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Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura cubana

Reinaldo Arenas

Jugador de torres, de Jorge Camacho

La poesía del cubano Reinaldo Arenas (1943-1990), heredera de Villon, Quevedo y los poetas malditos franceses, fustiga con dureza el envilecimiento del poder y la calamitosa condición humana.

ENVÍO

Ruego al Diablo y a su más alto dignatario
acojan esta suerte de blasfemia
como se acoge un mal, una epidemia,
que acaba con esclavo y propietario.

Que acaba con esclavo y propietario
y si pudiera con la tierra entera,
pues, para serles franco, yo quisiera
convertir al mundo en un osario.

Convertir al mundo en un osario
y si pudiera todos los confines,
y si pudiera cientos de universos.

Ese es el propósito temerario
(no me hablen de rosas, amores o delfines)
que inspiraron estos furiosos versos.

La Habana, 1980. «Sonetos desde el infierno», Voluntad de vivir manifestándose, 1989.

Víctor Rodríguez Núñez

La competencia, de José Franco

Para Víctor Rodríguez Núñez (Cuba, 1955), la poesía no se puede definir, porque es siempre “algo más”. Su naturaleza es híbrida: se mueve entre el oficio y la inspiración, la idea y el sentimiento, el testimonio y la evasión.

ENTRADA

No sé por qué camino
pero he llegado aquí
Hasta este raro sitio
sin casas ni paisaje
Este lugar desnudo
de las piedras al alma
donde el mundo germina

Quizás también tú llegas
siguiendo ese camino
En esta vida harta
de aciertos y certezas
sólo el error nos une
La poesía es el reino
de los equivocados

Oración inconclusa, 2000.

Guillermo Rodríguez Rivera

La mano creadora, de Juan Francisco Elso

Guillermo Rodríguez Rivera (Cuba, 1943) forma parte del grupo de poetas que se dio a conocer a través de la revista El Caimán Barbudo, y que, bajo el magisterio de Roberto Fernández Retamar, se propuso la interiorización en el discurso poético del proceso revolucionario cubano.

ARTE POÉTICA

Y sobre todo esto: sé sincero contigo mismo
y de ello seguirá, como la noche al día,
que no podrás engañar a ninguno.
William Shakespeare

Creo que fue hace dos o tres meses,
viendo desde lo alto los automóviles de La Habana;
los automóviles destruidos que, como bestias,
se revuelcan en las calles de La Habana;
mirando la luz mortecina en la avenida espaciosa,
no concebida para la penumbra;
viendo las gentes tensas, impacientes,
ocupadas, ansiosas, aburridas;
las gentes que deambulaban sin saber qué hacer,
o que marchaban desesperadas por una tarea frenética;
las gentes mal vestidas que en mi patria trabajan
para que el día de mañana no sea una triste metáfora
en las páginas de este, de otro libro;
creo que fue hace dos o tres meses, repito,
que empecé a escribir un poema más bien breve
en el que hablaba serena, económicamente,
de la violencia de los ojos de una mujer
y en el que me atenía, por supuesto,
a las fórmulas poéticas más recientes,
en el que empleaba varias hermosas frases hechas
que después hacía estallar sin contemplaciones,
con velocidad, con ternura.

Pero mi mano, la palma de mi mano
y ese lugar donde se juntan el aire, mis zapatos y mi alma,
no podía encontrarlos en aquellas palabras que escapaban,
que corrían,
para dejarme solo y vano y mudo.

PARA SER UN POETA SOCIAL,
ELIJA ENTRE LAS TRES FÓRMULAS SIGUIENTES:

a) La metafórica legítima, reconocida y prestigiosa. Caballo de batalla de los viejos poetas (más de 50 años).
Ejemplo:

«y sobre las cenizas
llegan los milicianos, llegan
como rosadas caracolas
que golpean mi corazón».

b) La conversacional, elegante, moderna, personal, propia para poetas entre los 30 y los 40.
Ejemplo:

«porque es grande como el amor,
definitivo como el amor
esto que construimos».

c) La antipoética ortodoxa, rebelde, juvenil, novedosa, atractiva: la fórmula ideal para el poeta joven.
Ejemplo:

«ancha como la espalda de mi padre,
la revolución es así,
del carajo».

