Rogelio Buendía

Palomas, de José Caballero

La poesía del onubense Rogelio Buendía (1891-1969) se inicia en el Modernismo y a continuación recorre las más variadas tendencias de la poesía de la generación del 27: ultraísmo, neopopularismo, gongorismo y surrealismo.

LA POESÍA DE LO DESCONOCIDO

¡Oh, la dulce delicia de lo incógnito
que se esfuma en las calles y en los campos!

¡Oh, el anhelar saber quién es la dama
que cerca de nosotros ha pasado,
oliendo a violetas o a caléndulas
o al perfume fragante de los nardos!

Delicia del anónimo inocente
que sin querer firmarse está firmado.
al hablar de unos celos y un amor,
por una temblorosa y blanca mano.

Curiosidad ingenua que tenemos
por unos ojos y un perfil románticos…

Pensamiento infantil de nuestra mente
al escuchar de noche ciertos pasos,
que nos hacen rezar estremecidos,
creyéndolos de brujas y de trasgos.

Música que se queda en la memoria,
sin que sepa quién la habrá engendrado…

Versos que yerran por nuestro cerebro
y que locos acuden a los labios,
sin que jamás se sepa quién los hizo
sonar a río y a trascender a prado…

Carreta que se oculta en la vereda
de rosas y de lirios del ocaso,
sin dejar más que surcos paralelos
que acabarán no se sabe dónde y cuándo.

¡Poesía sagrada de lo incógnito,
tienes tú para mí todo el encanto
de lo que se ha tenido y que se va,
y de lo que se espera y no ha llegado!

«Cancionero de paz», en Del bien y del mal, 1913.

EL DOLOR DE ESCRIBIR

Escribir, porque el alma se concentra
y quiere decir cosas indecibles,
palabra que de rara no se encuentra,
cosas que nos parecen imposibles.

¡Escribir un soneto!… Y nuestra vida
se resbala en la pluma y se nos vierte
poco a poco la esencia y una herida
en el alma nos hace ver la muerte.

Y nuestra frente piensa y nuestra angustia
cayendo va en los yertos corazones
con la tristeza de una rosa mustia

que rimara en el viento un ritmo blanco
y que se deshojase en los rincones
de un viejo parque sobre un viejo banco.

«Cancionero diabólico», en Del bien y del mal, 1913.

SIEMPRE TÚ

¡Pero tú… eres Tú!
Paul Géraldy

Que los cañones bárbaros derrumben
las ciudades, que el águila se quede
bajo el hombre, que todos los misterios
se descorran ante el cerebro humano.
Tú siempre serás tú; que nadie nunca
te podrá destronar.

Los poetas irán en los motores
humeantes; dirán sus cantos líricos
por las ondas herzianas, y sus versos
tendrán polos –ánados y cátodos–
pero tú, serás tú, lo que ninguna
balanza pesará.

Todas las fiebres de venenos, todas
las fiebres de rencores, las perfidias
desatarán al mundo. Iremos todos
a un cataclismo horrible…
Pero tú
serás tú, siempre tú, y el polo único
de la belleza culminante, siempre
serás tú, siempre Tú.

El Liberal (Sevilla), 9 de octubre de 1919.

GRITO

Quiero cantar sin pausa
líricamente al desgaire,
como quiera hacer mi flauta
al entrar y salir del aire.

Quiero reírme sin sordina,
ampliamente, al sol del estío,
con esta risa divina
de este corazón tan mío.

Quiero bañar el alma en gozo
salvajemente, y saltar,
hasta tirar la angustia al pozo
y el prejuicio echarlo al mar.

Y, entonces, ir por los caminos
con la alegría en la mirada,
la voz llena de blancos trinos
y la sonrisa beatificada,

a decir que la vida es esto:
y el resto,
nada.

La rueda de color, 1923.

POEMA

Pez, pez, te escapas,
pez, pez, pez, te huyes,
te huyes de ti mismo
y tu sombra es tu cuerpo.

Pez, pez, te vas,
pez, pez, te escondes,
¿dónde y en qué sonrisa?
¿en qué rosado aire?

Mi mano te persigue.
¿Pez? ¡No pez! sonrisa.
Pez, pez. No pez. Un verso
que no pudo decirse.

Ventana abierta, en Poesía inédita y dispersa, 1999.

LOS VERSOS

Los versos son los niños
del alma que no pueden ser metidos
en cárceles ni en tristes calabozos
porque su vida es luz y es armonía
y juegan, inocentes, en los parques
de todos los alegres días de fiesta
que no se llaman lunes ni domingos.
Los versos son la gracia de la vida
y no pueden llevarse a sanatorios
ni comprimir en máquinas neumáticas
ni tundir con garrotes ni palabras.
Ellos cantan, rebrincan, dan sus gritos,
inocentes, lumínicos, radiantes,
en medio de las pistas blancas, como
titiriteros inconscientes que alzan
sus piernas alambres en sol y azules,
atrevidos, sin pizca de malicia,
sin temor al maestro de la escuela
ni al guardia de la esquina. Cantarinos
como el agua, mis niños, mis colegios,
en plena luz y en plena alegoría,
cantando siempre, van en una alegre
bandada como pájaros del cielo
que se posasen en la blanca nieve
donde hicieron sus nidos y se fueron
a todos los países del ensueño.
Venid, cogedlos. No los cogeréis,
porque, ¿quién ata un niño a un hombre duro?,
digo yo a los prosaicos hombres fríos
y a los que envidian, ¿quién en prisión mete
a los versos sencillos y fugaces
ni los ensartan como a muñecajos
con el filo cruel de un duro sable?

Ventana abierta, en Poesía inédita y dispersa, 1999.

POEMA

Te tira el dolor de las piernas,
te hinca lo feo su garra.
Ya quieres volar y no puedes,
hay algo que quiere añadirte
ideas de pan amasado
con cuajo que emporca la masa.
Los bajos y astrosos dolores
echados a ti te envanecen,
creyéndote físico tonto
que al fin triunfará de la muerte.
Por fin te has librado de todo:
del eco, del mal, de la nada.
Y sales, poema, tan limpio
e inútil, tan puro, que, clara
la luz que te trajo a la vida,
espejo o arroyo,
de ti se engalana.

Halalí (1960), en Poesía inédita y dispersa, 1999.