Marco Antonio Campos

Variaciones sobre un tema musical, de Benjamín Domínguez

El mexicano Marco Antonio Campos (1949) cree en una poesía sencilla en la forma, pero compleja en sus contenidos. En sus libros se propone “recobrar la infancia, dejar huella de los viajes, interrogar a la poesía y hacer algunos poemas políticos”.

DECLARACIÓN DE INICIO

Cada uno de mis poemas pretendió
ser un instrumento útil de trabajo
Pablo Neruda: Estocolmo, 1971

Las páginas no sirven.
La poesía no cambia
sino la forma de una página, la emoción,
una meditación ya tan gastada.
Pero, en concreto, señores, nada cambia.
En concreto, cristianos,
no cambia una cruz a nuevos montes,
no arranca, alemanes,
la vergüenza de un tiempo y de su crisis,
no le quita, marxistas,
el pan de la boca al millonario.
La poesía no hace nada.
Y yo escribo estas páginas sabiéndolo.

Muertos y disfraces, 1974.

SE ESCRIBE

A Michael Rössner

Se escribe contra la inocencia
del clavel o el lirio, contra el aire
inane del jardín, contra palabras
que hacen juegos vacíos, contra una estética
del vals vienés o parnasianas nubes.
Se escribe abriéndose las venas hasta
que el grito calla, con lágrimas rotas
que nacen de pronto pues imposible
nos era contenerlas, con luz violenta
como rabia azul, quemándose el rostro,
rompiéndose el alma, desde una rama
frágil en el borde del precipicio
se escribe.

Norte y Sur de la Poesía Iberoamericana, 1997.

LOS POETAS MODERNOS

¿Y qué quedó de las experimentaciones,
del “gran estreno de la modernidad”,
del “enfrentamiento con la página en blanco”,
de la rítmica pirueta y del
contrángulo de la palabra,
de ultraístas y pájaros concretos,
de surrealizantes con sueños de
náufrago en vez de tierra firme,
cuántos versos te revelaron un mundo,
cuántos versos quedaron en tu corazón,
dime, cuántos versos quedaron en tu corazón?

Viernes en Jerusalén, 2005.

¿QUIÉN LEERÁ MIS VERSOS?

Quem sabe quem os lerá?
Quem sabe a que maôs irâo?
Alberto Caeiro: O guardador de rebanhos

¿Qué será de mis versos? ¿Quién los leerá?
Pronto me iré, y así será, y me iré ¿y qué pasa?
Me he resignado a irme, como me resigno
a los dolores de la tendinitis, a los cólicos
que arquean el cuerpo y a la mala circulación.
Qué importan las novelas, los cuentos,
las crónicas o ensayos ¿pero mis versos?
Si en el futuro alguien los lee, tal vez perciba
que los escribí con la llama del sol en la hoguera del mediodía
sobre los girasoles, con los matices múltiples
del púrpura y del violeta en la disminución del crepúsculo,
con el grito doloroso del tigre lanceado
en el momento de fallar la red,
con gotas de sangre del pecho de las golondrinas
que no lograron completar el vuelo.

Viernes en Jerusalén, 2005.