Pero cuando uno es, exactamente,
un miliciano y se mira al espejo y no halla
una caracola rosada enfrente;
cuando uno sabe que lo que construimos es como el amor,
pero también es como el odio y como tantas,
tantas cosas;
cuando las espaldas estrechas de mi padre
(que nunca llegó a entender verdaderamente la Revolución)
se están pudriendo ya
bajo la tierra…

por eso, entre las fórmulas de lujo,
¿CÓMO HACER UN POEMA?
seguía yo escribiendo mi poema,
¿CÓMO DECIR LO QUE DEBO DECIR?
hablando de aquellos ojos terribles
hasta que fui al balcón y miré, vi desde el balcón
la gente que subía, yo que bajaba
y que era uno más entre las hileras de gentes;
yo, construyendo un mundo que me deja nacer
porque me aplasta,
buscando un sitio donde comer algo, el cuerpo aquí
y el alma en el futuro;
yo, trabajando, lleno de esperanza,
dispuesto a disparar contra la muerte;
yo, leyendo un periódico de cuatro páginas casi sin noticias,
tan lejano.
Creo que fue hace dos o tres meses
que rompí aquel poema;
que arrojé al viento de La Habana el montón de papeles
que voló sobre la avenida,
mientras la gente alzaba la cabeza;
que comprendí que el único modo real de decir todo era,
sencillamente,
decir todo.

El libro rojo, 1970.

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Damaris Calderón

Los lunes al sol, de Niels Reyes

La poesía de Damaris Calderón (Cuba, 1967), desnuda y desgarrada, gira en torno a los límites: la dificultad de la poesía (el poeta aspira a la poesía pero sólo consigue hacer poemas), la imposibilidad de recuperar el paraíso de la infancia, la impotencia del hombre ante la muerte.

HAI-KU

La delicadeza
del hai-ku
es
la delicadeza
de las huellas
de las patas
de las garzas.
Cuando se tratan
de atrapar
las palabras
del hai-ku
como las garzas
ya han alzado el vuelo.

Sílabas, ecce homo, 1999.

Reina María Rodríguez

Fruta madura, de Mary Cary

La poesía de Reina María Rodríguez (1952) se aleja de la vocación colectivista de la generación anterior, la del prosaísmo coloquial, para recuperar el protagonismo del sujeto poético como individuo, buscando un lenguaje y unos temas más personales.

LA ISLA DE WIGHT

yo era como aquella chica de la isla de Wight
–el poema no estaba terminado
era el centro del poema lo que nunca estaba terminado–
ella había buscado
desesperadamente
ese indicio de la arboladura.
había buscado…
hasta no tener respuestas ni preguntas
y ser lo mismo que cualquiera
bajo esa indiferencia de la materia
a su necesidad, el yo se agrieta.
(un yo criminal y lúdico que la abraza
a través de los pastos ocres y resecos del verano).
ella había buscado “la infinitud azul del universo en el ser”.
–lo que dicen gira en torno a sus primeros años
cuando el padre murió sin haber tenido demasiado
conocimiento del poema–.
sé que esa mentira que ha buscado
obtiene algún sentido al derretirse
en sus ojos oscuros, ha buscado el abrupto sentido del sentir
que la rodea.
(un poema es lo justo, lo exacto, lo irrepetible,
dentro del caos que uno intenta ordenar y ser)
y lo ha ordenado para que el poema no sea necesario.
despojada del poema y de mí
va buscando con su pasión de perseguir
la dualidad. ha perdido, ha buscado.
ha contrapuesto animales antagónicos que han venido a morir
bajo mi aparente neutralidad de especie,
un gato, un pez, un pájaro… sólo provocaciones.
–te digo que los mires–
para hallar otra cosa entre esa línea demoledora de las formas
que chocan al sentir su resonancia.
–también aquí se trata del paso del tiempo,
de la travesía del mar por el poema–
a donde ellos iban, los poemas no habían llegado todavía.
yo era como aquella chica de la isla de Wight
había buscado en lo advenedizo
la fuga y la permanencia de lo fijo y me hallo
dispuesta a compartir con ella a través de las tachaduras
si el poema había existido alguna vez materialmente
si había sido escrito ese papel
para conservar el lugar de una espera.

La foto del invernadero, 1998.