Carlos Bousoño

Collage nº 183, de Francisco Farreras

El asturiano Carlos Bousoño (1923-2015) es uno de los más destacados representantes de la poesía desarraigada de la inmediata posguerra. Himno y elegía se dan la mano en los versos del “poeta incrédulo más hondamente religioso de nuestro tiempo”, en palabras de Francisco Brines.

EL POEMA

Todo está allí, y sigue estando allí, en las palabras
misteriosas, que fueron dichas, pronunciadas,
rotas en una voz de hombre. La crispación del alma,
la grave hora del pesar
más hondo. Mas también
aquel otro dolor,
mínimo para todos, pero no para ti,
en la estación de lluvias, junto al portal oscuro.
O nuestro recordar una canción, a la orilla del bosque en la ladera
suave, un momento de marzo…

… Todo está allí, la sombra, el esplendor
del sol entre las ramas
bajas de los cerezos,
nuestros pasos que van por el sendero
junto al seto de moras,
de niños,
un poco retrasados. Y la riña al llegar
tras la merienda, cuando no lo esperábamos.

… Todo está allí, la sombra del castaño
en el verano suave del norte, y el calor de las islas,
la tristeza, el ensueño, la nostalgia,
la desesperación después, cuando todo cedió
rendidamente,
el caminar postrero…

… Todo está allí, moviéndose o inmóvil,
tal como fue en verdad, entre neblina y leve
sueño. Tal como fue, sin conexión, escaso
de realidad confuso
como vida de hombre.
Y pues fue así, es bien que quede así,
por siempre,
en las fieles palabras.

Noche del sentido, 1957.

ESCRIBIENDO

A Eulalia Galvarriato

La mano en el papel. Intensamente.
Y ha empezado a brotar
algo encendido y dulce,
bien que es profundo el mundo, y nos aguarda,
densa e impenetrable,
aquella oscuridad, en donde, a tientas,
muy lentamente y peligrosamente,
con escala de soga, ya de romperse a punto,
bajamos, sin quererlo, a la honda mina,
la mina honda del vivir
sin sueño: vida, que, en todo instante,
es cual boca de lobo, ademán en la sombra…

Pero ahora es otro el mundo que surge aquí
de pronto.
Es otra cosa
pues vive de otro modo. Es la coexistencia
valiente de lo mucho, el conocer lo múltiple
en un instante sólo
donde es supremo el gozo, la memoria se niega
y la imaginación
sombría es devorada
como en hoguera enorme. Y allí estamos.
Distintos, tan dichosos,
avivado el sentido, acorde el sueño,
enteramente en ella. Somos, sin duda, otros,
y hay purificación entre las llamas
de la sabiduría
donde cantamos todos en coro universal, y hacemos
nuestro el orbe.
La cosa se doblega
al ojo, entre relámpagos,
como el noviazgo ardiente,
cual ahora es el mundo.

El ayer ya no importa, y el dolor es feliz,
y todo ya ha pasado. Fue un mal sueño.
Y una mano materna
enjuga y acaricia nuestro rostro.
Duerme, mi pobre niño. Ve. Descansa.
Duerme.
La verdad no es aquella. Es esta. Vive.

El ojo de la aguja, 1993.