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Fernando de Herrera

El caballero de la mano en el pecho, de El Greco

El sevillano Fernando de Herrera (1534-1597) es una de las cumbres de la lírica del siglo XVI, tanto en la poesía heroica, como en la amorosa, donde ofrece una delicada elaboración de temas petrarquistas.

SUAVE FILOMENA, QUE TU LLANTO…

SONETO XXVIII

Suave Filomena, que tu llanto
descubres al sereno i limpio cielo:
si lamentaras tú mi desconsuelo,
o si tuviera yo tu dulce canto,

yo prometiera a mis trabajos tanto,
qu’esperara al dolor algún consuelo,
i se movieran d’amoroso zelo
los bellos ojos cuya lumbre canto.

Mas tú, con la voz dulce i armonía,
cantas tu afrenta i bárbaros despojos;
yo lloro mayor daño en son quexoso.

O haga el cielo qu’en la pena mía
tu voz suene, o yo cante mis enojos
buelto en ti, russeñol blando i lloroso.

Algunas obras de Fernando de Herrera, 1582.

Gutierre de Cetina

Mujer desconocida, de Alonso Sánchez Coello

Gutierre de Cetina (h. 1514-h. 1554), poeta del Renacimiento español, escribió bajo la influencia de Ausías March, Petrarca y otros escritores italianos. El tema de la mirada y la belleza de los ojos le procuró algunas de sus composiciones más famosas.

ALMA DEL ALMA MÍA, ARDOR MÁS VIVO…

Alma del alma mía, ardor más vivo,
extremo de beldad única y rara,
ejemplo de valor por quien tan cara
la vida me es, de que antes era esquivo.

Fuera el decir cómo el concepto altivo
¡oh mi musa cruel!, menos avara
viérades, si en el mundo se os mostrara
cuanto de vos dentro del alma escribo.

Mas, ¿qué puedo hacer si amor me inspira?:
cantar vuestro valor alto y divino
al son desta vulgar, rústica lira.

No saber más mis versos de un camino:
esto me dicta aquél que a amar me tira,
por pensada elección, no por destino.
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Baltasar de Alcázar

Ángel músico, de Juan de Orea

El poeta sevillano Baltasar del Alcázar (1530-1606) escribió sonetos petrarquistas y religiosos, pero destacó en el cultivo de la poesía satírico-burlesca, en epigramas y canciones octosilábicas.

YO ACUERDO REVELAROS UN SECRETO…

Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en este siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.

Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga
que van fuera ocho versos del soneto.

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado,
que teniendo el soneto ya en la boca
y el orden de decillo ya estudiado,

conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.

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Edmund Spenser

Tres niñas, de un seguidor de William Larkin

Edmund Spenser (1552?-1599) es, tras Wyatt y Surrey, el tercer gran eslabón en la consolidación del soneto en la poesía inglesa. Su obra muestra los ideales caballerescos, la condición sublime del hecho religioso y el amor como voluntad salvadora.

FELICES VOSOTRAS HOJAS, CUANDO ESAS MANOS DE LIRIO…

Felices vosotras hojas, cuando esas manos de lirio,
que sostienen mi vida con su poder de causar muerte,
os cojan y os ciñan con las bandas suaves del amor,
como a cautivos que ante el vencedor tiemblan.

Y felices versos, a los que con luz de estrellas,
esos ojos de lámpara a veces se dignen mirar
y leer las penas de mi espíritu angustiado,
escritas con lágrimas en el cerrado libro del corazón sangrante.

Y felices rimas bañadas en el sagrado arroyo,
del Helicón de donde brota,
cuando contemples esa bendita mirada de mi Ángel,
a mi alma largo tiempo le faltó alimento, a mi cielo júbilo.

Hojas, versos y rimas, buscan agradar tan sólo a ella,
pues si a ti te agradan, por nadie más cuidados tengo.

Amoretti, 1595. Traducción de Santiago González.

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Louise Labé

Dama en el baño, de François Clouet

Louise Labé (1525-1566), conocida con el sobrenombre de la Belle Cordière, es una de las más importantes figuras de la lírica renacentista francesa. Ovidio y Petrarca son sus principales modelos. Su obra consta de un Debate entre la locura y el amor, tres Elegías y veinticuatro Sonetos.

OH TÚ LAÚD, AMIGO EN DESVENTURA…

Oh tú laúd, amigo en desventura,
de mis suspiros, prueba fehaciente,
de mis afanes, dúctil confidente,
a menudo rimaste mi incordura:

y tanto el llanto urgía tu mesura,
que apenas en la boca un canto ardiente,
lo tornabas endecha de repente,
tono mayor trocado en amargura.

Pues de insistir, celoso, en lo contrario,
al silencio me obligas arbitrario:
mas viendo a mi ternura suspirar,

dando cabida a tristes letanías:
al goce de tormentos me ceñías,
y a dulce mal, un dulce fin buscar.

Sonetos, XII, 1555. Traducción de María Negroni.

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