Francisco Pino

Azafatas, de Antonio Quirós

La poesía de Francisco Pino (Valladolid, 1910-2002) gira en torno al paisaje, Dios y la palabra poética, y se mueve entre el clasicismo y el experimentalismo, la claridad realista y el hermetismo más trascendente, la vivencia de la realidad y la investigación del lenguaje.

DESEAR HACER UN VERSO

Desear hacer un verso
qué iluso deseo es.
Mas para así, se desea
verle delgado en la página
vivir, como se desea
contemplar una raíz
viviendo bajo la tierra
o como contemplar cómo
se mueve un alga en el fondo
del mar. Tan sólo un estúpido
puede
desear hacer un verso.
Un verso, que no se hace,
que está hecho ya, que se mueve
desde hace ¿qué siglos? Dentro
de esta arcilla tan antigua,
de esta sangre que es de otros
idos
que ayer sintieron el verso
vivir como una raíz
o moverse como un alga
pero que no lo dijeron.
Porque el verso es la raíz
a la que la copa ignora
y de la que es fundamento,
o es alga que siente el mar
sin quererlo y le demuestra
que posee sentimiento;
algo que jamás se hace,
que lo entiende cual sustento
de sí mismo el corazón;
que lo siente restallando
largo, fino, ignoto el alma.
Desear hacer un verso
qué iluso deseo es
¡si es el que nos hace el verso!

Más cerca, 1965.

LA POESÍA

Per me si va tra la perduta gente
DANTE

La poesía susurró muy bajo:
«Forma da a tu vivir pero aeriforme».
Y a su engaño accedí, con el conforme
estuve al ver fantasma mi trabajo.

En cualquier cruce pregunté a destajo
y me repuso el verso como enorme
serpiente. Le atendí. Justo es que hoy forme
con la perduta gente donde encajo.

Por poeta me odié pues viví en vilo.
Supuse que volé, mas tuve un hilo
que ató mis alas. Fue febril talego

la poesía que cargué en mi vida.
Me arrojó de la luz de amanecida
pero fue el lazarillo de este ciego.

Cuaderno salvaje, 1983.

EL POETA SIEMPRE

La fuerza del poeta en el olvido,
en tanto vive, estriba, ésta es su paga,
ardiente libertad que nadie apaga
con ningún soplo pues se sopla a un ido.

Ido de sí, de todos desprendido,
el mundo, ajeno al suyo haga lo que haga,
le aparta porque teme que deshaga
el suyo cierto al falso apetecido.

Segregación y olvido son cimientos
del verdadero mundo del poeta
y así le nace de verdad vivido,

cosido a nadas y a embelesamientos.
Dios al olvido en vida le sujeta.
¿A quién más libertad ha concedido?

Cuaderno salvaje, 1983.

EL VERSO ESCRITO

Lo sé, este verso tan de nadie es mío;
le cojo, le retuerzo como a un trapo
mojado. Suelta un agua
caliente, un azul alto. Queda seco.

Y ya en la página enroscado, tras
tanto festejo vuélvole a leer;
le falta todo,
su primera humedad, su calor vivo.

¿Rehacerle? ¡imposible! Quede así,
ni desmedro siquiera ni azul ido,
trapo, y muerto. Y mis lágrimas le empapan
de nuevo; no revive; mas yo sé que este verso

que nadie quiere, ni yo, es justo el mío.

Cuaderno salvaje, 1983.