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En la orilla del río, de Adolfo Nigro

La poesía de Saúl Yurkievich (Argentina, 1931-2005) se caracteriza por el rechazo de toda preceptiva literaria y por la continua experimentación en las posibilidades del lenguaje poético. Sus innovaciones formales no restan hondura reflexiva al contenido de sus versos.

POR UNA POESÍA MÁS

magnética que telúrica

organizada que orgánica

intencional que instintiva

empírica que inspirada

real que realista

concreta que misteriosa

terrestre que celeste

paradójica que parabólica

parlería que paroxismo

gratuita que utilitaria

experimental que sacramental

subliminal que sublime

pulsional que pundonorosa

temperamental que temperada

disonante que tonal

diacrónica que sincrónica

diatópica que utópica

cerebral que medular

ventral que cardíaca

vocal que pectoral

visual que visionaria

táctil que táctica

gnómica que mágica

erótica que heroica

tentativa que taxativa

mítica que matemática

aleatoria que aligera

lúdica que ritual

formal que expresionista

elusiva que efusiva

analógica que alegórica

humor que sacramento

sustancial que esencial

plural que singular

fabril que febril

fantasmagórica que fantástica

sed que ciencia

acrimonia que ceremonia

volatinera que vocativa

sensualidad que sensibilidad

apelativa que apocalíptica

apuesta que apostolado

exorbitante que evanescente

armería que armonía

mester que misterio

farsa que fasto

alegrón que alegato

algoritmia que alquimia

aventura que envergadura

burlesca que bautismal

neuma que numen

sema que cima

confusa que confesa

precisa que posesa

posesa que profesa

plagiaria que plegaria

farándula que farmacopea

catálogo que decálogo

perceptiva que preceptiva

electrón que calostro

albañil que albañal

engarce que engrase

operador que medium

semblante que semblanza

untura que unción

ciruela que serafín

picotero que pedagogo

charada que chancro

crucigrama que cremallera

diablura que exorcismo

supurativa que superlativa

puntura que puntilla

percusor que pavana

metralla que minuet

album que alud

vórtice que vértice

seso que caracú

ventríloco que ventrículo

mirlo que mártir

bodegón que retablo

contrapelo que contrapeso

agujeros que agüeros

púbica que pública

correría que corolario

laberinto que logaritmo

azar que azor

ludo que laúd

lima que limo

garrapato que garrapata

caníbal que Calibán

taberna que tabernáculo

soma que sumum

tropel que trofeo

pinza que pira

carnaval que aquelarre

alumbre que alambique

cloaca que cónclave

loro que loor

tomate que anémona

pamplina que pandemonio

trovero que profeta

pedorrea que céfiro

bombarda que carrillón

engastar que engatuzar

retrete que trono

serenata que sermón

madrigal que mandrágora

navegante que nibelungo

bufón que buda

semen que cenit

letra que latría

ventosa que vedanta

ábaco que cábala

balada que baliza

recorte que rogativa

regalo que regalía

montepío que monumento

mundo que módulo

Acaso acoso, 1982.

ESBOZO

Confundes la belleza con el estremecimiento:
lo que porta con lo que aporta.

Es –dices– la trémula singularidad,
luego la gracia, el no sé qué,
el modo o la manera de,
lo muy poco y lo muy mucho,
la nada o el colmo; depende – dices.

No lo sublime, no precisamente;
más bien, en lo admirable, lo mirable.
(¿Suprimes lo sublime?: lo subsumes.)

Cosa de afectos y de efectos –dices–
efectos de los afectos, afectos de los efectos: remolino.

El dolor se fija en una forma,
en su figura queda suspendido
y se transfigura: deleita.

La figura: nube
a la vez visible e intangible.

¿Y lo informe? ¿Y lo feo?
Efectos de lo real –dices– de la razón insuficiente.

Pero la bella totalidad se deshace,
las palabras tienden vínculos inciertos,
el ser se separa de la idea,
se sabe sin saber.

Soy lo que soy –dices–
soy lo que no soy
no soy lo que soy
no soy lo que no soy: vértigo.

Eso no tiene nombre
(ningún eso lo tiene)
se da, se hace, transcurre, opera.

Apariciones son: apariencias
(pases, poses, posturas, imposturas)
pizcas de existencia
(ninguno, nadie, nunca, nada)
modos de ser: del ser: paradojas
por las que toda substancia
(todo lo substancial)
se extenúa: melancolía,
borratina: quizá sea así el mal,
el sinsentido como amenaza.

Otra voz, no la propia, cuando alcanza,
no poseída: posesa, llega.

Otra voz, pero de quién, de dónde.
Sublime, quizá, mas insumisa: ¿ignota?
sin mandamiento: relámpago.

Un momento el pandemonio esplende,
genera su sentido en la distancia
y la voz se ve.

(Como privada de expresión,
viéndose en el verse,
la voz se ve.)

Vaivén, 1996.