boca
Desprendida de una Estatua
¡Habla oh escritura
Reconstituida!
Siento
Exhalaciones de
Lenguas
Encaramadas en el
Eco
Quiero emitir mi
Aliento
Chirriante de
Palabras
En el oído de un
Hombre
Que no se dé cuenta
No son palabras
Son raspaduras
Del ave del Agüero
Mis ojos son un poco
Táctiles
Mis manos se secan
En medio de
Sombrías acechanzas
Mis pies están
Envueltos en una
Telaraña que suena
Mi corazón sube y
Baja
En un agua dorada
Saboreándola
Hasta que aparece el
Bronce
Llamándonos /
Ahora
El viento tiene una
Pelambre fúnebre
Husmeo
Restos de hosannas
Mis sentidos
Ya no son
Puramente
Escamas de mi Ser
Los verídicos se
Asocian
Al habla secreta de
Las Quimeras
“Mira
Creo que he envejecido
Los hongos caminan
Sobre mi piel”
“Sí
Uno acaba por hartarse
De su propia
Agonía”
El agua produce
Negruras del
Olvido
El Tigre
Más y más rayas
A veces
Veo que la Luna
Tiene
Mis dos remos
Sólo he producido
Un torbellino de
Calaveras
En el corazón del
Hombre

El Hierro y el Hilo, 1980.