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Manuel Maples Arce

Máscara 551, de Germán Cueto

La poesía de Manuel Maples Arce (1900-1981), fundador del estridentismo, movimiento de vanguardia mexicano que pretendió conjugar la modernidad del futurismo con la irreverencia Dadá, se caracteriza por su gran variedad de registros y su constante inquietud de renovación.

CANCIÓN DESDE UN AEROPLANO

Estoy a la intemperie
de todas las estéticas;
operador siniestro
de los grandes sistemas,
tengo las manos
llenas
de azules continentes.

Aquí, desde esta borda,
esperaré la caída de las hojas.
La aviación
anticipa sus despojos,
y un puñado de pájaros
defiende su memoria.

Canción
florecida
de las rosas aéreas,
propulsión
entusiasta
de las hélices nuevas,
metáfora inefable despejada de alas.

Cantar
Cantar.
Todo es desde arriba
equilibrado y superior,
y la vida
es el aplauso que resuena
en el hondo latido del avión.

Súbitamente
el corazón
voltea los panoramas inminentes;
todas las calles salen hacia la soledad de los horarios;
subversión
de las perspectivas evidentes;
looping the loop
en el trampolín romántico del cielo,
ejercicio moderno
en el ambiente ingenuo del poema;
la Naturaleza subiendo
el color del firmamento.

Al llegar te entregaré este viaje de sorpresas,
equilibrio perfecto de mi vuelo astronómico;
tú estarás esperándome en el manicomio de la tarde,
así, desvanecida de distancias,
acaso lloras sobre la palabra otoño.

Ciudades del norte
de la América nuestra,
tuya y mía;
New-York,
Chicago,
Baltimore.

Reglamenta el gobierno los colores del día,
puertos tropicales
del Atlántico,
azules litorales
del jardín oceanográfico,
donde se hacen señales
los vapores mercantes;
palmeras emigrantes,
río caníbal de la moda,
primavera, siempre tú, tan esbelta de flores.

País donde los pájaros hicieron sus columpios.
Hojeando tu perfume se marchitan las cosas,
y tú lejanamente sonríes y destellas,
¡oh novia electoral, carrusel de miradas!
lanzaré la candidatura de tu amor
hoy que todo se apoya en tu garganta,
la orquesta del viento y los colores desnudos.
Algo está aconteciendo allá en el corazón.

Las estaciones girando
mientras capitalizo tu nostalgia,
y todo equivocado de sueños y de imágenes;
la victoria alumbra mis sentidos
y laten los signos del zodíaco.

Soledad apretada contra el pecho infinito.
De este lado del tiempo,
sostengo el pulso de mi canto;
tu recuerdo se agranda como un remordimiento,
y el paisaje entreabierto se me cae de las manos.

Poemas interdictos, 1927.

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Carlos Álvarez

El prisionero, de Juan Genovés

El gaditano Carlos Álvarez (1933) es el más fiel continuador de los postulados de la poesía social en la generación del 50: realismo, tono combativo, intencionalidad crítica, concepción de la poesía como instrumento para cambiar la realidad…

QUISIERA UN VERSO MANCHADO…

Quisiera un verso manchado
por la cal y por la grasa:
verso de andamio y de forja
para el son de tu guitarra.

Quisiera un verso caliente
para el frío de tu casa:
verso crecido en la tierra
como crece la mañana.

Quisiera estar en tu copla
cuando el vino te acompaña,
y repartirme en tus vasos
que alimentan tu esperanza.

…Y quisiera estar contigo
cuando el hambre te traspasa,
y hacerte un pan amasado
con sudor y con palabras.

Tiempo de siega, 1960.

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Günter Kunert

El tránsito, de A. R. Penck

Günter Kunert (Alemania, 1929) muestra en su poesía su desconfianza hacia las ideologías y el deseo de expresar lo indecible.

POEMA DEL POEMA

Más que un poema
es por ejemplo: Ningún poema,
pues el Nopoema vive
como suave tibieza de la inspiración:
sentimiento ambiental
de la gota en el agua.
El cuerpo se siente protegido.
El corazón no siente nada.
La balanza está equilibrada.
La plomada cuelga en silencio.

El poema es estado,
pues el poema destruye
en tanto
surge de sí mismo.

Cuidado con los espejos, 1970. Traducción de José Luis Reina.

Jorge Debravo

Latinoamérica, de Luis Daell

El costarricense Jorge Debravo (1938-1967), de origen campesino y pobre, escribió contra la muerte y la miseria, siempre con profunda fe en el ser humano y con la esperanza de un cambio positivo.

NOSOTROS LOS HOMBRES

Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,
que es traer el mundo a las espaldas.

Soy como un perro que ruge a solas, ladra
a las fieras del odio y de la angustia,
echa a rodar la vida en mitad de la noche.

Traigo sueños, tristezas, alegrías, mansedumbres,
democracias quebradas como cántaros,
religiones mohosas hasta el alma,
rebeliones en germen echando lenguas de humo,
árboles que no tienen
suficientes resinas amorosas.

Estamos sin amor, hermano mío,
y esto es como estar ciegos en mitad de la tierra.

Nosotros los hombres, 1966.

Persio

Mosaico de Neptuno

Del poeta latino Persio (34 a 62 d. C.) se conservan seis sátiras en hexámetros y este prólogo en coliambos. Su estilo es oscuro, lleno de alusiones sociales y literarias.

NI HE BEBIDO EN LA FUENTE CABALINA…

Ni he bebido en la fuente Cabalina,
ni he soñado jamás, que yo recuerde,
sobre la doble cumbre del Parnaso,
para súbito, así, surgir poeta.
A Pirene la pálida, a las diosas
del Helicón entrego a los varones
cuyos bustos rodea y acaricia
la trepadora hiedra, y yo presento,
poeta colegiado sólo a medias,
mis cantos a las fiestas de los vates.
¿Quién hizo articular al papagayo
su «¡Buenos días!», quién a las urracas
enseñó a remedar nuestros sonidos?
La rectora del arte, dadivosa
dispensadora del talento: el hambre,
maestra en imitar voces negadas.
Que si esperanza brilla de dinero
falaz, las poetisas y poetas
–urracas, cuervos– cantan, se diría
la ambrosía y el nectar de Pegaso.

Prólogo a las Sátiras. Traducción de Luis Alberto de Cuenca.

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