Leandro Fernández de Moratín

Perseo y Andrómeda, de Anton Raphael Mengs

El comediógrafo madrileño Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) escribió poemas de elegante contención y gran perfección formal, que se enmarcan dentro de la corriente neoclásica.

LECCIÓN POÉTICA

SÁTIRA
(FRAGMENTO)

Apenas, Fabio, lo que dices creo,
y leyendo tu carta cada día
más me confunde cuanto más la leo.

¿Piensas que esto que llaman poesía,
cuyos primores se encarecen tanto,
es cosa de juguete o fruslería?

¿O que puede adquirirse el numen santo
del dios de Delo, a modo de escalada,
o por combinación o por encanto?

Si en las escuelas no aprendiste nada,
si en poder de aquel dómine pedante
tu banda siempre fue la desgraciada,

¿por qué seguir procuras adelante?
Un arado, una azada, un escardillo,
para quien eres tú, fuera bastante. […]

1782. Obras dramáticas y líricas, 1825. Poema completo aquí.

LAS MUSAS

SONETO

Sabia Polimnia en razonar sonoro,
verdades dicta, disipando errores;
mide Urania los cercos superiores
de los planetas y el luciente coro.

Une en la historia al interés decoro
Clío, y Euterpe canta los pastores
mudanzas de la suerte y sus rigores,
Melpómene feroz, bañada en lloro.

Caliope victorias: danzas guía
Terpsícore gentil. Erato en rosas
cubre las flechas del Amor y el arco.

Pinta vicios ridículos Talía,
en fábulas que anima, deleitosas;
y ésta le inspira al español Inarco.

Obras dramáticas y líricas, 1825.

A LAS MUSAS

ELEGÍA

Esta corona adorno de mi frente,
esta sonante lira, y flautas de oro,
y máscaras alegres, que algún día
me disteis, sacras Musas, de mis manos
trémulas recibid, y el canto acabe,
que fuera osado intento repetirle.
He visto ya cómo la edad ligera,
apresurando a no volver las horas,
robó con ellas su vigor al numen.
Sé que negáis vuestro favor divino
a la cansada senectud, y en vano
fuera implorarle; pero en tanto, bellas
ninfas, del verde Pindo habitadoras,
no me neguéis que os agradezca humilde
los bienes que os debí. Si pude un día,
no indigno sucesor de nombre ilustre,
dilatarle famoso; a vos fue dado
llevar al fin mi atrevimiento. Solo
pudo bastar vuestro amoroso anhelo,
a prestarme constancia en los afanes
que turbaron mi paz, cuando insolente,
vano saber, enconos y venganzas,
codicia y ambición, la patria mía
abandonaron a civil discordia.
Yo vi del polvo levantarse audaces
a dominar y perecer, tiranos,
atropellarse efímeras las leyes,
y llamarse virtudes los delitos.
Vi las fraternas armas nuestros muros
bañar en sangre nuestra, combatirse,
vencido y vencedor, hijos de España,
y el trono desplomándose, al vendido
ímpetu popular. De las arenas
que el mar sacude en la fenicia Gades,
a las que el Tajo lusitano envuelve
en oro y conchas; uno y otro imperio,
iras, desorden esparciendo y luto,
comunicarse el funeral estrago.
Así cuando en Sicilia el Etna ronco
revienta incendios, su bifronte cima
cubre el Vesubio en humo censo y llamas,
turba el Averno sus calladas ondas;
y allá del Tibre en la ribera etrusca
se estremece la cúpula soberbia,
que da sepulcro al sucesor de Cristo.

¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?
¿Quién dar al verso acordes armonías;
oyendo resonar grito de muerte?
Tronó la tempestad; bramó iracundo
el huracán, y arrebató a los campos
sus frutos, su matiz; la rica pompa
destrozó de los árboles sombríos;
todas huyeron tímidas las aves
del blando nido, en el espanto mudas;
no más trinos de amor. Así agitaron
los tardos años mi existencia; y pudo
sólo en región extraña, el oprimido
ánimo hallar dulce descanso y vida.

Breve será, que ya la tumba aguarda
y sus mármoles abre a recibirme;
ya los voy a ocupar… Si no es eterno
el rigor de los hados, y reservan
a mi patria infeliz mayor ventura;
dénsela presto, y mi postrer suspiro
será por ella… Prevenid en tanto
flébiles tonos, enlazad coronas
de ciprés funeral, musas celestes;
y donde a las del mar sus aguas mezcla
el Garona opulento, en silencioso
bosque de lauros y menudos mirtos,
ocultad entre flores mis cenizas.

Obras dramáticas y líricas, 1825.