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Jardín de Filolendun, de Juan Betancor

La poesía del canario Justo Jorge Padrón (1943), miembro de la promoción poética del 70, se asienta en la metáfora visionaria y audaz, donde la voluntad de belleza es también fe en la vida.

EL POETA

Ved a este hombre ignorado, ése a quien se desdeña
por el don esencial de su palabra.

El que ama la belleza como a la libertad
porque ambas son la fuerza de su fuego.

El que contra el poder injusto se rebela
ejerciendo su grave disonancia.

El que ilumina la palabra sol
cuando la escribe, y cuando dice pájaro
el aire es una ráfaga que canta en la maleza.

El que hasta el límite su verso pule
como labrado acero por defender la vida
de cuanto late y crece y vuela y sueña.

El que escucha los mundos lejanos de su mundo
y absorto nos trasciende un nuevo espacio.

El que rompe las trampas de la pena
y la esclusa de toda agua estancada
por adentrarse lúcido en su fosca planicie.

Ese mismo que un día abre una grieta
hacia la muerte para nunca ser
un guijarro atrapado en el muro del odio.

Sólo muere la mano que te escribe, 1985-88.

¿QUIÉN ERES TÚ, PALABRA?

¿Quién eres tú, palabra? ¿Qué persigues?
¿Qué susurro deslumbras en mi herida?

Te escucho y no te alcanzo. Te espío en mi zozobra.
Acaso eres un astro diminuto,
el sueño de una piedra en el agua dormida
o la luz desterrada de la escarcha
tras un viento apacible que se esfuma.

En mí te voy buscando, cayendo como un ciego
dentro de ti para palparte y verte
con el tacto y la calma, para escapar contigo,
distante de lo ingrávido o lo inmóvil,
muy lejos de ti, muro, y de ti, tiempo avaro.

Fúndate en mí, palabra, horada mis pupilas.
Quiero oír en tus frondas la canción de la niebla
y edificar contigo el latir de la magia.

Sólo muere la mano que te escribe, 1985-88.