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Poéticas – Literatura española – Romanticismo y Realismo

Duque de Frías

Venus y Cupido, de José Ginés

La obra de Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel Frías, duque de Frías (1783-1851), se sitúa en el período de transición entre la poesía ilustrada y la romántica. Es poesía civil o de circunstancias, muy influida por la de su amigo Juan Nicasio Gallego.

MI MUSA Y MI CORAZÓN

A mi amigo D. Juan Nicasio Gallego
ROMANCE

Desde los añosos muros,
Y entre las torres feudales
Que fueron de mis abuelos
Solaz, mansión y baluarte;

Ofreciéndose a mi vista
Montes, villas y lugares
De los célebres Toledos,
De la gran Toledo alcaides;

Anhelo, mi caro amigo,
El que mis versos alcancen
La aprobación de las Musas,
La dicha de que te agraden.

Mas ¿cómo inflamar el estro
Que ilustra el canto del vate,
Cuando la mano resiste
Pulsar la lira süave,

Pues de mi antigua existencia
Sólo han venido a quedarme
Ambos ojos para el llanto,
El pecho para pesares?

Si para alegrar el mundo,
Luces vertiendo a millares,
Rompe el sol la noche umbría,
El sol para mí no nace.

Si con sus abiertas hojas
La rosa embalsama el aire;
Si desde el búcaro olores
Del clavel difunde el cáliz;

Si al rayar la blanca aurora,
Su canto ensayan las aves;
Si refleja el claro arroyo
Los vergeles de su margen;

Si del árbol de Minerva
Se puebla el monte y el valle;
Si entre blanco azahar brotada,
Luce la poma fragante;

Para mí naturaleza,
Con sus galas admirables,
Ni embelesa mis sentidos
Ni da consuelo a mis males.

Ya me desdeñan las Musas,
Y bien pueden desdeñarme:
Eco en mi numen no tienen
Las fabulosas deidades.

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Adelardo López de Ayala

El testamento de Isabel la Católica, de Eduardo Rosales

El sevillano Adelardo López de Ayala (1828-1879) alcanzó gran éxito como autor de comedias burguesas, dramas históricos y zarzuelas. Su poesía, escrita durante el auge del Realismo, resuelve la amargura y el desengaño romántico en irónica y filosófica sonrisa.

LA PLUMA

¡Pluma: cuando considero
los agravios y mercedes,
el mal y bien que tú puedes
causar en el mundo entero;
que un rasgo tuyo severo
puede matar a un tirano,
y que otro, torpe o liviano,
manchar puede un alma pura,
me estremezco de pavura
al alargarte la mano!

Sus mejores versos, 1828 (póstumo).

Manuel de Cabanyes

Visión satírica del juicio final, de Eugenio Lucas Velázquez

El barcelonés Manuel de Cabanyes (1808-1833) planteó una poesía de espíritu romántico desde un clasicismo formal y temático. Defendió la independencia moral del poeta y ensayó nuevos metros, imitando ritmos propios de la métrica latina.

LA INDEPENDENCIA DE LA POESÍA

Eu nunca consenti que a minha lyra
fosse lyra de cortes:
a verdad, a so unica verdade
soube inspirar-me o canto.
FRANCISCO MANOEL

Como una casta ruburosa virgen
se alza mi Musa, y tímida las cuerdas
pulsando de su arpa solitaria,
suelta la voz del canto.

¡Lejos, profanas gentes! No su acento
del placer muelle corruptor del alma
en ritmo candencioso hará suave
la funesta ponzoña,

¡Lejos, esclavos! Lejos: no sus gracias
cual vuestro honor trafícanse y se venden;
no en sangri-salpicados techos de oro
resonarán sus versos.

En pobre independencia, ni las iras
de los verdugos del pensar la espantan
de sierva a fuer; ni, meretriz impura,
vil metal la corrompe.

Fiera como los montes de su Patria,
galas desecha que maldad cobijan:
las cumbres vaga en desnudez honesta;
¡mas guay de quien la ultraje!

Sobre sus cantos la expresión del alma
vuela sin arte: números sonoros
desdeña y rima acorde; son sus versos
cual su espíritu, libres.

Duros son, mas son fuertes, son hidalgos
cual la espada del bueno: y nunca, nunca
tu noble faz con el rubor de oprobio
cubrirán, madre España,

cual del cisne de Ofanto los cantares
a la reina del mundo avergonzaron,
de su opresor con el infame elogio
sus cuitas acreciendo.

