José Miguel Ullán

Agrafismo 168, de José-Miguel Ullán

La trayectoria poética del salmantino José Miguel Ullán (1944-2009) está marcada por una permanente voluntad de experimentación formal y lingüística, por el afán de sorpresa, la ironía y la plasticidad del verso.

POÉTICA

(LA POESÍA NO TIENE SENTIDO)

I

En la noche risueña del destierro, libre ya de la ley y del instinto, un charco de agua clara me detuvo. Mojo el dedo cordial trazando un círculo y su humedad al paladar le encasca.
Boca del lobo: donde renace el sinsabor, la palabra acecha. Acre es la música cibal del signo.
Yo le sacó la lengua, alargo el paso.

II

Llora, porque toda mirada entraña error.
Mas los andrajos, horca, palio y cruz no morirán por este llanto. Mejor, fulgir a solas y rezar en balde. ¿Como el topo? Así; dueño de la penumbra y de su asfixia.
Hablando por hablar. A ciegas. Ojo del corazón, quema el paisaje.

III

Persistente, la rosa. Esclavos somos de raíz. Rosa hedionda, zozobra y estupor de la mordaz melancolía.
A la fosa nasal llama la Historia con sus inciensos categóricos. Corre el verso al runrún del sacrificio, de mar a mar y seductor.
¡Musa servil! Sobre tu altar, un huracán de esperma.

IV

El sordo dios: la carcajada inmóvil.
Murmullo de otra luz será tu fe. Aléjate de la expresión forzada o del silencio amilanado. Oye tan sólo la armonía neutra de lo indeciso e indomable. Deja abierta la puerta más sumisa.
Esa ignorancia zumbará en tu oreja. Fraternalmente.

V

Si la mano va y pierde la cabeza y, en un doble ademán de supresión, rompe la flecha y borra el blanco, ciérrase luego sobre el gran reloj, sangra y se ofrece al vilipendio abyecto, nada esperes que iguale esta pasión, Teoría.
A todo lo demás diles que bueno.

1979. En la antología Joven poesía española, de Concepción G. Moral y Rosa Mª Pereda.

SAGRADO DON…

SAGRADO DON, lascivo despilfarro. La poesía ilumina lo estéril (el suspiro).
De esa quietud voluptuosa nace la gran sospecha gongorina: sin exageración no hay paisaje; sin laberinto no hay rigor; sin lujo no hay escritura.
El conde nos propone una salida, neutra y terrible a un tiempo: maldecir.

«El desimaginario», en Manchas nombradas, 1984.

LA POESÍA

[Un dibujo de Augusto Monterroso]

La poesía (es su estilo el decoro) nos vigila desde bastante lejos, esclava manuscrita de un deber natural,
aunque tampoco resulte raro que nosotros logremos verla más o menos así:

Un dibujo de Augusto Monterroso

con sus ojos chiquirritines, su nariz casi recta, sus labios mantecones y desdeñosos, su cabellera ensortijada, sus pies descalzos y sus manos prácticamente al margen de cualquier posesivo ademán…
Lo demás nos lo tapa esa mesa escueta a la que ahora está sentada y en cuyo centro hay sólo una tacita de café.
Pues ya a la Poesía no le parece nada poco ni mucho: Cecini pascua, rura, duces.

Visto y no visto, 1993.

EL POEMA

Lo que la mano del destino escucha
y dibuja
por última ocasión con voz primera:

Claridad, corazón de cera, escarmiento.

Razón de nadie, 1994.

PARA QUIÉN SE ESCRIBE

Haec aliis maledicta cadant: nos, Delia, amoris
exemplum cana simus uterque coma.

TIBVLLVS

“Sin menoscabar
la primacía de la invención,
el sustrato anecdótico falicita el
descifrado
al situar
en la diégesis
elementos espacio-temporales
de fácil
identificación.”

*

(Que palabrotas de esta especie puedan
sobre otros caer: nosotros, Delia,
aunque canosos, todavía somos
modelo de amor mutuo.)

Razón de nadie, 1994.