Archivo de la categoría: Literatura portuguesa

Poéticas – Literatura portuguesa

Eugénio de Andrade

Niños conversando, de Júlio Artur da Silva Pomar

La poesía para el portugués Eugénio de Andrade (1923-2005) es una forma de celebración del mundo, de las cosas elementales. Tienen un lugar preferente en su obra el paraíso de la infancia, los pliegues del deseo y la fusión con la naturaleza.

EL ARTE DE LOS VERSOS

Toda ciencia está aquí,
en el modo que tiene esta mujer,
de los alrededores de Cantão,
o de los campos de Alpedrinha,
de regar cuatro o cinco bancales
de coles: mano certera
con el agua,
intimidad con la tierra,
empeño del corazón.
Así se hace el poema.

Próximo al decir, 1992. Traducción de Ángel Campos.

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João Cabral de Melo Neto

Sin título, de Cicero Dias

Los dos polos de la poesía del brasileño João Cabral de Melo Neto (1920-1999) son la denuncia de una realidad social injusta y el ascetismo intelectual y técnico del propio poeta.

EL POEMA

A tinta y a lápiz
Se escriben todos
Los versos del mundo.

¿Qué monstruos están
Nadando en el pozo
Negro y fecundo?

¿Qué otros se deslizan
Soltando el carbón
De sus huesos?

¿Cómo el ser vivo
Que es cada verso
Un organismo

Con sangre y hálito
Puede brotar
De gérmenes muertos?
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Ana Cristina Cesar

Catalina, de María Gato

Los poemas de Ana Cristina Cesar (Brasil, 1952-1983) empiezan y terminan in media res, sin resolver la tensión que instauran, como si lo único que importara fuera dinamitar el sentido.

MIRO MUCHO TIEMPO EL CUERPO DE UN POEMA…

miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre en las encías

Escenas de abril, 1979. Traducción de Teresa Arijón y Sandra Almeida.

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Mario Quintana

Niña triste y enferma, de José Pancetti

La poesía del brasileño Mario Quintana (1906-1994) es poesía sencilla, profunda, certera, del sentido común y de la expresión clara. Acerca del carácter autobiográfico de su poesía, aseguró “nunca escribí una coma que no fuese una confesión”.

EL POEMA

Un poema como un sorbo de agua bebido a oscuras.
Como un pobre animal palpitando herido.
Como una pequeñita moneda de plata perdida para siempre en el bosque
[nocturno.
Triste.
Solitario.
Único.
Herido de mortal belleza.

El aprendiz de brujo, 1950.

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Carlos Drummond de Andrade

La negra, de Tarsila do Amaral

Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) es uno de los mejores poetas del Brasil. El tono irónico, desenfadado, de su poesía, así como su preferencia por los temas cotidianos, figuran entre las novedades que aportó a la lírica de su país.

BÚSQUEDA DE LA POESÍA

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Ante ella es un sol estático la vida,
ni calienta ni ilumina.
Las afinidades, los cumpleaños, los incidentes personales nada cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente y confortable cuerpo, tan adverso a la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu careta de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes.
No me reveles tus sentimientos,
que se aprovechan del equívoco e intentan el largo viaje.
Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas.
No es música oída cuando pasas; rumor del mar en las calles junto a la línea de
[espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.
La poesía (no saques poesía de las cosas)
omite el sujeto y el objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aburras.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia
desaparecen en la curva del tiempo, son algo inútil.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria que se disipa.
Si se disipó no era poesía.
Si se partió cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allí están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, pero sin desesperación,
hay calma y frescura en la intacta superficie.
Helos aquí solos y mudos, en estado diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma si te provocan.
Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas del suelo el poema ya perdido.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concentrada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil facetas secretas bajo la faz neutra
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Has traído la llave?

Observa:
yermas de melodía y de concepto
se refugiaron en la noche, las palabras.
Húmedas aún e impregnadas de sueño,
ruedan en un difícil río y se transforman en desprecio.

Una rosa del pueblo, 1945. Traducción de Pablo del Barco

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