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Rosa y ámbar, de Teresa Icaza

La poesía de Enrique Jaramillo Levi (Panamá, 1944) indaga en el absurdo existencial, el erotismo, el dolor humano, la propia poesía… Su lenguaje, sobrio, está teñido de ironía.

APROXIMACIONES

La poesía es el asombro,
el desvelo pensando el misterio,
la vigilia frente al encantamiento,
un retazo arrancado de soslayo a la vida.

La poesía es la palabra revestida
pero también la que se descarna
cuando finalmente opta por nombrarse,
la que dice todo pero a menudo calla.

La poesía es uno mismo
y es el otro siempre, siempre;
un borbotón ansioso de beber es la poesía
y también la seca plenitud del momento.

La poesía es el silencio que crepita,
un manantial sorbiéndose a sí mismo,
los escombros que se vuelven alegría
en cada nuevo vislumbre titubeante.

La poesía es manifestar enojo
y franca disconformidad
ante la miseria humana
o la siempre inaceptable explotación.

La poesía es una de tantas
tímidas aproximaciones
a las entretelas del amor
expresadas con fulminante acierto.

Entrar saliendo, 2006.

EL CUERPO DEL DELITO

¿Por qué no me crees
cuando te digo que hay una voz,
una silente, necia, sabia voz
que me dicta estos versos
a cualquier hora del instante?

¿Por qué dudar de la existencia cierta
de una escritura automática como ésta
que se dibuja
a sí misma
donde sólo hubo ausencia?

¿Por qué no rendirte a la evidencia,
al cuerpo del delito
que son estas palabras?

Entrar saliendo, 2006.

AYER / HOY

Ayer me acosté por primera vez
con la fría musa
de otro: fue un gran fiasco
intelectual, tristísimo adulterio.
¡Dios –para qué les cuento–,
no lo vuelvo a hacer!

Hoy volví a dormir
con la mía
intentando recobrar
la vieja cuota de felicidad
al escribir;
ya casi lo consigo:
¡más vale musa propia consabida,
que ajena por conocer!

Entrar saliendo, 2006.

PRECEPTIVA LITERARIA

I

La vida y la narrativa se parecen:
no todo conflicto
termina resolviendo sus opuestos
en un claro desenlace
ubicado al final
de la historia;
como sabemos,
el desenlace puede ocurrir al principio
o a la mitad
para que la trama
se desenvuelva al revés
y terminemos conociendo
el origen y las causas.

II

La poesía, en cambio, no siempre cifra
su esencia en conflicto alguno,
ni en principios y finales
minuciosamente tramados
en los que les pasan cosas interesantes
a verosímiles personajes.
El poema es sentimiento que encarna,
sorpresiva pasión que se desfoga,
acaso iluminada y fluida reflexión.
El poeta, al revelar su verdad,
descubre cómo vibran
–sublimes o desgarradas–
las imágenes, las palabras
que consagran su oficio,
y se siente realizado.

Entrar saliendo, 2006.