Bartolomé Leonardo de Argensola

El juicio final, de Francisco Pacheco

El poeta oscense Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) compuso canciones, epigramas, sátiras y epístolas morales, a la manera de Horacio, al que tradujo con su hermano Lupercio. Fue un defensor del clasicismo, frente al “estilo enigmático moderno” del Barroco.

YO VI UNA NINFA, QUE ENTRE ROSAS FUERA…

Yo vi una ninfa, que entre rosas fuera,
Guzmán, y entre jazmines blanca y lisa;
pero con metamórfosi improvisa
verde horror le ofuscó la tez primera.

Díjome: «Euterpe soy, que esta ribera,
que con sus flores céfiro divisa,
a mí, que aliento su nativa risa,
procura, ingrata, convertirme en fiera».

Si el Tormes, dije yo, mancilla, Euterpe,
tu lustre con escama tenebrosa,
¿quién se podrá quejar del Lago Averno?

¿Tú sólo ignoras, replicó la Diosa,
que el estilo enigmático moderno
es quien de ninfa me transforma en sierpe?

Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, 1634.

SI ASPIRAS AL LAUREL, MUELLE POETA…

Si aspiras al laurel, muelle poeta,
la docta antigüedad tienes escrita;
la de Virgilio y la de Horacio imita,
que el juglar del vocablo es triste seta.

Mas ni el heroico honor de la trompeta,
ni la lírica voz tu mente incita;
y como es tu caudal de hilo de pita,
tus versecillos son de cadeneta.

No muestres el envés de los vocablos,
ni los recalques en los labios tiernos;
que el diablo es bellacón, mas no ignorante.

Y pues te ha de llevar a los infiernos
ese ejercicio, indigno de un pedante,
no fuera malo granjear los diablos.

Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, 1634.

NI AMOR NI MARTE ESPEREN QUE EN MI ACENTO…

Ni amor ni Marte esperen que en mi acento
suene de hoy más su gloria ni su ira;
que de las dos empresas se retira
infuso el superior conocimiento.

A honor de la moral virtud frecuento,
sublime Urania, mi estudiosa lira;
tú en mi voz y en sus números inspira
la persuasión de tu divino aliento.

A merecer tu lauro nos eleve,
oh musa, el celo que en tu insigne escuela
tan fervoroso los ingenios llama;

que los aplausos de la edad que vuela,
ya en la victoria adulen, ya en la fama,
no son más que ilusión de un sueño breve.

Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, 1634.