Archivo de la etiqueta: poesía de la experiencia

Benjamín Prado

Escalera, de Virginia Lasheras

La poesía del madrileño Benjamín Prado (1961), forjada en el ambiente granadino de la otra sentimentalidad, se caracteriza por su brillantez ingeniosa, su carácter narrativo y el gusto por la enumeración culturalista. La reflexión metapoética, la denuncia ecológica y política, los homenajes a los poetas y los músicos queridos son constantes temáticas de su poesía.

ROTO

Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
–Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.

Todos nosotros, 1998.

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Jon Juaristi

Payaso, de Lita Cabellut

La poesía de Jon Juaristi (Bilbao, 1951) se caracteriza por su carácter urbano, la proyección de experiencias íntimas, ficticias o ajenas, la intertextualidad y la ironía. También por su densidad conceptual: no en vano, Juaristi pretende que sus poemas sean como ilustraciones o glosas de las ideas expuestas en sus libros de pensamiento.

MATERIAL DE DERRIBO

(Para una poética)

Un pozo negro en la memoria.
Las calles del querido y puerco Vinagrado.
Tristeza de la carne y haber leído todos los libros necesarios.
Y en las contadas horas en que con otros cuerpos
desisto de mí mismo,
un poco de erotismo.

Diario de un poeta recién cansado, 1985.

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José Antonio Mesa Toré

P de Pintura, de Roberto González Fernández

José Antonio Mesa Toré (Málaga, 1963) muestra especial predilección por la rememoración melancólica de episodios autobiográficos y el empleo del endecasílabo.

POÉTICA

Un joven, pensativo, mira el cielo,
paréntesis de luz en el afán estéril
de capturar el tono de la vida en un verso.
Han pasado los años con la prisa
del asesino por borrar las huellas
y el viento y las aguas huidizas se han llevado
la inocencia, las manos que en la noche
disponían los límites del sueño.
Todavía le quedan unas cuantas reliquias:
varios libros firmados, los diplomas
escolares y vanos que afean las paredes
y las cartas que desde la tardanza
le enviara una novia desdeñosa.
No sabe bien si el tiempo se recobra o se pierde
y acaso –piensa ahora– en esa duda
esté la madurez. Ya no es tan joven
como para ingresar en las antologías
del ramo, aunque le sigan
diciendo las visitas que es muy listo,
acepta en la bonanza de la tarde
que malgastó las horas persiguiendo fantasmas
entre la densa niebla de los folios.
Y con los ojos húmedos, cansado,
mientras a sus espaldas el cielo se oscurece,
regresa a su cuaderno: Un joven, pensativo

El amigo imaginario, 1991.

Javier Egea

Los hermanos Quintero, de Daniel Quintero

Javier Egea (Granada, 1952-1999) es uno de los fundadores de la corriente literaria conocida como La otra sentimentalidad, caracterizada por su compromiso político de izquierdas y por el distanciamiento de la experiencia personal. Fue el brote más llamativo de la llamada poesía de la experiencia.

POÉTICA

A Aurora de Albornoz
Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Vino primero frívola –yo niño con ojeras–
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.

Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchase su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.

Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.

Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad.

La otra sentimentalidad, 1983.

Javier Salvago

El Ocaso. Gilgamesh VIII, de Alfonso Albacete

En la poesía del sevillano Javier Salvago (1950) se produce un distanciamiento del culteralismo de los años 70 mediante el uso de la ironía, la parodia y el tono coloquial. El paso del tiempo que no perdona, la estafa de la vida y la evocación del paraíso perdido de la infancia son algunos de sus temas.

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE MANUEL MACHADO

El médico me manda no escribir más. Al menos,
me pide que no ponga sobre la llaga el dedo,
que deje de arañarme por dentro como un gato
y, de escribir, que escriba con menos entusiasmo,
que me ande por las ramas –mejor, que fantasee
lo mismo que hacen otros–, que llene las paredes
de tapices, el suelo de mullidas alfombras
y dedique a Venecia y a Pisa algunas odas.
En suma, que no saque mis trapos a la calle
–si por trapos se entienden ciertas intimidades–
y que aprenda a ser pulcro, discreto y decadente
como algunos colegas bastante transigentes.
Total, para que el sueño me otorgue sus blanduras,
imitaré a la grey que aspira a ser oscura.
En un curso intensivo, me aprenderé los nombres
de cuantas telas haya y de todas las flores.
Celebraré los fastos, la gloria, la grandeza
de alguna corte antigua –mejor de ser siniestra–
y afinaré las cuerdas de mi rudo instrumento
para que en adelante suene a Renacimiento.
Si por alguna causa se me agotara el tema
siempre habrá alguna moda, liviana y pasajera,
algo que nos devuelva el sabor del pasado
o su olor, cuando menos, discretamente rancio.
Así que por la paz de un reposo perfecto
–con tal de que no deje testimonio del tiempo
que me tocó vivir–, todo vale. De acuerdo.

En la perfecta edad, 1982.

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