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Ricardo Jaimes Freyre

El triunfo de la naturaleza, de Cecilio Guzmán de Rojas

Ricardo Jaimes Freyre (Bolivia, 1868-1933) destaca dentro del modernismo hispánico por el poder evocador de su lenguaje y el atractivo de las leyendas medievales y nórdicas que recrea.

EL POETA CELEBRA EL GOCE DE LA VIDA

A Jacinto Rafael Pachano

Jacinto, de la rosa del viejo Anacreonte
sacó la abeja antigua dulcísimos panales;
cuando cerró sus templos el rojo dios bifronte
oyéronse en el Lacio himnos de amor triunfales.

Vano es que el blanco cisne la oscura muerte afronte
si no canta su canto de notas inmortales.
La misteriosa sombra no cubre el horizonte
sin que la luz fecunda prodigue sus raudales.

Yo que el jardín de Horacio pisé gozoso un día
y tuve de las risas la amable compañía,
sé que no hay, bajo el cielo, más venturosa suerte.

Ábrase así, a tus ojos, el pavoroso arcano,
mientras mis pasos llevo por entre el bosque humano,
soñador y nostálgico y triste hasta la muerte…

País de sombra, 1899.

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César Young Núñez

Fin de siglo, de Julio Zachrisson

La poesía de César Young Núñez (Panamá, 1934) muestra cierta dependencia de la antipoesía de Parra (parodia, lenguaje conversacional…), pero su humor es menos amargo.

A SOLICITUD DE PARTE INTERESADA

Con la mano en el pecho de mi libro,
certifico que estos versos espantosos,
no fueron escritos por mi mano.
Ustedes me preguntarán quién pudo ser.
La verdad sea dicha sin tapujos!
Fue mi pluma Sheaffer!

Verán ustedes mis carísimos lectores.
Hice un trato con mi buena amiga la Poesía:
dos cajetillas de cigarrillos por poema,
y una caja de ecuanil para los nervios.
Menudo lío que me metí con este trato.
A cada rato me llamaba la pluma por teléfono
preguntándome el significado de un vocablo.

A los que hagan el esfuerzo de leerlos,
sin comerse los puntos y las comas,
(No confundir con un restorán el libro)
desde la primera hasta la última palabra
yo les doy las buenas noches,
mi poesía es una droga de dormir.

Antes de terminar les pido,
ceñirse estrictamente a la receta.
No tengo ganas
de asistir a un entierro.

Poemas de rutina, 1967.

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Jorge Guillén

Mujer leyendo, de Francisco Bores

La lírica del vallisoletano Jorge Guillén (1893-1984) es paradigma de la “poesía pura” o “intelectual”, a pesar del entusiasmo vital de sus versos.  Su lenguaje, muy elaborado, destaca por la densidad conceptual.

TENTATIVA DE COLABORACIÓN

Sobre el silencio nocturno
Se levantan, se suceden
Frases. Las impulsa un ritmo:
Claro desfile de versos
Que sin romper el negror
De la noche a mí me alumbran.
Se funden cadencia y luz:
Palabra hacia poesía,
Que se cumple acaso en ti,
en tu instante de poeta,
Mi lector.

Homenaje, 1967.

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Olga Orozco

Domingo por la tarde, de Leonor Fini

Olga Orozco (1920-1999) es una de las principales voces de la poesía surrealista argentina. El tiempo, la soledad, la muerte, el dolor de conocimiento son los temas que recorren sus poemas.

DENSOS VELOS TE CUBREN, POESÍA

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni en esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo
y las indescifrables colonias de otro mundo.

Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.

Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!

Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división
[y la caída.

¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En qué Delfos perdido en la corriente
suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para
[manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva
–ése y no cualquier otro–
en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?

No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!

Sin embargo
ahora mismo
o alguna vez
no sé
quién sabe
puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos
[encendidos.

¡Ah las manos cortadas,
los ojos que encandilan y el oído que atruena!
¡Un puñado de polvo, mis vocablos!

Mutaciones de la realidad, 1979.

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Sonia Manzano

Nocturno, de Pilar Bustos

La poeta y narradora ecuatoriana Sonia Manzano (1947) pretende llevar el grito y la lucha de las mujeres a la literatura. Con un lenguaje provocador, deudor de la antipoesía, se atreve a tratar temas tradicionalmente considerados tabúes en la poesía femenina.

PURA CARCOMA CON FORMA DE PALOMA

Ahora sólo te elaboro
para leerte yo,
para consumo interno,
para uso y abuso de mis ojos
(factores de producción han deteriorado mis
modos de producir amor a gran escala)
Mejor es que me siente a tu lado
en estos graderíos circulares
para observar
la representación de una tragicomedia en piedra
dividida en cinco actos de argamasa
con sus respectivos abucheos de arena.

Mejor es que te quedes con tus rizos de estatua aliñada
y sin más vistas
que la de algunos secos dioses ya listos para la taxidermia.

Poesía que una vez yo poseía:
qué hacer o qué no hacer
para evitar que tu triste cacareo se estrelle en una sartén
sin que hayas muerto,
qué hacer o qué no hacer
para que no te quedes de pasabola,
para que puedas en una última y desesperada instancia
batear de un solo colibrí desviado
los dos versos todavía no enteramente convencidos
de que no hay poesía que dure cien años
ni cuerpo que lo resista.

Ya no está tu agonía trotona para desgorgorarse
en silvestres gorgoritos,
no obstante
te haré pasar de contrabando debajo de mi brazo

Oh poesía que alguna vez me poseyera,
qué hacer o qué no hacer
para que de estos versos
resurja ese perdón que necesito,
de ti, paloma aguada,
pura carcoma con forma de paloma,
paloma aguardentosa carcomida
a la que he retorcido por las patas tantas veces
queriendo que gotees
la ley seca que pesa en mis palabras.

Carcoma con forma de paloma, 1988.

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