Archivo de la etiqueta: Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda

Juan Gelman

Chacareros, de Juan Carlos Castagnino

La poesía de Juan Gelman (Argentina, 1930-2014), narrativa y coloquial, comprometida y renovadora, está cargada de ternura e ironía, de dolor y violencia. Abierta a los más diversos registros (el habla familiar o infantil, el lenguaje del tango, la poesía mística, el sefardí…), pretende dar cuenta del vivir entero con sus fracturas, sus quiebres y fronteras.

¡QUIÉN PUDIERA AGARRARTE POR LA COLA…!

¡Quién pudiera agarrarte por la cola
magiafantasmanieblapoesía!
¡Acostarse contigo una vez sola
y después enterrar esta manía!
¡Quién pudiera agarrarte por la cola!

Violín y otras cuestiones, 1949-1956.

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Fina García Marruz

Cuatro mujeres en azul, fondo naranja, de Cundo Bermúdez

La poesía de la cubana Fina García Marruz (1923), miembro destacado del grupo Orígenes, se centra en tres temas fundamentales: lo cubano, la memoria y la religiosidad católica. Su poesía es una indagación en los valores culturales y éticos universales.

SI MIS POEMAS…

Si mis poemas todos se perdiesen
la pequeña verdad que en ellos brilla
permanecería igual en alguna piedra gris
junto al agua, o en una verde yerba.

Si los poemas todos se perdiesen
el fuego seguiría nombrándolos sin fin
limpios de toda escoria, y la eterna poesía
volvería bramando, otra vez, con las albas.

Visitaciones, 1970.

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José Emilio Pacheco

De la serie Zoología mental, de Rodolfo Nieto

La poesía del mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) es una reflexión, entre crítica e irónica, sobre la condición humana. El paso del tiempo, la historia y sus atrocidades, el mundo y sus desasosiegos, la magia que surge de lo cotidiano… son temas frecuentados por él.

ES HOGUERA EL POEMA…

Es hoguera el poema
y no perdura

Hoja al viento
tal vez
También tristísima
Inmóvil ya
desierta
hasta que el fuego
renazca en su interior

Cada poema
epitafio del fuego
cárcel
llama
hasta caer
en el silencio en llamas

Hoja al viento
tristísima
la hoguera

El reposo del fuego, 1963-64.

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Ernesto Cardenal

Dos bañistas en los rápidos, de Armando Morales

La poesía en Ernesto Cardenal (1925), político y sacerdote nicaragüense, próximo a la teología de la liberación, se vuelve ensayo en el sentido en que se usa para la difusión de ideas políticas, económicas y religiosas. Es una poesía comprometida con la realidad social latinoamericana, que hace uso de los recursos tradicionalmente considerados más propios de la prosa, como el lenguaje conversacional.

TE DOY, CLAUDIA, ESTOS VERSOS, PORQUE TÚ ERES SU DUEÑA…

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica…
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.

Epigramas, 1961.

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Nicanor Parra

Artefacto visual, de Nicanor Parra

La poesía del chileno Nicanor Parra (1914), deliberadamente coloquial, es un ataque provocativo a las instituciones, tradiciones e ideologías políticas, religiosas y estéticas del siglo XX.

ADVERTENCIA AL LECTOR

El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos:
Aunque le pese.
El lector tendrá que darse siempre por satisfecho.
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de la Santísima Trinidad
¿Respondió acaso de su herejía?
Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En qué forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!

Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.
Sillas y mesas sí que figuran a granel,
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.

Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:
Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri della luna.

Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
«¡Las risas de este libro son falsas!», argumentarán mis detractores
«Sus lágrimas, ¡artificiales!»
«En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza»
«Se patalea como un niño de pecho»
«El autor se da a entender a estornudos»
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.

«¿A qué molestar al público entonces?», se preguntarán los amigos lectores:
«Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!»
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.

Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!

Poemas y antipoemas, 1954.

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