Félix de Azúa

El jazzman, de Enrique Marín

La poesía de Félix de Azúa (Barcelona, 1944), uno de los nueves novísimos de la famosa antología de Castellet, es especialmente críptica, debido al uso de elipsis (se hurta al lector la anécdota de la que nació el poema) y las continuas referencias culturalistas (la mitología, el pensar primitivo, las religiones…).

FUNCIÓN SUPERESTRUCTURAL

Literatura es la forma de historia
como si hacer poesía fuera la leyenda de una sola palabra
monasterios helados la tinta fue sacada con pólvora
desde el puente de mando o ante las ruinas
nadando para cruzar el río o unidos a naciones extrañas
meditativos –la aristocracia es la esencia de la literatura–
al borde del río y del sepulcro.
Una forma de historia muy sutil
no por eso menos unida a la guerra y los dioses
enamorada de lo imperecedero –soberbia, sí–
(oh Señor Dios de los ejércitos)
fragantes y coquetas cuando los nobles cortesanos
unían ambos polos largas colas y puños esmaltados
buenos tiempos para volver a Anfriso y Galatea.
La gran forma de historia Tod ist Freude madre
atlantes rubios antropófagos.
Al disfraz de método y sistema
medio ciegos mezclados hacia dentro hacia fuera
descubiertos en sucios barrios conocidos cuartos
detenidos junto a bacantes y corruptos senadores
subidos en el veloz camión hacia la cárcel
tan arrepentidos como inocentes. Literatura es la historia
letra de historia donde la lupa puede ver los sistemas
en frases que se muerden la cola
rastrear entre palabras victoriosos términos
capítulo final antes de abrir epílogos de la materia.

Edgar en Stéphane, 1971