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Juego, de Mariano Rodríguez

La poesía del cubano Eliseo Diego (1920-1994), miembro del grupo Orígenes, se caracteriza por la sencillez y pureza con que ilumina lo cotidiano. La búsqueda del esplendor de la infancia, perdida irremediablemente, es uno de los temas nucleares de su obra.

NO ES MÁS

por selva oscura

Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha, una
esperanza indecible;

un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.

El oscuro esplendor, 1966.

INSCRIPCIÓN

Virgilio, claro poeta romano,
tú que no olvidaste nombrar a la humilde arveja
junto a los vastos dioses impávidos,
enséñanos a mirar las cosas,
la quebradiza corteza y la sombra
que apenas roza el agua;

tú que descendiste al revés del silencio, dinos
cómo conjurar a las vanas imágenes,
para que siendo
no se nos huyan como el humo,
ni con el frío dañen a los nuestros;

ayúdanos;
condúcenos al arduo trabajo, enséñanos
el rumor que ahuyenta a los pájaros salvajes,
y cómo desarraigar a la estéril avena,
y los diversos sacramentales de las aguas;
y qué signos ocultan las veloces nubes,
y las pacíficas noches qué repentinos presagios, y cuáles
la penumbra de la patria;

de modo que sea nuestra
tu lúcida vigilia, nuestros
tu coraje y tu paciencia, y la obra
como un inmaculado sacrificio que se ofrece, así
como tú ofrendaste la Eneida a las llamas.

Los días de tu vida, 1977.