Archivo de la categoría: Literatura española

Poéticas – Literatura española

Félix María de Samaniego

Entre los cultivadores de la fábula esópica en la Ilustración española, destaca el poeta alavés Félix María de Samaniego. Sus recreaciones formaron a generaciones enteras de escolares. Su poesía está presidida por la intención moral y la sencillez y claridad del estilo.

EL PARTO DE LOS MONTES

Con varios ademanes horrorosos
los Montes de parir dieron señales.
Consintieron los hombres temerosos
ver nacer los abortos más fatales.
Después que con bramidos espantosos
infundieron pavor a los mortales,
estos Montes, que al mundo estremecieron,
un Ratoncillo fue lo que parieron.
Hay autores, que en voces misteriosas,
estilo fanfarrón y campanudo,
nos anuncian ideas portentosas;
pero suele a menudo
ser el gran parto de su pensamiento,
después de tanto ruido, sólo viento.

Fábulas en verso castellano, Libro II, 1781.

Seguir leyendo Félix María de Samaniego

Guillén de Castro

El escritor valenciano Guillén de Castro (1569-1631) contribuyó, junto a autores como Lope de Vega y Tirso de Molina, a la creación y el éxito de una novedosa fórmula dramática: la comedia nueva. En algunas de sus obras, se pueden espigar declaraciones metapoéticas.

ESTE PAPEL TENGO ESCRITO…

Este papel tengo escrito,
desta noche imaginado,
donde pinto mi cuidado
y mis glorias solicito.

En versos doy a entender
las penas que estoy pasando;
que un enamorado
¿cuándo poeta dejó de ser?

Porque es de melancolía,
y de amor, proprios efetos,
y es oficio de discretos
el amor y la poesía.

Bien que entiendo, apruebo y toco
que locos les llama el mundo,
pero ¿qué ingenio profundo
no tiene punta de loco?

¿Con quién podría enviallos?
Que los versos tienen esto:
que si no se logran presto,
da poco gusto el lograllos.

Los malcasados de Valencia, 1608. Monólogo de Valerián.

Yolanda Castaño

Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977), poeta bilingüe en gallego y en castellano,  concibe la poesía como una forma de búsqueda de la propia identidad y del lugar en el mundo, a través de cuidadas imágenes y la incorporación al poema de elementos de otros géneros, como el aforismo, el diario, el teatro, la carta…

LA POESÍA ES UNA LENGUA MINORIZADA

Comenzaría por el espesor. Su acidez, su ph.

Camina igual que una mujer:
entre la masacre de lo invisible
y el campo de concentración de la visibilidad.

Ladra estilo y final,
una épica hospitalaria.

En el poema el lenguaje
se hace oídos sordos a sí mismo,
en él las palabras amplían
su círculo de amistades.

Hay que masturbar el abecedario
hasta que balbucee cosas
aparentemente inconexas.

Caja de cambios del habla,
gestos de otro orden.
La sonrisa del mosquito dentro de la piedra de ámbar.

No se trata de que no comprendas árabe.
No entiendes

poesía.

La segunda lengua, 2014. Traducción de la autora.

Seguir leyendo Yolanda Castaño

Augusto Ferrán

Augusto Ferrán (Madrid, 1835-1880) escribió cantares de imitación popular, sobre el amor, el paso del tiempo, la búsqueda de la soledad… Mostró preferencia por la copla, aunque también escribió soleás y seguidillas.

LAS FATIGAS QUE SE CANTAN…

Las fatigas que se cantan
son las fatigas más grandes,
porque se cantan llorando
y las lágrimas no salen.

La soledad, I, 1860.

Seguir leyendo Augusto Ferrán

Eduardo García

Eduardo García (1965-2016), poeta español nacido en São Paulo, apuesta por “una poesía fronteriza entre lo realista y lo visionario”: sentimiento, conciencia y sueño se entremezclan en sus versos, deudores de la gran tradición simbolista-surrealista.

LA PALABRA

Escribir un poema es pedirle el teléfono a una desconocida,
arrancarle una hoja a un árbol extraviado en un jardín con vistas al futuro
o jugar con palabras a la ruleta rusa,
una vez iniciada la partida no hay vuelta atrás,
según gira el tambor uno empieza a sospechar que le aguarda un cartucho en la recámara,
ni ángeles ni demonios, lo cierto es que a las palabras las carga el diablo,
aunque nunca se sabe, es difícil aventurar un pronóstico cuando el desierto de la página parece cobrar vida,
no hay reserva que valga, es preciso escribir con las manos tendidas al vacío, como el ciego se interna en la espesura,
convocar a las sirenas y a los equilibristas, desterrar a geómetras, jerarcas y contables,
de poco vale la voz de la experiencia cuando salimos al encuentro de una serpiente de cascabel,
solo cabe esperar el eco de la piedra precipitándose en el pozo,
allí donde se atasca el percutor, donde rechinan los dientes del insomne, donde los gatos sueñan con aves del paraíso,
imposible sortear las inclemencias del lenguaje, escapar al rigor del cirujano,
ensayan los cronistas el arte del disfraz, la grácil pirueta, los juegos malabares,
pero al final las palabras les dejan en cueros como a todos,
palidecen de pronto al descubrir que todos los discursos eruditos no valen la pestaña de una adolescente,
que por el hueco de una cuchilla de afeitar bien puede deslizarse el duende de la infancia,
es mejor acercarse al papel sin planos ni estrategia, aguardar a que él mismo nos revele su secreto,
atender a su llamada, la voz de un viejo amigo, al otro lado del auricular, desde un país remoto,
permanecer a la escucha con la fiebre y la piel y los sentidos, las sigilosas ascuas, los húmeros calientes,
hasta que la mano empiece a derramarse, presenciar
el liviano crujir del bolígrafo como si de la respiración de un moribundo se tratara,
la esperanza en la punta de la lengua, el aliento en vilo como el niño al contemplar la cabeza del domador entre las fauces del tigre,
al fin y al cabo somos a un tiempo el lanzador de cuchillos y la chica que inmóvil ve clavarse certeros los filos a orillas de su piel,
con la palabra no hay trampa ni cartón, ni es prodigio al alcance del simple ilusionista,
todo sucede en el cuadrilátero de la página, pero no hay árbitro, ni campana que dé fin al combate,
el contrincante se aloja en nuestros huesos.

Duermevela, 2014.

Seguir leyendo Eduardo García