Carlos Álvarez

El prisionero, de Juan Genovés

El gaditano Carlos Álvarez (1933) es el más fiel continuador de los postulados de la poesía social en la generación del 50: realismo, tono combativo, intencionalidad crítica, concepción de la poesía como instrumento para cambiar la realidad…

QUISIERA UN VERSO MANCHADO…

Quisiera un verso manchado
por la cal y por la grasa:
verso de andamio y de forja
para el son de tu guitarra.

Quisiera un verso caliente
para el frío de tu casa:
verso crecido en la tierra
como crece la mañana.

Quisiera estar en tu copla
cuando el vino te acompaña,
y repartirme en tus vasos
que alimentan tu esperanza.

…Y quisiera estar contigo
cuando el hambre te traspasa,
y hacerte un pan amasado
con sudor y con palabras.

Tiempo de siega, 1960.

SEGUIREMOS SEMBRANDO, POR LO TANTO…

Seguiremos sembrando, por lo tanto…
Seguiremos sembrando, hasta que crezcan
y salgan a la calle las palabras:
esas nobles palabras que alimentan.

Porque si no está ahí nuestro camino,
¿cuál es entonces, cuál, nuestra tarea?
Si no consiste en preparar los campos
para un libre crecer desde la tierra,
o en buscar el desnudo de las cosas
para darlas desnudas de apariencia.
Si no consiste en remover el surco;
si no consiste en levantar la niebla,
o en aclarar la voz para que brote
como un grito rebelde que despierta.
Si no consiste en escuchar el llanto
de ese ciego que tiembla en las aceras,
y en cogerle del brazo y, dulcemente,
ayudarle a cruzar hacia la izquierda.
Si no consiste en ofrecer la rosa
y en clavarse la espina hasta que muerda
para que llegue limpia a nuestro hermano,
¿en qué consiste entonces ser poeta?

Tiempo de siega, 1960.

POÉTICA AL ESTILO DE ESPRONCEDA

No sé esculpir el verso, pues prefiero
la paloma que vuela a la que mira
su graciosa silueta cincelada
sobre un rico cristal.

Palabras en reposo no las quiero,
ni la belleza estática me inspira;
me gusta la que colma, derramada,
su cauce natural:

el grito de liberación del río
que invade el mar; el bosque cuando canta
su agreste sinfonía a toda orquesta;
la euforia del volcán…

y vuela desbordado el verso mío
para el hombre que lucha y que levanta,
sin que le estorbe el miedo, su protesta
con los que piden pan.

De los jardines mágicos, dolientes,
bañados por la luna y por el frío,
de indolente belleza refinada,
no brota mi canción…

delante del rosal, indiferentes,
corren mis pensamientos como un río…
mas nunca desatienden la llamada
que angustia el corazón.

Y así son las palabras que os entrego,
dictadas por el ansia y la certeza
de que un día vendrá para el hermano
que hoy sangra de sudor…

palabras que os entrego con un ruego:
que las tiréis si, bajo su corteza,
no tropezáis con la caliente mano
rendida del amor.

Papeles encontrados por un preso, 1964-1965.

¿POR QUÉ NADA NOS DICES DEL AMOR?…

–¿Por qué nada nos dices del amor?
–Nunca el polen del odio en el poema
que os entregué esparcí, ni es ése el tema
que alimenta mi pecho. Di mejor

que sé amar en plural.
–Pero el sudor
que expresas no te alcanza.
–Su diadema
no he ceñido a mi frente: es el problema
de todos el que canto.
–Y el dolor

cuyo aullido recoges, ¿muerde acaso
tu propio corazón?
–Más generoso,
se sumerge en lo ajeno muchas veces.

El necesario trigo que os amaso
con mis versos va en busca del hermoso
milagro de los panes y los peces.

Eclipse de mar, 1970.

TEORÍA DEL ARTE

Cuanto Sir Lawrence Olivier expresa,
ni el belicoso Enrique, el intrigante
Ricardo o el ingenuo y vacilante
danés podrán decírnoslo con esa

perfecta concreción. Mucho más pesa
la voz cuando declama el comediante
que la canción que canta el caminante
si fluye como el agua que nos besa,

natural y espontánea. El artificio
conseguirá, poeta, que tu canto
logre elevar su vuelo a más altura.

Pero quítale pronto ese cilicio
que te agarrota el verso, y rompe el manto
con que al desnudo cubre su hermosura.

Versos de un tiempo sombrío, 1975.