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Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura argentina

Aurora Bernárdez

El libro de Aurora (2017) da a conocer, tardíamente, la poesía y los relatos de la argentina Aurora Bernárdez (1920-2014), una figura de capital importancia para la cultura hispánica, tanto por la excelencia de sus traducciones, como por su labor como albacea literaria del que fue su marido, Julio Cortázar. Sus versos reflexionan sobre su gran pasión, la literatura, y sobre las grandes incertidumbres de la vida.

LA TAREA DE ESCRIBIR

Llenarás las palabras de ti mismo,
llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.

Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.

¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?

«La tarea de escribir y otros poemas», en El libro de Aurora, 2017.

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José Mármol

El escritor argentino José Mármol (1817-1871) es el autor de Amalia, la novela política más importante del romanticismo hispanoamericano. De su poesía, destacan el largo poema narrativo Cantos del peregrino, de temática antirrosista, y las composiciones líricas reunidas en Armonías. En su obra se perciben huellas de Byron, Espronceda y Zorrilla.

CANTO DEL POETA

I

En mi barca de poeta
con mi Lira y mi querida,
surco alegre de la vida
el inmenso y turbio mar.

Y, la vela desplegada,
y en el mástil mi corona,
si por mí ninguno abona,
yo por mí sabré abonar.

Vuela, vuela,
mi barquilla,
no hay orilla
que tocar;
que en tu rumbo
tan incierto,
es tu puerto
todo el mar.

II

Si me encuentro algún pirata
y a mi rumbo presto vira,
yo me río, y en mi Lira
suena un canto sin afán.

Que al puñal que me amenaza
la alma mía no se inquieta,
pues si matan al poeta,
la Canción no matarán.

Vuela, y todo
desafía,
barca mía,
sin temer;
que lo humano
no se avanza
donde alcanza
tu poder.

III

Cuando recio brama el viento
y la ruda mar se empina,
mi cabeza se reclina
en los hombros de mi bien.

Y, al arrullo de las ondas,
yo me aduermo en su regazo,
mientras forma con su brazo
la corona de mi sien.

Corre, barco,
descuidado,
que a tu lado
va el amor;
que este niño
allí se encanta
donde canta
el trovador.

IV

Si altas naves al hallarme
alzan fuerte su bandera,
“Id con Dios, que es más velera
mi barquilla”, digo yo;

“de oro y seda son las vuestras,
mis banderas son de flores;
sois más ricas en honores
pero no más libres, no.”

Vuela, vuela,
barca activa,
con altiva
vanidad;
Que en tu humilde
popa airosa
va la hermosa
libertad.

V

Cuando en medio de las olas
se deshaga mi barquilla,
mi corona irá a la orilla
mientras yo a la Eternidad.

Y banderas y altas naves
cuando ya nadie recuerde,
mi corona siempre verde
vivirá en la humanidad.

Sigue, sigue,
barca bella,
yo tu estrella
sé alumbrar.
Yo, que si eres
sumergida,
nueva vida
te he de dar.

VI

En mi barca de poeta
con mi Lira y mi querida,
surco alegre de la vida
el inmenso y turbio mar.

Vuela, vuela,
mi barquilla,

que en tu rumbo no hay orilla,
y es tu puerto todo el mar.

Armonías, 1851.

Francisco Luis Bernárdez

La poesía de Francisco Luis Bernárdez (Buenos Aires, 1900-1978) exalta el amor, la fe y los misterios de la naturaleza en versos clásicos y desnudos. Su obra se caracteriza por la claridad del estilo y el rigor silogístico de la construcción.

ALCÁNDARA

Después de haber volado tanto
vuelve a su alcándara el halcón.
El halcón es mi corazón
y la alcándara es este canto.

Mi vuelo es lento porque aguanto
con garra ardida a la emoción;
Fénix virtual cuyo plumón
en mi ardimiento es como amianto.

A mi vuelo, breve guarida
destinando van, una a una,
las alcándaras de la vida.

Y, en realidad, esta inquietud
va de una alcándara, la cuna,
a otra alcándara, el ataúd.

Alcándara, 1925.

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Abel Robino

Ánforas, de Abel Robino

La poesía del argentino Abel Robino (1952) está marcada por la experiencia del exilio: la ausencia, la pérdida, el desarraigo son los temas que la recorren. Su estilo se caracteriza por el uso de imágenes deslumbrantes, de hondo patetismo.

ARTE POÉTICA

Lo invisible es fácil de ver y yo diré la verdad :
en mi juventud, escudriñé el cielo con un ojo fanático
mitad cólera, mitad estupor
esperando que de lo alto se anunciase el día
y me descubriese así la boca abierta al infinito.

En la edad sin razón, siguiendo consejos llegué a probar
con un escorpión sobre la lengua,
qué otra cosa que unas pocas tinieblas a descubrir
se le puede pedir a la delicada virtud de un aguijón.

Con los años y las ruinas de la ilusión intenté
vislumbrar algo, arrancando de mi mente todo convencimiento
de lo real y tan solo agité la cabeza en un largo sí,
en un largo no.

Desahuciado visité la muerte en la fosa de los elefantes
donde oí decir de nada sirve venir a enumerar huesos
perdidos mientras lo singular y desconocido,
como una pulga, salta entre nosotros.

Lo invisble es fácil de ver y yo diré la verdad :
solo es necesario desinfectar el misterio
y larga vida a las promesas,
y larga vida a sus inocentes.

Hiel por hiel, 1997.