Archivo de la categoría: Literatura italiana

Poéticas – Literatura italiana

Vincenzo Cardarelli

Camino a Apuane, de Raffaele De Grada

La poesía del italiano Vincenzo Cardarelli (1887-1959) se caracteriza por la vuelta a la tradición y a los modelos clásicos. Sus temas preferidos son el amor, la amistad, el paso del tiempo, los retratos de pueblos y ciudades, la muerte.

INSPIRACIÓN ES PARA MÍ INDIFERENCIA…

Inspiración es para mí indiferencia.
Poesía: salud e impasibilidad.
Arte de silencio.
Como la tragedia es el arte de enmascararse.

Prólogos, 1916. Traducción de Marco Antonio Campos

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Leonardo Sinisgalli

Familia, de Trento Longaretti

La insatisfacción y la nostalgia de la infancia perdida son los temas que recorren la poesía de Leonardo Sinisgalli (1908-1981). En sus versos conviven el asombro del niño y la ironía del hombre del siglo XX.

VI A LAS MUSAS

Sobre la colina
yo por cierto vi a las Musas
encaramadas entre las hojas.
Yo vi entonces a las Musas
entre las hojas anchas de las encinas
comer bellotas y bayas.
Vi a las Musas sobre una encina
secular que graznaban.
Maravillado mi corazón
pregunté a mi corazón maravillado
yo dije a mi corazón la maravilla.

Vi a las musas, 1931-1942. Traducción de Carlos Germán Belli.

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Clemente Rebora

Naturaleza muerta, de Giorgio Morandi

Entre los poetas italianos surgidos en torno a la revista La Voce (1908-1916), destaca Clemente Rebora (1885-1957), cuya obra da cabida a preocupaciones existenciales y religiosas.

OH POESÍA, EN EL LÚCIDO VERSO…

Oh poesía, en el lúcido verso
que la ansiedad de primavera exalta,
que la victoria del verano asalta,
que esperanzas en el ojo del cielo llamea,
que alborozos en el corazón de la tierra conflagra,
oh poesía, en el lívido verso
que lodo de otoño chapotea,
que quiebra carámbanos de invierno,
que salpica veneno en el ojo del cielo,
que estruja heridas en el corazón de la tierra,
oh poesía, en el verso inviolable
aprietas las formas que dentro
malvivas se desmayaban en el efímero
gesto cobarde, en el aire
sin respiro, en el paso
indefinido y desierto
del sueño disperso,
en la orgía sin placer
de la ebria fantasía;
y mientras te levantas para quedarte callada
sobre la algarabía de quien lee y escribe,
sobre la malicia de quien lucra y varía,
sobre la tristeza de quien sufre y ciega,
tú eres la algarabía y malicia y tristeza,
pero eres la charanga
que ritma el camino,
pero eres la alegría
que alienta al vecino,
pero eres la certeza
del magno destino,
¡oh poesía de estiércol y de flores,
terror de la vida, presencia de Dios,
oh muerta y renacida
ciudadana del mundo encadanada!

Fragmentos líricos, 1913. Traducción de Javier Sologuren.

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Antonia Pozzi

Daniela, de Franco Gentilini

Para la poeta italiana Antonia Pozzi (1912-1938) “la poesía es una catarsis del dolor, como la inmensidad de la muerte es una catarsis de la vida”. Pozzi se suicidó a los 26 años.

PLEGARIA A LA POESÍA

Oh, tu don cómo rige
mi alma, poesía:
tú, que, si fallo y me pierdo,
lo sabes, te me niegas,
y callas.

A ti sola, poesía, te confieso
que eres mi voz más honda:
caminé sobre el prado de oro
que fue mi corazón,
hollé la hierba,
destruida ya la tierra,
poesía, aquella tierra
donde tú me dijiste el más piadoso
de tus cantos;
donde por vez primera una mañana
vi aletear en el azul la alondra
y con los ojos intenté ascender.
Poesía, poesía, tú que alientas
mi hondo remordimiento,
ayúdame a encontrar
mi alta patria abandonada.
Poesía que te das solamente
a quien con llanto en los ojos
se busca,
hazme otra vez digna de ti,
oh, poesía, que aún me miras.

Traducción de Mariano Roldán.

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Giosuè Carducci

Thais, de Ercole Rosa

Giosuè Carducci (1835-1907) es el más importante poeta italiano de finales del XIX: en sus poemas se supera el formalismo caduco de la poesía decimonónica, mediante el rechazo del sentimentalismo romántico y la vuelta a las formas clásicas y su decir ético.

PRELUDIO

Odio la poesía al uso; brinda,
fácil, al vulgo sus costados lacios;
alárgase entre abrazos rutinarios,
lánguida, y duerme.

Viva la estrofa quiero yo, que al ritmo
de pies y palmas en los coros salte;
su ala yo atrapo al vuelo, y ella, indómita,
niégase y lucha.

Tal la bacante, en el Edón nevoso,
de ávido fauno entre los brazos presa;
estrujadas, del pecho en flor las gracias
tiemblan más bellas.

Gritos y besos en la ardiente boca
mézclanse; el sol en la marmórea frente
ríe, y la larga cabellera ondula
trémula al viento.

Odas bárbaras, 1899. Traducción de Amando Lázaro Ros.

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