Archivo de la categoría: VIII) Contemporáneos

Poéticas – Literatura española contemporánea

Ángeles Mora

La poesía de Ángeles Mora (Rute, Córdoba, 1952) pretende romper con todo un inconsciente ideológico femenino a través de la ironía. La crónica sentimental de los sucesos diarios, escrita en el lenguaje de todos los días, es la base de su poética.

PARA HABLAR CONTIGO

De aquellos borradores que perdí
o que olvidé
o que se fueron,
qué parte de mí misma se salvó,
cuánto dejé de ser
escapando al abismo de unos versos.

Hasta dónde pudieron conducirme
tantos caminos inexplorados,
tantas lianas rotas en un bosque
cargado de silencios.

Y de tantas palabras que busqué,
la sola condición de mi existencia,
cuáles no confluyeron
en esta oscuridad de luna nueva
y estrellas que se fugan por el cielo.

La tierra es un lugar para vivir
pero los versos son la propia vida.

Sé que soy yo
pues me escribí en lo negro de tus ojos.

Contradicciones, pájaros, 2001.

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Lorenzo Oliván

“Hacer de la poesía un ejercicio de constante revelación de la realidad” es el objetivo que se impone a sí mismo el poeta cántabro Lorenzo Oliván (1968). Para ello, rechaza tanto el realismo objetivista, de óptica fotográfica, como el irracionalismo gratuito. En su lugar ensaya una poética plástica e intuitiva, rica en metáforas y símbolos.

CORRIENTE ABAJO

Siéntele el pulso oscuro a lo que escribes.
Son puentes las palabras. Por debajo
pasa, secreto, un clamoroso río.

Asómate. ¿Te ves en la corriente?
¿Cuándo ha sido más vivo tu reflejo,
si no es en esa eterna sucesión
de impetuosas aguas que te llevan?
¿Acaso en el papel de alguna foto
en la que amarilleas siempre inmóvil?
¿Sobre la plana, y casi metafísica,
superficie de algún espejo helado?
¿En los ojos de quien, al contemplarte,
deja ver tras tu ser a un ser que mira?

Sigue, si puedes, el profundo rastro
del verso que te sume allá en su ritmo.
La escritura es un cauce que no ves,
que, al discurrir, te piensa cómo eres
por detrás de tu propio pensamiento.

Libro de los elementos, 2004.

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Antonio Cabrera

Dibujando el paisaje, de José Bautista

Antonio Cabrera (Medina Sidonia, 1958) busca en la poesía “un camino de acceso seguro al conocimiento emocionado de la vida que así se intensifica”. Sus versos son antirrománticos, depurados, precisos.

EL ALREDEDOR

Canta el alrededor, no hables de ti,
que no eres sino ovillo, una escondida
trama de rostro y voz, azar y sangre,
de donde emerges hueco a por oxígeno.

Canta el alrededor, llena tus bronquios
con ese gas de ser que flota al lado.

Los frutales de junio ya rebosan.
En las ciruelas amarillas hay
destilación y fin. Si te antepones,
tu día escribe, al reposar sobre ellas,
un ilusorio siempre en el ribazo.

Mira después la bruma al disiparse:
¿podrías albergar tanta advertencia,
tanta premonición sin vanagloria?

En las cosas el tiempo es otro tiempo,
separado del tiempo de tu edad.
No tiene años, tiene luz, no es ansia.
Canta el alrededor, no te dibujes.

Piedras al agua, 2010.

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Yolanda Castaño

Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977), poeta bilingüe en gallego y en castellano,  concibe la poesía como una forma de búsqueda de la propia identidad y del lugar en el mundo, a través de cuidadas imágenes y la incorporación al poema de elementos de otros géneros, como el aforismo, el diario, el teatro, la carta…

LA POESÍA ES UNA LENGUA MINORIZADA

Comenzaría por el espesor. Su acidez, su ph.

Camina igual que una mujer:
entre la masacre de lo invisible
y el campo de concentración de la visibilidad.

Ladra estilo y final,
una épica hospitalaria.

En el poema el lenguaje
se hace oídos sordos a sí mismo,
en él las palabras amplían
su círculo de amistades.

Hay que masturbar el abecedario
hasta que balbucee cosas
aparentemente inconexas.

Caja de cambios del habla,
gestos de otro orden.
La sonrisa del mosquito dentro de la piedra de ámbar.

No se trata de que no comprendas árabe.
No entiendes

poesía.

La segunda lengua, 2014. Traducción de la autora.

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Eduardo García

Eduardo García (1965-2016), poeta español nacido en São Paulo, apuesta por “una poesía fronteriza entre lo realista y lo visionario”: sentimiento, conciencia y sueño se entremezclan en sus versos, deudores de la gran tradición simbolista-surrealista.

LA PALABRA

Escribir un poema es pedirle el teléfono a una desconocida,
arrancarle una hoja a un árbol extraviado en un jardín con vistas al futuro
o jugar con palabras a la ruleta rusa,
una vez iniciada la partida no hay vuelta atrás,
según gira el tambor uno empieza a sospechar que le aguarda un cartucho en la recámara,
ni ángeles ni demonios, lo cierto es que a las palabras las carga el diablo,
aunque nunca se sabe, es difícil aventurar un pronóstico cuando el desierto de la página parece cobrar vida,
no hay reserva que valga, es preciso escribir con las manos tendidas al vacío, como el ciego se interna en la espesura,
convocar a las sirenas y a los equilibristas, desterrar a geómetras, jerarcas y contables,
de poco vale la voz de la experiencia cuando salimos al encuentro de una serpiente de cascabel,
solo cabe esperar el eco de la piedra precipitándose en el pozo,
allí donde se atasca el percutor, donde rechinan los dientes del insomne, donde los gatos sueñan con aves del paraíso,
imposible sortear las inclemencias del lenguaje, escapar al rigor del cirujano,
ensayan los cronistas el arte del disfraz, la grácil pirueta, los juegos malabares,
pero al final las palabras les dejan en cueros como a todos,
palidecen de pronto al descubrir que todos los discursos eruditos no valen la pestaña de una adolescente,
que por el hueco de una cuchilla de afeitar bien puede deslizarse el duende de la infancia,
es mejor acercarse al papel sin planos ni estrategia, aguardar a que él mismo nos revele su secreto,
atender a su llamada, la voz de un viejo amigo, al otro lado del auricular, desde un país remoto,
permanecer a la escucha con la fiebre y la piel y los sentidos, las sigilosas ascuas, los húmeros calientes,
hasta que la mano empiece a derramarse, presenciar
el liviano crujir del bolígrafo como si de la respiración de un moribundo se tratara,
la esperanza en la punta de la lengua, el aliento en vilo como el niño al contemplar la cabeza del domador entre las fauces del tigre,
al fin y al cabo somos a un tiempo el lanzador de cuchillos y la chica que inmóvil ve clavarse certeros los filos a orillas de su piel,
con la palabra no hay trampa ni cartón, ni es prodigio al alcance del simple ilusionista,
todo sucede en el cuadrilátero de la página, pero no hay árbitro, ni campana que dé fin al combate,
el contrincante se aloja en nuestros huesos.

Duermevela, 2014.

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