Cintio Vitier

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Para el cubano Cintio Vitier (1921-2009), miembro destacado del grupo Orígenes, que profundizó en los vínculos entre literatura e identidad cultural, la poesía es canto, celebración; también, el lugar donde se dan cita el minúsculo detalle y la magia de la vida.

ARA LA LETRA SIN SABER…

Ara la letra sin saber
si un día fructificará,
si ha de ser trigo, estela o nada
la escritura de soledad.

Pasan los días con los signos
que nos prometen no pasar,
vase girando la humareda
y el texto empieza a amarillear.

Que entre esas brasas haya una
que a alguno pueda calentar,
o acabe todo en el silencio
de las estrellas sobre el mar:

pobre destino de escribir
en sustitución del obrar!
Y quién sabe si la palabra
el Verbo la perdonara!

Canto llano (1953-55), en Testimonios, 1968.

ARTE POÉTICA

Esa energía infinitesimal
que desaparece en la explosión

La inacabable explosión de las galaxias más lejanas

Ese modo que tiene de subir
el rubor a tus ojos

Lo que no es sueño ni vigilia
palabra ni silencio

La mañana en que podré salir
ilusionado de la muerte

La luz

El Agua Regia

Más (1964), en Testimonios, 1968.

CÁNTICO NUEVO

Este libro no es tanto de poesía
como de conciencia.

Sus versos resultan duros y desabridos
pero dicen la verdad de mi corazón
cambiante y una
como la profunda luz de agosto.

Ya no vale la pena escribir
una línea
que no sea completa, aunque después resulte poca,
la verdad.

La poesía no está por encima de nada.

Echo mi vida a un fuego: ser honrado.
Cómo no voy a querer serlo si en ello me va la vida.
No la que otros pueden darme o quitarme sino la que yo me doy
en mi conciencia que Dios me dio
para hacer este cántico nuevo,
áspero, duro y desabrido.

He pasado de la conciencia de la poesía
a la poesía de la conciencia, porque estoy, a no dudarlo,
entre la espada y la pared.

Este libro no contiene las notas de una lira
salvo que una lira sea
el tiempo y el espacio que van de la espada a la pared.

La profunda luz de agosto me lo dice:
Nada está por encima de nada.
Todo va a salvarse o a perderse junto en un solo cuerpo y en una sola alma.

29 de agosto de 1967

Entrando en materia (1967-68), en Testimonios, 1968.

CONFESIONES

Aunque no sé historia, o muy poca, yo soy
el autor de estas páginas.

Todo me ha ocurrido a mí desde el principio.

Yo soy el protagonista,
la víctima, el culpable y el verdugo.

Soy el que mira y el que actúa.
Las edades en mí han descansado.
Los días han sido mi alimento.
Las ideas, mis alas,
mis puñales.

Por el hueco de mis manos ha pasado
el río de las armas.

Mis ojos son los hornos en que ha ardido
la creación entera.

Mi canto es el silencio.

Hombre, mujer, niño, anciano,
cada gesto mío tiembla en las estrellas
atravesando el tiempo irrepetible.

Yo soy. No busquen a otro,
no torturen a otro,
no amen a otro.

No tengo escapatoria.

15 de diciembre de 1970

La fecha al pie, 1981.

POESÍA, HAMBRE

Poesía, hambre
de todo:
con tu boca quisiera comer,
más que cantar,
comer el canto que tiene hambre de todo y de sí mismo.

Poesía de todo,
hambre, sed
de todo:
con tu boca quisiera comer y beber el pan y el vino,
sin que quedara fuera nada, ni la nada,
para dormir al fin, sin fin, saciado,
bien comido a mi vez por todo, y bien cantado.

6 de enero de 1971

La fecha al pie, 1981.

A LA POESÍA

Para cumplir, con ella, mis 50 años

¿Vienes menos cada vez,
huyes de mí,
o es que estamos entrando en tu silencio
–el pedregal, la luz–
y ya tenemos poco que decirnos?

Pero ese poco, ¿lo diremos nunca?
pero ese poco, ¿qué es?
¿Será el alimento de los ángeles,
lo que le falta al sol,
la muerte?

No digas nada tú. Cada palabra
de tu boca es demasiado hermosa.
No puedo resistirla ya,
aunque todo mi ser quiere comerla,
y de esa hambre vivo aún. Di

la nada que estoy acostumbrado a ver
en el pálido fulgor de la sequía,
en la brasa del deseo, allí
donde la amarga mar que adoro empieza.
Di su mezcla con todo, en que he gozado.

La memoria
guarda trenes enteros, encendidos,
silbando por lo oscuro. No me sirven.
Mañana del ayer, una candela al mediodía
se me parece más: en ella escribo

letras para el aniversario
de mi expulsión del texto que ahora miro,
incomprensible. ¿Tú eras mi madre, entonces?
¿Tú, que ahora vienes, como el alba,
llena de lágrimas? ¡Oh materia,

templo! Haber nacido es no poder entrar en ti.
Déjame verte por el lado de la historia,
que busca también un paraíso,
pues tu nombre es justicia, noche
de aquel niño.

¿Qué está pasando ahora que los músicos
acabaron de tocar aquel danzón terrible?
Mi vida vuelve a ser el arenal de hueso
donde salí del libro, ay, sellado. ¿Y tú,
serás mi hija?

¿Y tú, serás mi patria que no terminaré de ver?
¿Dirás lo que dijiste aquella noche,
cuando la finca empezaba a ser el paraíso
entrando en el futuro de los naranjales,
bajo la risa de las estrellas?

Lo poco, ¿es ya el tesoro?
Lo poco que nos falta, ¿es ya lo inmenso?
Tanto tiempo expulsado de tu vientre
apenas pesa como un ave en el silencio.
Dame tu mano. Ayúdame a llegar.

Palabras a la aridez, 1989.