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Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura paraguaya

Moncho Azuaga

El poeta y dramaturgo Moncho Azuaga (Paraguay, 1952) escribe una literatura comprometida con su tiempo. Desde sus versos, condena las tiranías del poder y del capital y expresa su solidaridad con los más débiles.

ARTE POÉTICA

Que ya no escriba.
Que ya no hable, me pidieron.
Que calle.
Que todo es inútil, me dijeron.
Que no vale la pena tanto esfuerzo.
Sin embargo,
afuera, en la calle,
voces anónimas, sombras, casi sombras
reclamaban el viento, la lluvia azul,
el cielo.

Bajo los vientos del sur, 1986.

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Elvio Romero

Los embolsados, de Carlos Colombino

Elvio Romero (Paraguay, 1926-2004) escribió, en palabras de Miguel Ángel Asturias, una “poesía invadida por la vida, por el juego, y el fuego de la vida”. Sus versos, la mayoría de temática social, son claros y musicales, y transmiten gran intensidad emocional.

ESCRIBIR PARA LOS DE ABAJO

Escribir para los de abajo,
para los pobres de la tierra,
es hacer que la lluvia caiga
en calcinadas sementeras,
como aromar una vasija
resquebrajada por la seca,
prender a un árbol antiguo
nuevos ramajes con que crezca,
a las corolas que se mustian
olor que las tornen enhiestas;
abrir el cauce a una surgente
en un lugar lleno de piedras.

Escribir para los de abajo,
para los pobres de la tierra,
es corno dar vuelta una lágrima
y hallarle una sonrisa plena,
apartar los velos nocturnos
y adivinarles día de fiesta,
ir asustando a las perdices
esperando que nos sorprendan,
rasgar una roja guitarra
y verle el corazón que lleva,
arrebatarle la blancura
al jazmín mientras no florezca.

Escribir para los de abajo,
para los pobres de la tierra,
es como conversar con pájaros
a los que damos miga tierna,
es dar agua de coco a un niño
con sed de sorber su esencia,
como descubrirle el reverso
de las estrellas que contempla,
colgar potes de mieles claras
a la vista de su apetencia,
y amontonarle azul rocío
alrededor cuando despierta.

Escribir para los de abajo,
para los pobres de la tierra,
es ir a regar en rozados,
y a florecer sobre la arena,
es extender al aire libre
las manos y tomar la fuerza
de dos vientos que se fecundan
como dos semillas inmensas,
recibir los soplos que traen,
recoger las magias que llevan,
acercarse a la piel del alba
y recordarle que amanezca.

Escribir para los de abajo,
para los pobres de la tierra,
es entregarles un mensaje,
decirles que no se doblega
el hombre entre cosas oscuras
heredadas de su pobreza,
que desde su fondo resurgen
las sembraduras de la tierra,
modelarles una fe firme,
cuanto se sabe y se confiesa,
¡es afilar la línea dura
con que se rompe las cadenas!

Escribir para los de abajo,
para los pobres de la tierra.

Los innombrables, 1970.

Renée Ferrer

Tulipanes, de Mónica Frachia

Para la escritora paraguaya Renée Ferrer (1944), “la condición primaria del poeta es mantener tenso el arco de su autenticidad, y sólo puede hacerlo cuando se siente atravesado íntimamente por los hechos propios o ajenos”.

POEMAS

Los poemas caen sobre mí
como lluvias torrenciales,
como partes de un astro visionario
que vuelven a nacer entre mis manos,
como ríos anhelantes de su cauce
a través de mi carne.

Caen en mí
cuando las horas parten
y no estoy en mi cuerpo sino llena
de sed y de distancia
en el tránsito alado de los pájaros.

Peregrino de la eternidad , 1985.

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Hérib Campos Cervera

Flor, de Jaime Bestard

Dos son las líneas principales de la poesía del paraguayo Hérib Campos Cervera (1905-1953): la intimista (la poesía “de la máscara”) y la social (la poesía “de projimidad o del grito”).

MADRIGAL PARA LA VOZ EN FUGA

¡Oh, voz de nube!
¡Oh, terciopelo!
¿Cómo nombrar tu música de musgo
sin disipar las brumas que te velan?

Viene la voz entre un aroma urgente
de jazmines de luna y se derrama
sobre el camino ciego de la noche.

Baja por escaleras de tristeza,
para perderse entre remotos pinos
y aliviarse de penas en los duros
espejos de la nieve desolada.

Deja en el aire en llamas su caricia
y al recorrer los círculos del viento,
un caracol incierto la recoge
y la devuelve, al fin, yacente y pálida,
muerta sobre un paisaje de silencio.

¡Y no saber cómo nombrarte,
para que vuelvas a llorar, subiendo
los senderos de luna y de jazmines!
¡Oh, voz de nube!
¡Oh, inasible perfil de ausencia y lágrimas:
verte morir
y no saber cómo nombrarte!
¡Oh, terciopelo!

Ceniza redimida, 1950.

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Julio Correa

Dos mujeres, de Lilí del Mónico

Julio Correa (1890-1953) es considerado el dramaturgo de mayor influencia del teatro paraguayo. Su poesía rechaza el retoricismo y está al servicio de las causas sociales.

NO CANTÉIS MÁS, POETAS, VUESTRA VIEJA CANCIÓN…

No cantéis más, poetas, vuestra vieja canción,
de los dulces amores y de la vieja pena,
con las puerilidades de la «dura cadena»
que un Cupido de palo os ató al corazón.
Dejad a un lado los jardines,
a los viejos poetas del Trianón y Versalles,
con las cursilerías de Pierrots, Arlequines,
princesas y pastores de los floridos valles.
Volad a las calles
y con los adoquines
formad las barricadas heroicas del Derecho.
Es ahora la hora
de presentar los pechos
a la ametralladora
y de morir deshechos
vengando los agravios,
el himno de los libres en los labios,
crispadas o cerradas en puños vuestras manos,
golpeando la frente sucia de los tiranos.

No cantéis más, poetas, vuestras viejas canciones,
cuando a las libertades se oponen las murallas
de crimen y mentira;
y son vuestros señores los ladrones,
e impera la canalla
más ignara y más vil,
abandonad la lira
y empuñad el fusil.

Cuerpo y alma, 1945.