Carles Riba

Carles Riba (Barcelona, 1893-1959) concibe la creación poética como una ofrenda amorosa, en que el poeta se entrega junto con sus trazos, sus palabras. Representa dentro de la literatura catalana el primer empeño por conseguir una poesía pura, sin referencias explícitas a la realidad.

DON DEL POEMA

¿A quién, si no a ti,
diré, Amor, la hora llorada en la soledad invisible,
en donde el imposible deseo crece y calla,
donde el verde es nocturno y todo astro inseguro
y sed de mayor sed hace imposible el deseo?

¡Tú me llamas, regio amor verdadero!
Puedo huir: todo lazo se quema en tu llama encendida;
ay, y morir: todo fruto me ha sido dado en tu dulzura.
Pero quedo en tu vida, nazco a lo que más vale
desde el secreto corazón de tu dulzura.

Vivo, no por anteriores sueños,
te traeré, Amor, el poema inefable,
sino por la hora tuya, pura en su extremo tallo,
y por el trabajo humilde que mis manos hicieron
para imitar la flor –¡oh poema inefable!

Del juego y del fuego, 1946. Traducción de Paulina Crusat.

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Ulises Varsovia

La poesía de Ulises Varsovia (Chile, 1949) muestra cierta preferencia por el poema breve o de extensión media, el verso libre y los tonos neorrománticos, desde el melancólico, en los poemas que rememoran desde la distancia su Valparaíso natal, hasta el rabioso con que denuncia las injusticias.

AUTOCANCIÓN

Las palabras
caen
del espíritu al papel
como una íntima voz
que deviniera libre,
de pronto, y gritara.

No puedo nada contra ello, Claire,
ellas se abren paso en mi interior,
ellas huyen de su prisión
y traducen mis más secretos sueños.

En el alto otoño,
mientras la muerte cercena
vegetales existencias,
se yerguen las palabras
desde el silencio
y delatan mi interior inaccesible.

Una canción canta entonces en mí
como un esclavo devenido libre
que acusara a su señor y le humillara.

Sobre el papel, entonces,
con plena conciencia, despiadadas,
cantan ellas mis más ocultos sueños,
yacen ante mí
cual niños quejumbrosos
erigidos brutalmente.

El otoño en San Gall, 1992.

Ángeles Mora

La poesía de Ángeles Mora (Rute, Córdoba, 1952) pretende romper con todo un inconsciente ideológico femenino a través de la ironía. La crónica sentimental de los sucesos diarios, escrita en el lenguaje de todos los días, es la base de su poética.

PARA HABLAR CONTIGO

De aquellos borradores que perdí
o que olvidé
o que se fueron,
qué parte de mí misma se salvó,
cuánto dejé de ser
escapando al abismo de unos versos.

Hasta dónde pudieron conducirme
tantos caminos inexplorados,
tantas lianas rotas en un bosque
cargado de silencios.

Y de tantas palabras que busqué,
la sola condición de mi existencia,
cuáles no confluyeron
en esta oscuridad de luna nueva
y estrellas que se fugan por el cielo.

La tierra es un lugar para vivir
pero los versos son la propia vida.

Sé que soy yo
pues me escribí en lo negro de tus ojos.

Contradicciones, pájaros, 2001.

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René Char

“Poeta de la rebelión y de la libertad” —en palabras de Albert Camus—, el francés René Char (1907-1988) construyó una obra poética rica en imágenes, aunque concisa, en torno a la belleza, la poesía y la dignidad humana. En sus versos manifiesta la confianza en las posibilidades nobles de la existencia humana.

DIVERGENCIA

El caballo de estrecha cabeza
Ha condenado a su enemigo,
El poeta de ociosos talones,
A céfiros más severos
Que los que corren por su voz.
La tierra arruinada se recupera
Por más que un hierro la siga hiriendo.

Volved a las granjas, pueblo paciente;
En los almendros por primavera
Chorrean vejez y juventud.
La muerte sonríe al borde del tiempo
Que le da alguna nobleza.

En las alturas del verano
Es donde se rebela el poeta
Y de las ascuas de la cosecha
Extrae la antorcha y la locura.

«La siesta blanca», Los Matinales, 1947-1948. Traducción de Jorge Riechmann.

DIVERGENCE

Le cheval à la tête étroite
A condamné son ennemi,
Le poète aux talons oisifs,
À de plus sévères zéphyrs
Que ceux qui courent dans sa voix.
La terre ruinée se reprend
Bien qu’un fer continu la blesse.

Rentrez aux fermes, gens patients;
Sur les amandiers au printemps
Ruissellent vieillesse et jeunesse.
La mort sourit au bord du temps
Qui lui donne quelque noblesse.

C’est sur les hauteurs de l’été
Que le poète se révolte,
Et du brasier de la récolte
Tire sa torche et sa folie.

«La sieste blanche», Les Matinaux, 1947-1948.

Florilegio de metapoesía