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Poéticas – Literatura española – Barroco

Francisco Medrano

Magdalena penitente, de Francisco Zurbarán

La poesía del sevillano Francisco Medrano (1570-1607) se encuadra dentro de la escuela de Salamanca: la influencia de fray Luis de León es manifiesta en sus imitaciones y traducciones de Horacio y en la factura clásica de sus versos, alejados de la suntuosidad barroca.

SÉ QUE ALLÁ CORRE EL MUNDO ASAZ LIGERO…

SONETO I
A Hernando de Soria Galvarro.

Sé que allá corre el mundo asaz ligero
donde (fatal ministro de su muerte),
pródigamente ponzoñoso, vierte
más de dulzura el verso lisonjero.

Bien como a infante, pues, que sin entero
seso el remedio de su mal no advierte,
beba así el falso que a beber acierte,
felizmente engañado el verdadero.

Sólo aquél tocó el punto que, prudente,
con lo dulce templó lo provechoso.
(¿Y a quién fue Apolo, a quién, así clemente?)

Yo, Sorino, lo intento, cudicioso
del pro común; tú apruebas que lo intente:
suceso den los cielos venturoso.

Poesías líricas, 1606.

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Juan de Salinas y Castro

La vendedora de pescado, de Juan van der Hamen

El sevillano Juan de Salinas y Castro (1559-1643) escribió poemas burlescos, algunos bastante agresivos, y epigramas y letrillas en tono hedonista, completamente alejados de la gravedad propia de su condición sacerdotal. Participó de la polémica entre conceptistas y culteranos, atacando la artificiosidad del lenguaje gongorino.

AL NUEVO LENGUAJE CULTO

Cultísima elocución,
tú que de artículos huyes,
y en los conceptos incluyes
tinieblas de Faraón;
diabólica contajión,
que aun en las letras te pegas,
guarte del fuego si llegas
al castillo de Triana
seta hereje culterana,
pues los artículos niegas.

Esteban Manuel de Villegas

Primavera, de Francisco Barrera

El riojano Esteban Manuel de Villegas (1589-1669) publicó sus poesías en 1618 con el título de Eróticas o amatorias. Sus imitaciones de Anacreonte iniciaron una moda que tendría su apogeo en el siglo XVIII.

DE LA LIRA

Quiero cantar de Cadmo,
quiero cantar de Atridas:
mas ¡ay! que de amor solo
sólo canta mi lira.
Renuevo el instrumento,
las cuerdas mudo aprisa;
pero si yo de Alcides,
ella de amor suspira.
Pues, héroes valientes,
quedaos desde este día,
porque ya de amor solo
sólo canta mi lira.

Eróticas o amatorias, 1618.

Bartolomé Leonardo de Argensola

El juicio final, de Francisco Pacheco

El poeta oscense Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631) compuso canciones, epigramas, sátiras y epístolas morales, a la manera de Horacio, al que tradujo con su hermano Lupercio. Fue un defensor del clasicismo, frente al “estilo enigmático moderno” del Barroco.

YO VI UNA NINFA, QUE ENTRE ROSAS FUERA…

Yo vi una ninfa, que entre rosas fuera,
Guzmán, y entre jazmines blanca y lisa;
pero con metamórfosi improvisa
verde horror le ofuscó la tez primera.

Díjome: «Euterpe soy, que esta ribera,
que con sus flores céfiro divisa,
a mí, que aliento su nativa risa,
procura, ingrata, convertirme en fiera».

Si el Tormes, dije yo, mancilla, Euterpe,
tu lustre con escama tenebrosa,
¿quién se podrá quejar del Lago Averno?

¿Tú sólo ignoras, replicó la Diosa,
que el estilo enigmático moderno
es quien de ninfa me transforma en sierpe?

Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, 1634.

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Francisco Bances Candamo

Retrato de Doña Josefa Benavides, Marquesa de Villena, de Alonso Miguel de Tovar

El siguiente soneto, supuestamente de diferente autor, se incluye, sin embargo, en las tres ediciones de las Obras líricas del asturiano Francisco Bances Candamo (1662-1704), y es una sátira más del estilo culterano, al que no obstante se adscribe en gran parte su poesía.

HABIENDO LLEGADO A LA CORTE GRAN CANTIDAD DE POETAS CULTOS, LE ESCRIBIÓ ESTE SONETO UN AMIGO

Candamo, amigo, huyamos que en poetas
hierve Madrid. ¿A qué aguardáis? Huyamos
porque de presumidos de Candamos
fondo han dado en el Rastro cien carretas.

A Silveira y a Góngora varetas
ponen cazando voces sin reclamos
y a Mena y Garcilaso, nuestros amos,
las dulces liras vuelven en trompetas.

Salgamos luego y las penates musas
escondamos devotos en Batuecas
mientras que graznan aves tan confusas.

Salvemos nuestros usos y sus ruecas
porque si no, al tropel de garatusas
nos moriremos de dolor de muecas.

Obras líricas, 1720 (póstumo).