Antonio Requeni

Concepto armónico, de Fabián Gadámez

Antonio Requeni (Argenina, 1930) pretende en sus versos “crear una armonía entre el sentimiento -los gozos y las melancolías de la aventura humana- y un lenguaje trabajado con rigor estético”. Los temas que recorren su poesía son la celebración del amor y la naturaleza, la nostalgia de la infancia, el melancólico deterioro de los años, el misterio, Ia belleza y Ia muerte.

LA POESÍA

Temblorosa, como una flor desnuda,
te descubrí en la infancia. Simplemente
un susurro, un aroma por la frente,
tu luz en mi palabra ciega y muda.

Como quien ama y con su amor se escuda
de la monotonía de la gente,
conmigo te llevé secretamente,
razón del sueño entre mi fe y mi duda.

Fuiste el misterio y la belleza, todo
lo que en tu nombre amé y hoy es el modo
de una nostalgia que a vivir me ayuda

cuando abro un libro y vuelves, temblorosa
—susurro, aroma, luz, desnuda rosa—,
con Garcilaso, Rilke, Banchs, Cernuda.

Inventario, 1974.

SIMETRÍA DEL MUNDO

Simetría del mundo. En cada cosa
la efusión del milagro contenida.
La plenitud ajusta su medida
a las exactas leyes de la rosa.

Sólo la forma existe, su pasmosa
lección de eternidad no sometida
al vago sueño o fórmula sin vida.
Agua. Fuego. Guijarro. Mariposa.

El poema es un vaso, un recipiente
tallado desde adentro; así construye
la luz al día, misteriosamente.

La Creación es norma, ritmo. Y sólo
vibra inmortal, en el instante que huye,
la cadencia y el número de Apolo.

Inventario, 1974.

ESE HOMBRE QUE ESCRIBE

¿Escribir o vivir? Acaso viva
mucho más ese hombre que ahora escribe
solo en el cuarto, con furor, insomne,
unos cuantos renglones azarosos.

La hoja en blanco lo invita a la aventura;
le hacen señas de fuego las palabras
que ordena y copia, corrigiendo un bosque
tachando una ciudad, adjetivando
con un nuevo fulgor lo que antes era
torpe y vulgar, oscuro, indiferente.

Del otro lado, por la vida —dicen—
transcurre el tiempo, el ruido, la rutina.

Allí, entre las paredes de su cuarto;
allí, entre las paredes de su cuerpo,
él elige escribir, asume el riesgo
de perecer o descubrir la cifra
de su destino oculto en las palabras.

Porque sólo por ellas ese hombre
que escribe está viviendo y tal vez viva
más allá de su muerte.

Línea de sombra, 1986.

MILAN KUNDERA

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.

Si me lo hubieran avisado
—aunque yo soy su deudo más humilde—
habría concurrido a las exequias
y dejado una flor en su tumba.

Ahora estoy triste. Pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz. Y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas, sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.

Línea de sombra, 1986.

OSCURO FUEGO

¿Quién necesita que yo escriba?
Sin embargo es hermoso
vivir por la belleza, aproximarse
al fuego oscuro en el que arde
la fiesta y el misterio de la vida.
Aunque a nadie le importe.
Brilla en la noche el verso
bello y desamparado
como un cuerpo desnudo.

Línea de sombra, 1986.