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Hernando de Acuña

Dánae y la lluvia de oro, de Tiziano

El vallisoletano Hernando de Acuña (1518-1580), militar y poeta, es autor del famoso endecasílabo “un Monarca, un Imperio y una Espada”, que sintetiza el ideal político de la España renacentista. Escribió poemas a la moda petrarquista, siguiendo el modelo de Garcilaso, al que no dudó, sin embargo, en parodiar en una canción.

HUIR PROCURO EL ENCARECIMIENTO…

SONETO I

Huir procuro el encarecimiento,
no quiero que en mis versos haya engaño,
sino que muestren mi dolor tamaño
cual le siente en efeto el sentimiento.

Que mostrándole tal cual yo le siento
será tan nuevo al mundo y tan extraño,
que la memoria sola de mi daño
a muchos pondrá aviso y escarmiento.

Así, leyendo o siéndoles contadas
mis pasiones, podrán luego apartarse
de seguir el error de mis pisadas

y a más seguro puerto enderezarse,
do puedan con sus naves despalmadas
en la tormenta deste mar salvarse.

Varias poesías, 1591, póstumo.

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Antonio Ros de Olano

La condesa de Vilches, de Federico Madrazo

En las poesías del militar español, nacido en Venezuela, Antonio Ros de Olano (1808-1886), convive el prosaísmo realista y sentimental, aprendido de Campoamor, con ciertos desbordamientos románticos esproncedianos. Lo truculento y lo grotesco son ingredientes de algunos de sus mejores versos.

SUEÑO

EL POETA

No vuelvas a la líquida morada
virgen del lago que a los aires subes…
Sigue sobre la niebla reclinada:
nunca te arropen las flotantes nubes…

LA VISIÓN

Mi viaje es a la nada.

EL POETA

Como el halcón tras de la garza huida,
por los espacios seguiré tu vuelo;
alas de amor impulsan mi subida;
si al cielo vas, te prenderé en el cielo…

LA VISIÓN

Es la mayor caída.

EL POETA

Sepa quién eres, virgen de halagüeños
ojos, que antes me veló el rocío;
leve cendal revela tus pequeños
redondos pechos, al intento mío…

LA VISIÓN

El hada de los sueños.

EL POETA

¡Ah! yo te miro en la extensión lejana,
muy más hermosa cuanto más desnuda…–
¿Huyendo vas la sensación humana? –
¿Teme tal vez tu corazón la duda?…

LA VISIÓN

El tedio de mañana.
Yo soy la garza que el halcón sujeta,
viendo los horizontes más lejanos:
cuando me alcance tu ambición inquieta,
¡acuérdate! se quebrará en tus manos
la lira del poeta.

«La pajarera», en Poesías, 1886.

Charles Baudelaire

Hombre joven junto al mar, de Hippolyte Flandrin

El francés Charles Baudelaire (1821-1867) está considerado como el fundador de la poesía moderna y el gran precursor del simbolismo. Su obra Las flores del mal, censurada y perseguida en su tiempo por  inmoral, es el primer libro de poesía urbana de la literatura europea.

ALBATROS

Por divertirse, a veces cazan los marineros
albatros, altas aves de los cielos marinos,
que siguen, indolentes y fieles compañeros,
a las naves que surcan los amargos caminos.

Esos reyes del aire, presos en las cubiertas,
apenas si consiguen caminar, y los vemos
arrastrando sus grandes, blancas alas, abiertas,
tímida y torpemente, como si fueran remos.

¡Qué desmañada y débil, alada criatura,
antes bella, y ahora tan ridícula y fea!
El uno, cojeando, remeda su figura;
el otro, con su pipa, el pico le golpea.

El poeta, a ese príncipe de las nubes, que habita
libre en la tempestad, del todo es semejante;
exiliado en la tierra, entre el vulgo que grita,
le impiden caminar sus alas de gigante.

Las flores del mal, 1857. Traducción de Esteban Torre.

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Olga Orozco

Domingo por la tarde, de Leonor Fini

Olga Orozco (1920-1999) es una de las principales voces de la poesía surrealista argentina. El tiempo, la soledad, la muerte, el dolor de conocimiento son los temas que recorren sus poemas.

DENSOS VELOS TE CUBREN, POESÍA

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni en esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo
y las indescifrables colonias de otro mundo.

Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.

Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!

Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división
[y la caída.

¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En qué Delfos perdido en la corriente
suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para
[manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva
–ése y no cualquier otro–
en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?

No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!

Sin embargo
ahora mismo
o alguna vez
no sé
quién sabe
puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos
[encendidos.

¡Ah las manos cortadas,
los ojos que encandilan y el oído que atruena!
¡Un puñado de polvo, mis vocablos!

Mutaciones de la realidad, 1979.

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Sonia Manzano

Nocturno, de Pilar Bustos

La poeta y narradora ecuatoriana Sonia Manzano (1947) pretende llevar el grito y la lucha de las mujeres a la literatura. Con un lenguaje provocador, deudor de la antipoesía, se atreve a tratar temas tradicionalmente considerados tabúes en la poesía femenina.

PURA CARCOMA CON FORMA DE PALOMA

Ahora sólo te elaboro
para leerte yo,
para consumo interno,
para uso y abuso de mis ojos
(factores de producción han deteriorado mis
modos de producir amor a gran escala)
Mejor es que me siente a tu lado
en estos graderíos circulares
para observar
la representación de una tragicomedia en piedra
dividida en cinco actos de argamasa
con sus respectivos abucheos de arena.

Mejor es que te quedes con tus rizos de estatua aliñada
y sin más vistas
que la de algunos secos dioses ya listos para la taxidermia.

Poesía que una vez yo poseía:
qué hacer o qué no hacer
para evitar que tu triste cacareo se estrelle en una sartén
sin que hayas muerto,
qué hacer o qué no hacer
para que no te quedes de pasabola,
para que puedas en una última y desesperada instancia
batear de un solo colibrí desviado
los dos versos todavía no enteramente convencidos
de que no hay poesía que dure cien años
ni cuerpo que lo resista.

Ya no está tu agonía trotona para desgorgorarse
en silvestres gorgoritos,
no obstante
te haré pasar de contrabando debajo de mi brazo

Oh poesía que alguna vez me poseyera,
qué hacer o qué no hacer
para que de estos versos
resurja ese perdón que necesito,
de ti, paloma aguada,
pura carcoma con forma de paloma,
paloma aguardentosa carcomida
a la que he retorcido por las patas tantas veces
queriendo que gotees
la ley seca que pesa en mis palabras.

Carcoma con forma de paloma, 1988.

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