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Dormitando, de Golucho

Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948), poeta figurativo y clásico, destaca por su tono meditativo, melancólico, elegíaco. El lenguaje depurado y preciso le sirve para tratar de las grandes preocupaciones del ser humano, así como de las pequeñas cosas cotidianas.

EL POETA

Siempre te he visto así, con esa firme
aceptación altiva de la noche.
Sobre tu gesto el tiempo deposita
la pátina afligida de la estirpe
que te eligió y dio nombre a la costumbre
de andar siempre tan solo entre los hombres.
La ceniza sagrada de otros cuerpos
acumula en tu voz sus viejos cantos,
su manojo de huesos y palabras.
Te han señalado a ti porque adivinan
que eres la rama verde, el tiempo nuevo
en el que su decir se continúa:
a tu modo dirás lo que aprendiste
en la frecuentación de sus presencias.
Saben cómo te alcanzan esas sombras
que te imponen su amor, su deterioro.
Tu destino es buscar lo que se esconde
tras la espesa corteza de los días,
evitar que te escuchen los oídos
que alimentan su paz en la dorada
seguridad del pan y los metales.
Habitarás la tierra de tu culpa,
la casa amarga de la soledad.
Pero en tu pecho brillará una herida
y en tu dolor palpitarán los astros.

Maneras de estar solo, 1978.

EL POEMA

A veces me tropiezo con tu sonido. Escucho
un eco que golpea las paredes del sueño
y oigo en mi pulso un ritmo de aventura y de búsqueda.
La noche se hace entonces laberinto. Mis pasos
penetran en el bosque, presienten el encuentro.
Me acerco a los lugares en que la muerte esconde
el vértigo y la luz de su relámpago.
Para todo soy ciego si este dolor me acecha:
la destrucción que digo es la vida más honda.
Y no puedo escapar: la voz es cárcel;
la noche es ya fulgor, llanto, semilla,
lucidez y delirio, tiempo entero.
Me rodean las cosas; en la penumbra laten
y esperan que las nombre, que mis manos
impriman un color a su destino,
esculpan una forma en su carne reciente.
Acaba aquí el silencio. Poco a poco,
la soledad se puebla de música y palabras;
giran los signos y la sombra acoge
mi fiebre sacudida, mi pasión, mi inocencia.
Me pierdo en el camino. Pero de nuevo vuelvo
al lugar del milagro. Al fin, descifro
la oscuridad que oculta la secreta escritura.
Todo termina, y callo. Tiembla la noche. Cae
una gota de lumbre sobre el papel en blanco.

Maneras de estar solo, 1978.

LA INSPIRACIÓN

En ocasiones, cuando intenta
escribir y resulta vano
el empeño y se desespera
ante el hostil papel en blanco,
de pronto ocurre, por sorpresa,
después de mucho, mucho rato
de tentativas, de paciencia,
algo que no esperaba, algo
con lo que el cielo recompensa
sus sinsabores: un milagro.
Y, casi sin buscar, encuentra
la palabra justa, el vocablo
que necesita, la manera
de que lo oscuro se haga claro.
Surge la luz. Todo se ordena.
En el papel se posa el canto.
Y cuando al fin queda el poema
completamente terminado,
quien lo escribió, confuso, piensa
que no es verdad, que está soñando.

Elegías, 1984.

APUNTE DE UNA TARDE

Que otros canten las armas y a los héroes,
los abismos del ser
o la complejidad del universo.

Dejadme a mí que diga la gracia irrepetible
de esta tarde de abril, la efímera hermosura
de la luz, que es mi amiga y que plácidamente
acaricia el papel en el que escribo.

Autorretratos, 1989.

MIENTRAS AMANECE

Acude a mí, canción,
dame tu levedad, ven con tu gracia.

Yo pondré mi sentir,
pues de poco me valen las palabras.

¿Lo ves?: despunta el día.
Canción, ayúdame. Di con tu música
la luz del alba.

Quién lo diría, 2015.