Archivo de la categoría: Literatura latina

Poéticas – Literatura latina

Tibulo

Ninfa, fresco pompeyano

Entre los poetas elegíacos latinos, Albio Tibulo (h. 54 a. C. – 19 a. C.) es uno de los más claros y elegantes, en opinión de Quintiliano. Caracteriza a su cancionero un tono sentimental, teñido de una nota de nostalgia y lastimera por un pasado feliz.

JÓVENES, AMAD A LAS PIÉRIDES Y A LOS DOCTOS POETAS…

Jóvenes, amad a las Piérides y a los doctos poetas,
y no sobrepujen a las PIérides presentes de oro.
Por el canto es púrpura la cabellera de Niso: si no existieran cantos
no brillaría el marfil en el hombro de Pélope.
A quien canten las Musas, vivirá mientras la tierra, robles,
mientras el cielo, estrellas, mientras el torrente, aguas tenga.
Pero quien no oye a las Musas, quien vende el amor,
que ése siga el carro de Ope, la del Ida,
y que recorra en sus vagabundeos trescientas ciudades
y se corte los viles miembros entre tonadas frigias.
Venus misma desea que haya sitio para ternuras; ella favorece
a suplicantes quejas, a míseros llantos.

Elegías, libro I, elegía IV, vv. 61-72. Traducción de Hugo Francisco Bauzá.

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Ovidio

Venus en cuclillas en el baño, copia romana de una escultura helenística

Publio Ovidio Nasón (43 a. C.-17 d. C.), poeta del amor mundano, dotado de una gran cultura y erudición mitológica, es la última figura importante de la elegía amorosa romana.

LAS ARMAS Y LAS GUERRAS VIOLENTAS ME APRESTABA…

Las armas y las guerras violentas me aprestaba
a cantar con solemne ritmo, asunto
adecuado a la métrica. Igual al primer verso
era el segundo. Pero se cuenta que Cupido
rio y le arrancó un pie a escondidas.
«Niño cruel, ¿quién te ha dado ese derecho
sobre el verso? Formamos los poetas
el tropel de las Piérides, no el tuyo.
¿Qué pasaría si Venus a la rubia Minerva
le arrancara las armas y la rubia Minerva
sacudiera en el aire las teas llameantes?
¿Vería bien alguien que reinara Ceres
sobre los bosques que hay en las montañas,
y que los campos fuesen cultivados
bajo el poder de la doncella armada
con el carcaj? A Febo el de hermosos cabellos
¿alguien le dotaría de lanza aguda,
mientras que Marte toca la aonia lira?
Niño, tus reinos son
grandes y en demasía poderosos.
¿Por qué, ambicioso, aspiras
a una posesión nueva?
¿Por doquier todo es tuyo? ¿Tuyo el valle
del Helicón? ¿Ni Febo ya siquiera
va a ser dueño seguro de su lira?
Cuando una nueva página
con el verso primero empieza bien,
debilita el siguiente mis impulsos.
Pero yo para un ritmo más ligero
no tengo materiales apropiados:
no un muchacho, tampoco una muchacha
de larga cabellera acicalada.»
Apenas acababa de quejarme
cuando él, abriendo su carcaj de pronto,
extrajo las saetas
para perdición mía fabricadas,
y sobre la rodilla, decidido,
curvó cual media luna
su arco combado y dijo:
«Toma poeta, toma para que cantes».
¡Desgraciado de mí! El niño tiene flechas
certeras. Yo me abraso, y el Amor
reina en mi corazón deshabitado.
Que nazcan, pues, mis versos con ritmo de seis pies,
y que en cinco se queden. ¡Adiós, guerras
feroces, y quedaos con vuestra métrica!
Ciñe tus rubias sienes
con mirto ribereño, Musa, tú que has de ser
cantada con un ritmo de once pies.

Amores. Poema I. Traducción de Juan Antonio González Iglesias.

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Persio

Mosaico de Neptuno

Del poeta latino Persio (34 a 62 d. C.) se conservan seis sátiras en hexámetros y este prólogo en coliambos. Su estilo es oscuro, lleno de alusiones sociales y literarias.

NI HE BEBIDO EN LA FUENTE CABALINA…

Ni he bebido en la fuente Cabalina,
ni he soñado jamás, que yo recuerde,
sobre la doble cumbre del Parnaso,
para súbito, así, surgir poeta.
A Pirene la pálida, a las diosas
del Helicón entrego a los varones
cuyos bustos rodea y acaricia
la trepadora hiedra, y yo presento,
poeta colegiado sólo a medias,
mis cantos a las fiestas de los vates.
¿Quién hizo articular al papagayo
su «¡Buenos días!», quién a las urracas
enseñó a remedar nuestros sonidos?
La rectora del arte, dadivosa
dispensadora del talento: el hambre,
maestra en imitar voces negadas.
Que si esperanza brilla de dinero
falaz, las poetisas y poetas
–urracas, cuervos– cantan, se diría
la ambrosía y el nectar de Pegaso.

Prólogo a las Sátiras. Traducción de Luis Alberto de Cuenca.

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