Mark Strand

Restauración, de George Deem

La poesía de Mark Strand (1934-2014), poeta estadounidense nacido en Canadá, arroja una mirada exploratoria y lúcida sobre las cosas, capaz de subvertir las coordenadas lógicas y transfigurar las apariencias.

COMIENDO POESÍA
Tinta por las comisuras de mis labios.
No hay felicidad como la mía.
He estado comiendo poesía.

La bibliotecaria no lo puede creer.
Sus ojos están tristes
y camina con las manos pegadas a su vestido.

Los poemas se fueron.
La luz es débil.
Los perros subiendo por las escaleras del sótano.

Sus ojos dan vueltas,
sus patas rubias arden como rastrojos.
La pobre bibliotecaria comienza a patear y solloza.

No entiende.
Cuando me arrodillo y lamo su mano,
grita.

Soy un hombre nuevo.
Le gruño y le ladro.
Retozo con alegría en la oscuridad libresca.

Poesía selecta, 1980. Traducción de Juan Carlos Galeano.

EATING POETRY

Ink runs from the corners of my mouth.
There is no happiness like mine.
I have been eating poetry.

The librarian does not believe what she sees.
Her eyes are sad
and she walks with her hands in her dress.

The poems are gone.
The light is dim.
The dogs are on the basement stairs and coming up.

Their eyeballs roll,
their blond legs burn like brush.
The poor librarian begins to stamp her feet and weep.

She does not understand.
When I get on my knees and lick her hand,
she screams.

I am a new man.
I snarl at her and bark.
I romp with joy in the bookish dark.

Selected Poems, 1980.

EL REGRESO DEL GRAN POETA

Cuando la luz se vertía por un claro de las nubes,
Supimos que iba a aparecer el gran poeta. Y así fue.
Se bajó de una limusina con neumáticos blancos y
Vidrieras en las ventanas. Luego, con locuacidad clara y silenciosa
Avanzó por el vestíbulo. Se hizo el silencio. Las alas eran grandes.
El corte del traje y el ancho de la corbata estaban pasados de moda.
Cuando hablaba, el aire parecía blanco a causa de los gritos imaginados.
El gusano del deseo horadaba el corazón de todos los que allí estaban.
Tenía los ojos llenos de lágrimas. Estuvo mejor que nunca el gran hombre.
«No hay prisa –dijo al finalizar la lectura–, el fin del mundo
Sólo es el fin del mundo tal y como lo conocéis».
Típico de él, pensaron todos. Luego se fue
Y el mundo se quedó vacío. Hacía frío y no se movía el aire.
Ustedes que están ahí, díganme, ¿qué es la poesía?
¿Puede morirse alguien sin un poco tan siquiera?

Tormenta de uno: poemas, 1999. Traducción de Dámaso López García.

THE GREAT POET RETURNS

When the light poured down through a hole in the clouds,
We knew the great poet was going to show. And he did.
A limousine with all white tires and stained-glass windows
Dropped him off. And then, with a clear and soundless fluency,
He strode into the hall. There was a hush. His wings were big.
The cut of his suit, the width of his tie, were out of date.
When he spoke, the air seemed whitened by imagined cries.
The worm of desire bore into the heart of everyone there.
There were tears in his eyes. The great one was better than ever.
“No need to rush,” he said at the close of the reading, “the end
Of the world is only the end of the world as you know it.”
How like him, everyone thought. Then he was gone;
And the world was a blank. It was cold and the air was still.
Tell me, you people out there, what is poetry anyway?
Can anyone die without even a little?

Blizzard of one: poems, 1999.