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Poéticas – Literatura hispanoamericana – Literatura mexicana

Jaime Torres Bodet

Allá cuelga mi vestido, de Frida Khalo

Jaime Torres Bodet (1902-1974) formó parte del grupo Contemporáneos, de México. Su poesía revela la objetivación de actitudes emotivas ante la vida, su encarnación en imágenes que les dan valor poético y las hacen asequibles al lector.

POESÍA

¿Con qué invisible tinta
simpática te habían
escrito en mí las fechas
los sueños y las causas
–para que no te vieran
los ojos de los hombres–
reservado mensaje,
trémula poesía?

Yo me creía exento
del tiempo y del espacio,
eterno como el texto
de un pensamiento claro;
cuando empezó una llama
retórica a morderme
y vi, entre los renglones
que el fuego deshacía,
aparecer la firma
del Rey desesperado
que, desde un siglo muerto,
decreta mis acciones,
envenena mis odios
y poda mis enigmas.

Secreto codicilio
de un testamento falso,
verdad entre pudores,
confesión entre líneas.
¿Quién te escribió en mi pecho
con invisible tinta,
amor que sólo el fuego
revela cuando toca,
dolor que sólo puede
leerse entre cenizas,
decreto de qué sombra,
póstuma poesía?

Cripta, 1937.

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José Emilio Pacheco

De la serie Zoología mental, de Rodolfo Nieto

La poesía del mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) es una reflexión, entre crítica e irónica, sobre la condición humana. El paso del tiempo, la historia y sus atrocidades, el mundo y sus desasosiegos, la magia que surge de lo cotidiano… son temas frecuentados por él.

ES HOGUERA EL POEMA…

Es hoguera el poema
y no perdura

Hoja al viento
tal vez
También tristísima
Inmóvil ya
desierta
hasta que el fuego
renazca en su interior

Cada poema
epitafio del fuego
cárcel
llama
hasta caer
en el silencio en llamas

Hoja al viento
tristísima
la hoguera

El reposo del fuego, 1963-64.

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Manuel Maples Arce

Máscara 551, de Germán Cueto

La poesía de Manuel Maples Arce (1900-1981), fundador del estridentismo, movimiento de vanguardia mexicano que pretendió conjugar la modernidad del futurismo con la irreverencia Dadá, se caracteriza por su gran variedad de registros y su constante inquietud de renovación.

CANCIÓN DESDE UN AEROPLANO

Estoy a la intemperie
de todas las estéticas;
operador siniestro
de los grandes sistemas,
tengo las manos
llenas
de azules continentes.

Aquí, desde esta borda,
esperaré la caída de las hojas.
La aviación
anticipa sus despojos,
y un puñado de pájaros
defiende su memoria.

Canción
florecida
de las rosas aéreas,
propulsión
entusiasta
de las hélices nuevas,
metáfora inefable despejada de alas.

Cantar
Cantar.
Todo es desde arriba
equilibrado y superior,
y la vida
es el aplauso que resuena
en el hondo latido del avión.

Súbitamente
el corazón
voltea los panoramas inminentes;
todas las calles salen hacia la soledad de los horarios;
subversión
de las perspectivas evidentes;
looping the loop
en el trampolín romántico del cielo,
ejercicio moderno
en el ambiente ingenuo del poema;
la Naturaleza subiendo
el color del firmamento.

Al llegar te entregaré este viaje de sorpresas,
equilibrio perfecto de mi vuelo astronómico;
tú estarás esperándome en el manicomio de la tarde,
así, desvanecida de distancias,
acaso lloras sobre la palabra otoño.

Ciudades del norte
de la América nuestra,
tuya y mía;
New-York,
Chicago,
Baltimore.

Reglamenta el gobierno los colores del día,
puertos tropicales
del Atlántico,
azules litorales
del jardín oceanográfico,
donde se hacen señales
los vapores mercantes;
palmeras emigrantes,
río caníbal de la moda,
primavera, siempre tú, tan esbelta de flores.

País donde los pájaros hicieron sus columpios.
Hojeando tu perfume se marchitan las cosas,
y tú lejanamente sonríes y destellas,
¡oh novia electoral, carrusel de miradas!
lanzaré la candidatura de tu amor
hoy que todo se apoya en tu garganta,
la orquesta del viento y los colores desnudos.
Algo está aconteciendo allá en el corazón.

Las estaciones girando
mientras capitalizo tu nostalgia,
y todo equivocado de sueños y de imágenes;
la victoria alumbra mis sentidos
y laten los signos del zodíaco.

Soledad apretada contra el pecho infinito.
De este lado del tiempo,
sostengo el pulso de mi canto;
tu recuerdo se agranda como un remordimiento,
y el paisaje entreabierto se me cae de las manos.

Poemas interdictos, 1927.

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