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Poéticas – Literatura alemana

Paul Celan

El castillo, de Avigdor Arikha

El rumano Paul Celan (1920-1970) es uno de los mayores poetas de la lengua alemana. En su poema “Fuga de la muerte” expresó el trágico destino del pueblo judío.

HACIA DONDE SE ME CAYÓ LA PALABRA QUE ERA INMORTAL…

Hacia donde se me cayó la palabra que era inmortal:
en la garganta del cielo detrás de la frente,
hacia allí va, asistida por saliva y basura,
la Siete-Estrellas que conmigo vive.

En la bitácora las rimas, el aliento en el estiércol,
el ojo un serviola de imágenes –
y sin embargo: un silencio erguido, una piedra,
que rodea la escala del diablo.

La rosa de nadie, 1963. Traducción de José Luis Reina.

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Friedrich Hölderlin

Ruina de Eldena, de Caspar David Friedrich

La poesía del alemán Friedrich Hölderlin (1770-1845) expresa la aspiración a un mundo ideal, que es identificado con la Grecia clásica. Los poetas simbolistas admiraron la profundidad espiritual y el carácter intuitivo de sus versos.

A LOS JÓVENES POETAS

Mis queridos hermanos, quizá va a madurar
nuestro arte, tras un largo fermentar juvenil,
y llegará a lograr la calma de lo bello;
no dejéis la virtud, imitad a los griegos.

A los dioses amad, pensad en los mortales.
Ni ebriedad ni frialdad, ni descripción
ni lección; si os asusta algún maestro,
pedid sólo consejo a la naturaleza.

Traducción de Federico Bermúdez-Cañete.

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Ingeborg Bachmann

Mujer sentada, de Yosl Bergner

La poeta austriaca Ingeborg Bachmann (1926-1973) aborda en sus versos el tema de la amenaza existencial del individuo a través de la omnipotencia de la Historia. Los dos focos de su obra son el conocimiento poético del mundo y la visión nostálgica de los sueños de los hombres.

VOSOTRAS, PALABRAS

Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más, hacia ningún final.

No aclara.

La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No la digáis.

Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
–esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!

Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de manera diferente.

Dejad, digo, dejad.

Nada, digo yo, susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurra nada,
deja y sígueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos–

Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de sílabas, palabras de agonía.

¡Sin decir nada,
vosotras, palabras!

Poemas, 1957-1961. Traducción de Cecilia Dreymüller y Concha García.

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Bertolt Brecht

Leñador, de Franz Marc

La poesía de Bertolt Brecht (1898-1956) pretende, como su teatro, sacudir la conciencia del lector, y así, participar de la lucha por la emancipación social de la humanidad.

MALOS TIEMPOS PARA LA POESÍA

¡Vaya si lo sé! Sólo el feliz
está bien considerado. Su voz
se oye con gusto. Bonita es su cara.

El árbol contrahecho en la granja
es señal de suelo malo, pero
los transeúntes lo deniegan por contrahecho.
Por cierto: con razón.

Los brotes verdes y las velas alegres del Sund
no los veo. De todo,
lo único que veo son las redes rotas de los pescadores.

¿Por qué hablo sólo
de la labradora de cuarenta años que va encorvada?
Los pechos de las muchachas
dan calor como antaño.

En mi corazón una rima,
me parecería casi como una petulancia.

En mí se combaten la exaltación por un manzano en flor
y el terror a la palabrería del pintor de brocha gorda.
Pero sólo lo segundo me empuja a la mesa de escribir.

1938. Traducción de Hans Leopold Davi.

Gottfried Benn

Autorretrato como soldado, de Ernst Ludwig Kirchner

Gottfried Benn (1886-1956) es el más genuino representante del expresionismo alemán en poesía. Su obra, profundamente subjetiva, proyecta una visión cáustica de la vida humana, que se resume en envejecimiento, enfermedad y muerte.

VERSOS

Si alguna vez la divinidad, profunda e incognoscible,
resucitó en un ser y habló,
en versos fue, pues sin fin
rompía en ellos el tormento de los corazones;
hace tiempo que los corazones fluyen con la lejanía,
pero la estrofa corre de boca en boca,
resiste las luchas entre los pueblos
y sobrevive al poder y al pacto asesino.

Canciones también que una pequeña tribu cantó,
indios, yakis de palabra azteca,
hace mucho vencidos por la avaricia del hombre blanco,
perduran como calladas estrofas de los labriegos:
“Ven, hijito, ven, con el adorno de las siete espigas,
ven, hijito, ven, con collares y piedras de jade,
el dios del maíz clava en el campo el sistro,
para alimentarnos, y en ti se ha de cumplir el sacrificio.”

El gran murmurar a aquel que, habiendo hundido sus
barcazas prestó, uncido, al espíritu,
aspirar, expirar, apartar de un soplo -formas de respirar
de penitencias hindúes y de faquires-,
el gran yo mismo, el sueño omnímodo, puesto a todo aquel
en el corazón que callado se consagra,
se mantiene en salmos y en vedas,
hace escarnio de toda acción y resiste al tiempo.

Dos mundos que se tocan y se oponen,
solo el hombre es bajo cuando duda;
sin poder vivir del momento,
al momento se debe;
el poder se desvanece con la escoria de sus perfidias,
mientras que un verso construye los sueños de los pueblos
que a la bajeza los sustrae,
inmortalidad en las palabras y en los sones.

Poemas biográficos, 1941. Traducción de Arturo Parada.

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