Gonzalo Rojas

Crucifixión, de Gaby Garfias

La poesía de Gonzalo Rojas (Chile, 1917-2011) indaga en los enigmas de la realidad y proclama el triunfo de la vida y del erotismo sobre la miseria, la muerte, lo oscuro. Concibe la palabra poética como “un rapto casi religioso”, como “invocación a la penumbra”.

SALUDOS A TZARA

Tarde vine a saber que lo que no es aire
en poesía, ni rotación y traslación, son míseros libros
oliscos a inmortalidad, pura impostura
con vernissage y todo en la farsa
del agusanamiento general, llenos de hojas
donde no hay una en que leer las estrellas, una
encinta del Mundo, una tablilla fresca
ligeramente órfica.

Materia de testamento, 1988.

TRES ROSAS AMARILLAS

  1. ¿Sabes cómo escribo cuando escribo? Remo
    en el aire, cierro
    las cortinas del cráneo-mundo, remo
    párrafo tras párrafo, repito el número
    XXI por egipcio, a ver
    si llego ahí cantando, los pies alzados
    hacia las estrellas,
  2. del aire corto
    tres rosas amarillas bellísimas, vibro
    en esa transfusión, entro
    águila en la mujer, serpiente y águila,
    paloma y serpiente por no hablar
    de otros animales aéreos que salen de ella: hermosura,
    piel, costado, locura,
  3. señal
    gozosa asiria mía que lloverá
    le digo a la sábana
    blanca de la página, fijo
    que lloverá,
    Dios mismo
    que lo sabía lo hizo en siete.

Aquí empieza entonces la otra figura del agua.

Desocupado lector, 1990.

LOS VERDADEROS POETAS SON DE REPENTE

Sobre un acorde de Chihuahua:
Los niños en el río
miden el fondo
de la transparencia.

Los verdaderos poetas son de repente:
nacen y desnacen, dicen
misterio y son misterio, son niños
en crecimiento tenaz, entran
y salen intactos del abismo, ríen
con el descaro del abismo, ríen
con el descaro de los 15, saltan
desde el tablón del aire al roquerío
aciago del océano sin
miedo al miedo, los hechiza
el peligro.

Aman y fosforecen, apuestan
a ser, únicamente a ser, tienen mil ojos
y otras mil orejas, pero
las guardan en el cráneo musical, olfatean
lo invisible más allá del número, el
vaticinio va con ellos, son
lozanía y arden lozanía.

Al éxtasis
prefieren el sacrificio, dan sus vidas
por otras vidas, van al frente
cantando, a cada uno
de los frentes, al abismo
por ejemplo, al de la intemperie anarca,
al martirio incluso, a las tormentas
del amor, Rimbaud
los enciende:

«Elle est retrouvée
Quoi? L’Éternité».

Pero la Eternidad es esto mismo.

Qedeshím qedeshóth, 2009.