Francisco de Quevedo

La vanidad, de Antonio de Pereda

El madrileño Francisco de Quevedo (1580-1645), cumbre del conceptismo, cultivó con maestría la poesía amorosa, metafísica y burlesca. Su “Receta para hacer Soledades en un día”, ataque al estilo gongorino, es la más famosa contrapoética del Barroco.

RECETA PARA HACER SOLEDADES EN UN DÍA

Quien quisiere ser culto en sólo un día,
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica armonía
;

poco, mucho, si no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas traslada, pira, frustra, arpía
;

cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien disuelve émulo canoro
.

Use mucho de líquido y de errante,
su poco de nocturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro.

Que ya toda Castilla,
con sola esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.

MUDA Y TIERNA ELOCUENCIA DERRAMADA…

Muda y tierna elocuencia derramada,
de la razón y pena recogida,
con tener más de vista que de oída,
ni aun de ajeno mirar sois escuchada.

Alma en líquido fuego transformada,
que por más firme unión se da vertida,
y su prisión nos deja persuadida,
saliendo por los ojos desatada;

lenguas de un pensamiento recatado,
ansias que van corriendo, y las poseo,
sangre de los suspiros más amigos:

palabras sois postreras del cuidado,
congojosos extremos del deseo,
del alma partes, de mi amor testigos.

EN ESTOS VERSOS DE MI AMOR DICTADOS…

CANCIÓN

En estos versos de mi amor dictados,
tan bien nacidos, cuanto mal premiados,
es, señora, mi intento
mostrar más voluntad que entendimiento,
pues mi pasión ordena
que no iguale mi ingenio con mi pena.
Fue gran ventura veros;
después de vista, amaros;
y es ya tan imposible el olvidaros,
como poder llegar a mereceros;
y así, reconocido,
piedad, no premio, pido,
ni laurel, pues por vos lo despreciara,
si en la primera Dafne se tornara.
Sed atenta a los versos lastimeros
del que desde que os vio lo está a quereros;
y obligaréis a tanto un tierno amante,
que os deba todo el tiempo que no os cante.

DIJE QUE UNA SEÑORA ERA ABSOLUTA…

Dije que una señora era absoluta,
y siendo más honesta que Lucrecia,
por dar fin el cuarteto la hice puta.

Forzome el consonante a llamar necia
a la de más talento y mayor brío,
¡oh, ley de consonantes dura y recia!

Habiendo en un terceto dicho lío,
un hidalgo afrenté tan solamente
porque el verso acabó bien en judío.

A Herodes otra vez llamé inocente,
mil veces a lo dulce dije amargo
y llamé al apacible impertinente.

Y por el consonante tengo a cargo
otros delitos torpes, feos, rudos,
y llega mi proceso a ser tan largo

que porque en una octava dije escudos,
hice sin más ni más siete maridos
con honradas mujeres ser cornudos.

Aquí nos tienen, como ves, metidos
y por el consonante condenados,
a puros versos, como ves, perdidos,
¡oh, míseros poetas desdichados!

«Sueño del infierno», en Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados del mundo, 1627.