Archivo de la categoría: Literatura uruguaya

Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura uruguaya

Adolfo Berro

Se suele adscribir al romanticismo la obra de Adolfo Berro (1819-1941), poeta uruguayo fallecido en plena juventud. Sin seguir ningún sistema literario, persiguió la “moralidad en el fondo y fin”, así como  la “sencillez y elegancia en las formas”.

A MI LIRA

Cándida lira, que con tierno anhelo
del alma templas el cruel dolor:
calla, pues vuela tu fugaz consuelo
cual hoja leve que huracán alzó.

¿Qué importa, dime, que en el pecho mío
bálsamo vierta tu apacible son,
si eternos viven en el mundo impío
los fieros males que lloró mi voz?

¿No ves al negro en cautiverio aciago
inerme presa de señor brutal?
¿No ves cual abre a seductor halago
su incauto seno la infeliz beldad?

¿No ves lanzada del materno lecho,
cual tierna rosa a la corriente audaz,
párvula al mundo, que en ajeno techo
amor, en vano, buscará y solaz?

En lid nefanda la sangrienta diestra
el pecho rasga del hermano ¡oh Dios!
Y casta esposa los joyeles muestra
que a las vencidas arrancó su amor.

Tal vez en medio a la hermanal pelea
vate profano pulsará el laúd,
y tinto en sangre, que caliente humea,
dirá al terrible triunfador: «¡Salud!»

»Vencidos huyen por el llano y sierra
esos que osaron tu poder burlar:
amo te aclame la postrada tierra,
ardan inciensos en el patrio altar.»

Tú sola sabes, solitaria lira,
herir las auras con doliente son,
mas no apagar del vencedor la ira
huellas dejando de piedad y amor.

¿Qué importa, dime, que del pecho mío
templen tus ecos el cruel dolor,
si eternos viven en el mundo impío
los fieros males que lloró mi voz?

Junio de 1840. Poesías, 1842.

Julio Herrera y Reissig

Las glicinas, de Pedro Blanes

«Eufocordias», «nocteritmias», «eglogánimas» o «estrolúminas» son algunos de los neologismos creados por Julio Herrera y Reissig (Uruguay, 1875-1910) para designar la variedad de registros de su poesía, que destaca por su audacia verbal y el gusto por lo espectral, lo anormal, lo onírico… 

ERES TODO!…

Oh, tú, de incienso místico la más delgada espira,
Lámpara taciturna y Ánfora de soñar!
Eres toda la Esfinge y eres toda la Lira
Y eres el abismático pentágrama del mar.

Oh, Sirena melódica en que el Amor conspira,
Encarnación sonámbula de una aurora lunar!
Toma de mis corderos blancos para tu pira,
Y haz de mis trigos blancas hostias para tu altar.

Oh, Catedral hermética de carne visigoda!
A ti van las heráldicas cigüeñas de mi Oda.
En ti beben mis labios, vaso de toda Ciencia.

Lírica sensitiva que la Muerte restringe!
Salve, noche estrellada y urna de quintaesencia:
Eres toda la Lira y eres toda la Esfinge!

1908. «Eufocordia» de la colección Los parques abandonados.

Washington Benavides

Sin título, de Gonzalo Fonseca

La literatura contemporánea uruguaya tiene en Washington Benavides (1930) a uno de sus más destacados poetas. El carácter conversacional y popular de su poesía lo convierte en uno de los poetas más musicalizados de su país.

OÍDO EN UN TELÉFONO

El poeta es un apóstata,
inevitablemente. Está
marcado para la apostasía.
Su búsqueda incesante
le obligará a colgar
más de una fe en el perchero
(ni a César lo que es del César
ni a Dios lo que es de Dios)
Traspasará las puertas
de marfil o de cuerno
las del cofre-fort
las de la cabina telefónica
las de la cabina espacial.
Descifrará en el palimpsesto
de los días
otros días que igualmente
fueron o serán suyos.
Traducirá las páginas etruscas
de las muchas realidades.
El poeta es un apóstata.
No tiene otra salida. Está
obligado a descubrir
lo que le espera a la vuelta
de la esquina. Y esto no le
acarreará
ni seguridad ni prestigio.
El poeta es un apóstata.
Pelada la última capa de la cebolla
debe imaginar la cebolla
platónica
que en un plato -fuera de su alcance-
lo espera
para recomenzar el trabajo
de quitarle una a una sus pieles
y encontrarse con otra cebolla
reluciente
idéntica a un lucero.
El poeta es un apóstata.
Debe serlo. Para acompañar
a los que se atreven por el salón
de los pasos perdidos
a los que conversan con sus sombras
a los que alientan desde una cárcel
la liberación de los hombres.
Poesía
se llama
Apostasía.

Lección de exorcista, 1991.

Salvador Puig

Desnudo de espaldas, de Juan Ángel Viera

La poesía de Salvador Puig (Uruguay, 1939-2009) está marcada por una continua exploración acerca de las posibilidades del lenguaje: uno de sus versos más conocidos, “las palabras no entienden lo que pasan”, se refiere a la dificultad de esa tarea imprescindible que se impone el poeta, encontrar la palabra exacta.

SI TUVIERA QUE APOSTAR

Si tuviera que apostar
lo haría
por la poesía
que modifica en algo
las ópticas, perturba
el leve sentido de lo real,
desplaza
las leyes físicas del miedo,
acelera
o enlentece los pulsos,
acepta pero no
que las palabras cargan
usos domésticos
y oráculos, relaciones
cambiantes que habilitan
emociones cambiantes,
protesta al mundo,
tergiversa
lo que copia, altera
los sentidos comunes,
invade
rincones, territorios dormidos,
repele y atrae al silencio,
se posa
en el pico de los pájaros,
cae a pique
y se alza
en polvo enamorado
contra la muerte victoriosa.

Si tuviera que apostar y otros poemas, 1992.

Seguir leyendo Salvador Puig

Saúl Ibargoyen

Kibutz, de José Gurvich

La poesía torrencial, proteica y transgresora de Saúl Ibargoyen (Uruguay, 1930) indaga en las “atmósferas estremecidas” del mundo contemporáneo, ese “gran cambalache espiritual, estético e ideológico”.

ARTE POÉTICA

Recojo largas
notas de tango
que suelen caer de los balcones,
y el hambre de tantos perros
que surcan su olvido
de calles y nombres.
Estoy atento al desempeño
que entiendo corresponde
a mi esperanza,
que aunque la nombre apenas,
como al paso,
es quien me empuja
y me distrae
del sopor, del humo,
del sucio latido de la vida.
Tomo nota, además, de mi cuerpo:
invento un río
que entre piel y hueso
va creciendo,
e incluyo estos instantes
en que el mundo
declina su pasión
y me alimenta.

Pasión para una sombra, 1959.

Seguir leyendo Saúl Ibargoyen