José Jorge Letria

Tradición III, de Luzia Lage

La poesía del portugués José Jorge Letria (1951) va de la canción política a la poesía reflexiva, con desencantadas referencias personales.

SE ESCRIBE PARA EL DESDÉN

Se escribe para el desdén, para el vacío,
esperando un día, que puede ser el siguiente,
en que alguien dirá: valió la pena.
Se cuentan a través del techo, se cuentan los versos
del enamoramiento y de la guerra,
se cuentan las islas y las pasiones
y sobre todo se intenta escribir, crédulamente,
con la inocencia de quien descubre petróleo
en una maceta de hierbabuena y sigue adelante,
indiferente a la riqueza y a la posesión. Se escribe
para el desprecio de los que aman otra escritura
y se enredan en ella como las prostitutas
en la bajeza de las camas del lucro garantizado.
Se escribe para no ser leído, para la muerte,
para la ironía de los que dicen: tampoco
era mal poeta, pero escribió demasiado.
Se escribe para el bandolín y para la quimera,
para la queja y para los celos, para después
de la muerte, pluma apuntada a los sesos, a la espera
de que alguien se levante y diga: aprendí
a gustar de la poesía leyendo su silencio,
saboreando su dolor. Se escribe para
gustar de la aventura, como en la prosa de Salgari;
con miedo de que un crítico llegue y diga:
está fuera del canon, cede a la facilidad.
Se escribe para no tener poder, para la nada,
rostro caído sobre la página de adoración de los sonidos.
Se escribe burlescamente, con los ojos puestos
en personajes que se confunden con el musgo
de las casas alucinadas por el tedio. Se escribe,
siempre se escribe para el desdén,
para fingir las voces que prometen
la gloria en la miseria de los libros. Se escribe
para el alma que se queda, mucho después
de que dejemos de escribir, de vivir
estúpidamente en la soledad de lo que escribimos.
Y puede ser que otro día,
al día siguiente, alguien abra el libro,
la gaveta, la caja de los miedos, sonámbulo:
estuvo aquí un poeta, noto su olor,
la forma, el alborozo de la ausencia, la rabia,
la desesperación de no querer partir.
Mucho respeto, que aquí vivió un poeta,
en la más peligrosa curva de las palabras
que matan, liberan y rescatan. Fin.

Los mares interiores, 2001. Traducción de Jordi Virallonga.

ESCREVE-SE PARA O DESDÉM

Escreve-se para o desdém, o vazio,
à espera de um dia, que pode ser o seguinte,
em que alguém dirá: valeu a pena.
Contam-se as traves do tecto, contam-se os versos
do enamoramento e da guerra,
contam-se as ilhas e as paixões
e sobretudo tenta escrever-se, credulamente,
com a inocência de quem descobre petróleo
no canteiro da horteã e segue em frente,
indiferente à riqueza e à posse. Escreve-se
para o desprezo dos que amam outra escrita
e se enredam nela como as prostitutas
nas camas baixas do lucro garantido.
Escreve-se para não se der lido, para a morte,
para a ironia dos que dizem: até nem
era mau poeta, mas escreveu de mais.
Escreve-se para o bandolim e para a quimera,
para a queixa e para o ciúme, para depois
da morte, caneta apontada à têmpora, à espera
que alguém se levante e diga: aprendi
a gostar de poesia lendo o seu silêncio,
saboreando a sua dor. Escreve-se para
o gosto da aventura, como na prosa de Salgari;
com medo que um crítico chegue e diga:
está fora do cânone, cede à facilidade.
Escreve-se para não se ter poder, para o nada,
rosto caído sobre a página da adoração dos sons.
Escreve-se burlescamente, com os olhos postos
nas personagens que se confundem com o musgo
das casas assombradas pelo tédio. Escreve-se,
escreve-se sempre para o desdém,
para o fingimiento das vozes que prometem
a glória na miséria dos livros. Escreve-se
para a alma que fica, muito despois
de deixarmos de escrever, de viver
estupidamente na solidão do que escrevemos.
E pode ser que num outro dia,
no dia seguinte, alguém abra o livro,
a gaveta, a caixa dos medos, sonâmbulo, e diga:
esteve aqui um poeta, sinto-lhe o cheiro,
a forma, o alvoroço da ausência, a raiva,
o desespero de não querer partir.
Muito respeitinho, que aqui morou um poeta,
na mais perigosa curva das palabras
que matam, libertam e resgatam. Fim.

Os mares interiores, 2001.