¡Hijo cruel, cantor ingrato! El cielo
le dio una lira mágica y el arte
de arrebatar a su placer las almas
y de arder los corazones;

le dio a los héroes celebrar mortales
y a las deidades del Olimpo… El eco
del Capitolio altivo aun los nombres,
que él despertó, tornaba,

del rompedor de pactos inhonestos
Régulo, de Camilo, el gran Paulo
de su alma heroica pródigo, y la muerte
de Catón generosa.

Mas cuando en el silencio de la noche
sobre lesbianas cuerdas ensayaba,
en nuevo son, del triunviro inhumano
la envilecida loa;

se oyó, se oyó (me lo revela el Genio)
tremenda voz de sombra invincada
que: ¡Maldito, gritó, maldito seas,
desertor de Filipos!

Tan blando acento y a la por tan torpe
tuyo había de ser, que el noble hierro
de la Patria en sus últimos instantes

lanzando feamente,

¡deshonor!, a tus pies, hijo de esclavo,
confiaste la salud: ¡maldito seas!
Y la terrible maldición las ondas

del Tíber murmuraban.

Preludios de mi lira, 1833.

Mariano José de Larra

Venus Anadiomene, de Antonio María Esquivel

La poesía de Mariano José de Larra (Madrid, 1809-1837) es continuadora  en gran medida de la lírica dieciochesca: Meléndez es el modelo de sus anacreónticas; Quintana o Lista, de sus odas filosóficas;  y Jovellanos o Moratín, de su Sátira contra los malos versos de circunstancias.

QUIERO CANTAR LAS LIDES…

ANACREÓNTICA

Quiero cantar las lides
en cítara entonada
sonando el eco horrendo
de fúnebres batallas.
Mas rebelde mi lira
cuando mi mano airada
la pulsa, a Fili bella,
sólo a mi Fili canta.
En balde, en balde quiero
las épocas pasadas
renovar en mi lira
y antiguas las hazañas.
Amor las cuerdas todas
sacude con sus alas
y obstinado celebra
la bella que le encanta.
En balde yo las cuerdas
ardiendo en ira y rabia
una y otra y mil veces
despechado mudara.
Sólo a la linda Fili
cuando yo la pulsaba,
sólo sus quince hermosos
amor con ella alaba.
Suena, pues, lira mía,
tus voces acordadas
hoy el natal de Fili
den a los ecos blandas.
Y al vibrarlas Favonio
vuele y con dulce calma
en su cabello de oro
deposite sus auras.
Vuele el amor a Fili
y entréguele su aljaba
y bullicioso juegue
en sus pomas de nácar.
Del tardo Manzanares
las ninfas y zagalas
cojan vistosas flores
y hagan de ellas guirnaldas.
Suenen, lira, tus cuerdas
en la fresca mañana
la rosa del capullo
arrojando sus gracias.
Volad, versos, a Fili,
y en premio suplicadla
que torne sus ojuelos
a mirarme apiadada,
y en tantos besos deje
que en su labio de grana
mi labio robe el fuego
que en su coral se guarda;
cual ve corderos blancos
pacer en la comarca,
y como tiene el prado
fragantes flores gayas;
como hebras blondas rizas
sobre su frente vagan
y deja el mar menudas
arenas en la playa;
como suspiros tiernos
por ella el pecho lanza,
como zagales bellos
se abrasan en su llama.

Poesías, 1829-1830.

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Gaspar Núñez de Arce

Los gladiadores, de José Moreno Carbonero

Para Gaspar Núñez de Arce (Valladolid 1834-1903), la poesía, para ser estimada, “debe pensar y sentir, reflejar las ideas y pasiones, dolores y alegrías de la sociedad en que vive”. Con un estilo retórico y grandilocuente, trató temas cívicos y filosóficos en sus versos.

LAS ARPAS MUDAS

La virgen poesía,
Huyendo de los hombres,
Se pierde en las profundas
Tinieblas de la noche.
Las arpas enmudecen,
Y el eco no responde
Sino a los broncos gritos
De cien revoluciones.

¡Ay! Cuando la tormenta
Cierne sus negras alas,
¡La tímida avecilla
Se oculta y tiembla y calla!
¿Qué valen sus gorjeos
Ante la voz airada
Del trueno, que retumba
En valles y montañas?

¡Qué cambio y qué contraste!
Ayer llenaba el mundo
La inspiración sublime
De Schiller, Byron y Hugo.
Hoy sobre nuestras almas,
Que envileció el tumulto,
Parece que gravita
La losa de un sepulcro.

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