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Paul Verlaine

Ariadna y Teseo, de Gustave Moreau

Paul Verlaine (1844-1896), una de las máximas figuras del simbolismo francés, destacó por su lenguaje musical y sugerente.  Su obra refleja las turbulencias de una vida bohemia e intensa.

ARTE POÉTICA

Prefiere la música a toda otra cosa,
persigue la sílaba impar, imprecisa,
más ágil y más soluble en la brisa,
que –libre de lastre– ni pesa ni posa.

Que vuestra palabra tenga un indeciso
y equívoco paso, si lo decidís.
Nada más hermoso que la canción gris,
donde lo indeciso se une a lo preciso.

Detrás de los velos, las miradas bellas.
En el mediodía, una luz que oscila.
Un cielo de otoño templado perfila
un confuso azul de claras estrellas.

Matiz, claroscuro, veladura sola.
Nada de color. Sólo los matices.
El matiz compone parejas felices
entre sueño y sueño, entre flauta y viola.

Aleja de ti la punta asesina,
la gracia cruel y el rictus de hielo,
que harían llorar los ojos del cielo
con todo ese ajo de mala cocina.

Coge la retórica y amordázala.
Sujeta la rima, y dale sentido
a esa carambola de vano sonido,
que, si la dejamos, ¿hasta dónde irá?

¡Ah, la sinrazón de la pobre rima!
¿Qué párvulo sordo, qué negro mochales,
nos forjó esa joya de cuatro reales
que suena a oropel hueco con la lima?

La música siempre, y en tono menor.
Que tu verso sea fugaz y suave,
sutil y ligero, como vuelo de ave
que busca otros cielos y otro nuevo amor.

Que tu verso sea la buena ventura
esparcida al aire de la madrugada,
que huele a tomillo y a menta granada…
Todo lo demás es literatura.

Antaño y hogaño, 1884. Traducción de Esteban Torre.

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João Cruz e Souza

Juventud, de Eliseu Visconti

João Cruz e Souza (1862-1898) está considerado como la principal figura del movimiento simbolista en Brasil. Hijo de padres esclavos, expresó en sus poemas su rechazo a los prejuicios raciales. Su lenguaje, musical, está lleno de imágenes sugerentes y misteriosas.

SUPREMO VERBO

–«Ve, peregrino del camino santo;
haz de tu alma lámpara de ciego;
paso tras paso, alumbra con tu fuego
los invisibles páramos del llanto.

He aquí de amor el cáliz sacrosanto.
Bebe feliz; en tu poder lo entrego.
Es el hijo leal; de él no reniego,
lo defiendo en los pliegues de mi manto.»

Así al poeta le habla la Natura,
mientras él se estremece a su voz pura,
trasfigurado de emoción, sonriendo;

sonriendo a cielos que se van mostrando,
a mundos que se van multiplicando,
a puertas de oro que se van abriendo.

Últimos sonetos, 1905. Traducción de Felipe B. Pedraza.

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José Asunción Silva

El tren de las cinco, de Ricardo Borrero Álvarez

El colombiano José Asunción Silva (1865-1896) es, entre los poetas de la primera generación del Modernismo, el que más se adentra en el ámbito del simbolismo. De ahí su gusto por la expresión misteriosa, vaga, sugerente y de cadenciosa musicalidad. Otros rasgos de su poesía son la obsesión por el tiempo, el recuerdo y la muerte, y el tono elegíaco.

ARS

El verso es un vaso santo; ¡poned en él tan sólo,
un pensamiento puro,
en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes,
¡como burbujas de oro de un viejo vino oscuro!

Allí verted las flores que en la continua lucha
ajó del mundo el frío,
recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven,
y nardos empapados de gotas de rocío.

Para que la existencia mísera se embalsame
cual de una esencia ignota,
quemándose en el fuego del alma enternecida,
de aquel supremo bálsamo basta una sola gota.

El libro de versos, 1891-1896.

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Charles Baudelaire

Hombre joven junto al mar, de Hippolyte Flandrin

El francés Charles Baudelaire (1821-1867) está considerado como el fundador de la poesía moderna y el gran precursor del simbolismo. Su obra Las flores del mal, censurada y perseguida en su tiempo por  inmoral, es el primer libro de poesía urbana de la literatura europea.

ALBATROS

Por divertirse, a veces cazan los marineros
albatros, altas aves de los cielos marinos,
que siguen, indolentes y fieles compañeros,
a las naves que surcan los amargos caminos.

Esos reyes del aire, presos en las cubiertas,
apenas si consiguen caminar, y los vemos
arrastrando sus grandes, blancas alas, abiertas,
tímida y torpemente, como si fueran remos.

¡Qué desmañada y débil, alada criatura,
antes bella, y ahora tan ridícula y fea!
El uno, cojeando, remeda su figura;
el otro, con su pipa, el pico le golpea.

El poeta, a ese príncipe de las nubes, que habita
libre en la tempestad, del todo es semejante;
exiliado en la tierra, entre el vulgo que grita,
le impiden caminar sus alas de gigante.

Las flores del mal, 1857. Traducción de Esteban Torre.

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