Jesús Hilario Tundidor

Flor blanca, de Joan Hernández Pijoan

Para Jesús Hilario Tundidor (Zamora, 1935), escribir poesía es “apasionar la inteligencia y clarificar la emoción del conocimiento dentro de una experiencia personal profunda, que se expresa en los territorios del poema por medio de los automatismos preconscientes del lenguaje”.

POÉTICA

Miro el espacio azul. Me crecen alas
de oro. Paz de oro, espuma silenciosa
viene hasta el corazón. En la espaciosa
inmensidad, en las enormes salas

del aire crece, extiende ya sus galas
el sueño. No es sueño. Ser. No es ser. ¿Fosa
será de mi deseo? No, no hay cosa
más lejos de la muerte que estas alas.

Hálito del dolor que se origina
desde un dentro de sol y permanencia
como los robles, más, como la encina.

Es un instante. ¿Suficiente? Anhelo,
ya hermandad absoluta, la existencia.
Todo es un vuelo y más, es más que un vuelo.

En voz baja, 1969.

PALOMA

A veces los poetas
concurren a certámenes donde puede su voz,
como su corazón, ser destruida.

¿Acaso es que el poeta se alimenta de lluvias
o vive de sequía
o no debe pagar el pan que come, el oficio
de vivir, el piso, el alma libre, el sueño?

A veces los poetas
mueren de tanta vida
natural, diaria, pegajosa, cansados. Nadie
fue con ellos a juicio, vio sus deudas, sintió
sus esmeraldas –palabras que lucían
más que oro, más que ríos o sol, más
que tristeza– nadie
hurgó en su lucidez de paloma en el viento.
Pues los poetas son
pequeños animales en disturbio
con la sed en los ojos y en la garganta amor.

Aunque vano parezca no debemos
confundir el naufragio de nuestro tórax,
la opaca y turbia y fría soledad
del añojo, la urdimbre con que se entrama un ser
con aquella nostalgia terrible del poeta en el mundo.

Él penetra y acepta,
canta
y muere
libre, y hace su ruido
o canción
no para ser pagado sino para
calentar su ceniza
de calle hacia otra luz
unitaria.

Repaso de un tiempo inmóvil, 1982.

CONSTRUCCIÓN DE LA ROSA

Construye donde ya se apresura
el advenimiento solo
en que la breve vida de la rosa yace.
No hay tiempo, edifica
el andamio de la contemplación,
el ardor vivo
en que existe el poema.

Construcción de la rosa, 1990.