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“Hacer de la poesía un ejercicio de constante revelación de la realidad” es el objetivo que se impone a sí mismo el poeta cántabro Lorenzo Oliván (1968). Para ello, rechaza tanto el realismo objetivista, de óptica fotográfica, como el irracionalismo gratuito. En su lugar ensaya una poética plástica e intuitiva, rica en metáforas y símbolos.

CORRIENTE ABAJO

Siéntele el pulso oscuro a lo que escribes.
Son puentes las palabras. Por debajo
pasa, secreto, un clamoroso río.

Asómate. ¿Te ves en la corriente?
¿Cuándo ha sido más vivo tu reflejo,
si no es en esa eterna sucesión
de impetuosas aguas que te llevan?
¿Acaso en el papel de alguna foto
en la que amarilleas siempre inmóvil?
¿Sobre la plana, y casi metafísica,
superficie de algún espejo helado?
¿En los ojos de quien, al contemplarte,
deja ver tras tu ser a un ser que mira?

Sigue, si puedes, el profundo rastro
del verso que te sume allá en su ritmo.
La escritura es un cauce que no ves,
que, al discurrir, te piensa cómo eres
por detrás de tu propio pensamiento.

Libro de los elementos, 2004.

ANCLAJE

Si trabajamos solo con el aire,
si en nuestro arte pesan por encima de todo los silencios,
si dibujamos sombras
que no son la exclusiva proyección de nosotros,
pues son de cualquier hombre y no nos pertenecen,

tendremos que llegar al hueso de las cosas,
al eje de las cosas,
al nudo de las cosas,
como un anclaje férreo
en el mundo, y el ser, y el ser del mundo,

para que lo sutil
y lo huidizo de la poesía
no nos arrastre
a la inexistencia,
vueltos fantasmas de nosotros mismos.

Nocturno casi, 2014.