Eduardo Milán

Retrato anónimo VII, de Álvaro Amengual

La poesía de Eduardo Milán (Uruguay, 1952) funde la conciencia del lenguaje con la conciencia social y política; el lenguaje literario, con la expresión local.

EL COMPROMISO DEL POETA ES ESCRIBIR UN VASO…

El compromiso del poeta es escribir un vaso
real, algo sublime que sirva para más
que vivir. Vivir no alcanzó nunca.
Pedir esencia, pedir médula, pedir hueso:
pedir endurecimiento de la arena, si la arena
ya es frágil, leve de pie, velo de pie,
es pedir roca caliza, sedimento. Para la sed
de ti desnuda como bajar al Precámbrico.
Algo terrible nos pasó y nos dimos cuenta:
el hueso que pedimos al poema era el mismo
hueso que el hueso de África
aunque quisiéramos roca.
Las arenas de África están llenas de poemas.

Alegrial, 1997.

ESCRIBIR ES COMO UN CÍRCULO…

Escribir es como un círculo,
como la creación de una cabeza de viento.
Es como abejas alrededor de algo
así como un panal, así como una dulzura
saliendo de tus senos por una vez posible:
ésta. Así es escribir,
no como se dice oscuramente debajo de una piedra,
la del alma. Así es como el alma
va perdiendo gravedad y levanta.

Querencia, gracias, 2003.

DE NUEVO LAS PALABRAS…

De nuevo las palabras
como si se presentaran en aluvión:
tratan de cantar la voluntad de ser libres
de los hombres o de no ser explotadas
como los hombres,
cantan el amor cuando aparece
o cuando desaparece –como ahora– de los hombres,
cantan el dolor de estar aquí,
el dolor de estar allí, el dolor de estar,
el tan simple de no estar o haber estado
de los hombres. Tratan, tratan.
Antes de regresar a la sombra
cantan como una bienaventuranza.
Trabajan todo el tiempo por tus manos.
El silencio nunca les pertenece. Y por tus manos
de lejos parecen como hormigas
o tratan de parecerse.

Querencia, gracias, 2003.

LA NECESIDAD DE ESCRIBIR…

La necesidad de escribir
poemas y nada más que poemas
asesta un golpe a la realidad
vista como manda o incambiable,
pétrea. Es vista como una vergüenza
desde ese lado de afuera. Pero foros
como el Social Mundial de Porto Alegre
reavivan un movimiento interior: aquél
en que otro mundo es posible. Y éste
en el que escribir poemas y nada más que poemas
ya no sea visto como una vergüenza
ni como un golpe en el estómago
o en la cara del hambre.

Querencia, gracias, 2003.