Aurora Luque

El jardín de Artemisa, de Jesús Zatón

Aurora Luque (Almería, 1962) une en su poesía lo clásico y lo mediterráneo, lo cotidiano y la referencia culta. Con maestría rítmica, revisa los mitos de la cultura occidental en libros como Carpe noctem (1994).

DEL DESCIFRAR

Fluir en la corriente sagrada de los versos
de una noche a otra noche
y ser atropellada, ser mordida
por la negra belleza que estalla en las palabras.

Y qué saturación sentir el aire
de otros mundos, la hoja que temblaba
en la lluvia con sol, los astros asomados
a la leve escritura,
un aroma olvidado de la infancia
o un placer sumergido
en las aguas más hondas de la vida:

carne que se entreviese
–erótico fulgor rosado y denso–
bajo el encaje oscuro del poema.

Problemas de doblaje, 1982.

POÉTICA

Un equipaje sobrio
–una escueta sintaxis despojada
y dos pronombres falsos–
para un fin de milenio. Inservible el amor:
ése es el tema. –¿Acaso no me oyes?
¿No basta imaginar que oyes cómo escribo
para que me parezcan
rentables el hastío y la escritura?
–Desherédame, lengua. No te sirvo.
No acudo a las palabras limpiamente.
Sólo acaricio aquéllas que me queman
y que saben a labios o a odisea.
Sólo quiero adular a la familia
de las palabras muertas del amor.
Será inútil seguir. Queda sólo un pronombre.

Carpe noctem, 1994.

LENGUAJE PROVISIONAL

Palabras que la noche regenera o destruye,
palabras que friccionan entre sí con blanda
ferocidad de tríbades, palabras desgarrando
mutuamente sus límites, su piel más sabia y rota,
las palabras más solas, los colores no ungidos,
una metamorfosis inmediata
de palabras en tacto y en huida,
en anuncio de vértigo, en alas desplegadas
de duras gaviotas, palabras que se enrosquen
con fulgor de serpientes soberanas
al eje del deseo.
Disolución de mitos,
hondura efervescente que comparte el poema
con los labios vacíos.

Carpe noctem, 1994.

LA PALABRA NO ALADA

No hay angustia en la hoja. Inmaculado,
el horror puede estar en las palabras
como una muda íntima y sedosa
o como látigo.

El peligro y la esfinge del poeta:
las palabras volcadas, mutuamente
respirando la asfixia de sus miembros
tensos y rítmicos.

Fulge y perfora el día. Los abrazos
que tendía el poema más celosos
a no sé qué parálisis se rinden
irreversible.

Qué labor de ansiedad con el pretexto
o la fatalidad de las palabras.
El arte pide bloques homogéneos
pulcros de vida.

Carpe noctem, 1994.

NADA MÁS BELLO…

Nada más bello:
un poema que cruza
siglos con pétalos.

«Haikus del año seco», en La siesta de Epicuro, 2008.

BICHOS

Qué bichos raros somos los poetas.
En nuestra casa apenas nos soportan.
En el trabajo usado para fines nutricios
nos ven como a pedantes infelices.
No les puedes contar de nuevo el mismo sueño.
A solas con nosotros, con la página
acariciada casi de algún otro poeta
infeliz y pretérito,
nos rendimos, ebrios,
en un ritual patético y sedante.

Qué bichos raros somos los poetas.
Un monedero apenas de momentos menudos
de concordia, de ardor y de verdad
es la ganancia mínima que deja
nuestra libresca vida con su magra
maleta malcerrada,
cuando nos detenemos
en alguna estación donde la muerte
con su vagón soberbio y antilírico
frena brusca una noche
y nos va recogiendo en su silencio.

Personal & político, 2015.

EL FANTASMA DE EVERGREENS

¿No me conoces? Soy
el fantasma de Evergreens.
¿Por qué has venido a verme?
Sabrás más de lo eterno y de lo bello
si tus dedos comprimen esta hoja roja y fresca
o si sigues a ese pájaro en su vuelo
travieso en la ciudad
que si escarbas mis versos
buscando vuelo y savia.

Corre, sal, vive, vuela.
Los poemas son solamente cápsulas,
aditivos, morfinas, antibióticos.

Personal & político, 2015.